Tiene la palabra
«Dar por el pito, más de lo que el pito vale»
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* El 30 de julio de 2007, el diario LA REPUBLICA (pág. 11) publicó una nota del convencional del Partido Nacional Leopoldo Amondarain titulada: «Ojo a la pala», título que, de por sí significa una inmoral bofetada a la sensibilidad de la sociedad uruguaya y en especial a los que con justicia y con dolor, intentan recobrar los restos de sus seres queridos, torturados y masacrados por los que, pisoteando la Constitución integraron lo que fue la criminal dictadura cívico-militar, que asoló nuestro país.
Esta nota provocó un aluvión de enconadas respuestas de los lectores, que a su vez motivaron las consecuentes réplicas del convencional del Partido Nacional.
Todo esto está muy bien. Es saludable. Es básico que en una democracia como la nuestra convivan opiniones y posiciones contrapuestas y estas, puedan ejercitar la libre expresión de sus ideas, aunque estas sean como las que esgrime el convencional de marras.
Amondarain comienza su nota analizando las características de una guerra e inmediatamente nos habla de la existencia de «canilla libre» para la represión, la tortura, el asesinato, etc. considerando que esto es normal en toda guerra.
Luego justifica las acciones del Ejército diciendo, que fue llamado por la mayoría del Parlamento de la época. Es cierto, el Ejército fue llamado e instalado en el gobierno por los representantes de su partido, el Partido Nacional en sintonía, como siempre con el Partido Colorado.
Señala luego con emoción a los «cuatro soldados que hacían guardia en la casa del comandante en jefe», ignorando en forma perversa las persecuciones, las torturas, las violaciones, los asesinatos cometidos por la dictadura cívico-militar.
Termina Amondarain su nota, con una explícita amenaza diciendo: «parar la mano antes que se puedan repetir excesos similares» (a estos crímenes Amondarain los llama excesos), y redondea su nota recomendando: «Moderemos prudentemente la pala», refiriéndose con la «pala» en una inaceptable burla y despectivamente a la sagrada labor que efectúan los arqueólogos en su delicada y respetuosa búsqueda de los restos de los desaparecidos.
Evidentemente Amondarain, con su perverso pensamiento no ha padecido ningún tipo de persecuciones o vejaciones durante la dictadura, pienso que por el contrario disfrutó estando en la misma trinchera de los civiles que acompañaron y aplaudieron la dictadura.
A pesar de todo, creo que Amondarain es coherente en su pensamiento, con sus referentes de su partido, y si el Dr. Fasano me lo permite, transitaré con algunos ejemplos, los que pienso son referentes de Amondarain.
Comenzaré por el Dr. Luis Alberto de Herrera admirador de Hitler y Mussolini, basta leer para comprobarlo, sus editoriales del diario oficial de su partido, «El Debate», además era integrante como simpatizante extranjero de la falange de Francisco Franco, admirador de Stroesner, dictador paraguayo, socio de la dictadura de Terra y de cuanta dictadura pululaba por América Latina.
Seguimos con el número dos del Partido Nacional de la época, eterno compañero de fórmula presidencial de Herrera, nos referimos al Dr. Martín
Recaredo Etchegoyen, presidente designado a dedo, del Consejo de Estado de la dictadura subversiva del 73.
Podemos mencionar también al Dr. Aparicio Méndez, secretario privado de Wilson Ferreira Aldunate, integrante del «Honorable» Directorio del Partido Nacional (siempre quise saber, por qué a la junta que dirige al Partido Nacional se le llama «Honorable», y nadie me lo supo explicar, quizás Amondarain aproveche esta oportunidad para hacerlo), el Dr. Aparicio Méndez culminó su carrera como presidente títere de la dictadura.
Tenemos también integrado el Partido Nacional, al grupo neonazi J.R.N., creo que esta sigla significa «Juventud Renovadora Nacionalista», que acompañaba al senador Abreu en las últimas elecciones, como lo decían las pintadas en los muros: «J.R.N. con Abreu».
Seguimos con el intendente de San José Dr. Chiruchi, futuro precandidato presidencial del Partido Nacional, fiel servidor de la dictadura, pues fue uno de los pocos intendentes civiles en los que confió la dictadura (Amondarain afirma que luego en democracia Chiruchi ganó por aplanadora, no lo niego, por supuesto, la franja de ciudadanos partidarios de la dictadura lo ha votado y lo votará con seguridad, son demasiados los militares y sus respectivas familias que lo votaron, y por lo visto estos son muchos en San José; también podrían mencionar al dictador Bordaberry, que si bien terminó su carrera política como colorado, se recordará que sus inicios fueron siendo senador por el Partido Nacional, por ello lo llamaban rabanito, colorado por fuera y blanco por dentro; también tenemos a Braga, Grenno y Cambón, procesados con prisión, al Gral. Aguerrondo, al Dr. Alberto Gallinal, a Cristina Maeso, a Payssé y su larga lista de «¡blancos como güeso de bagual, carajo!», pero también genuflexos ante la dictadura.
Así podría seguir y seguir ad infinitum, pero temo que esta nota sea muy larga y el Dr. Fasano no admita su publicación.
Me pregunto ¿será tan fácil ser convencional de un partido que se supone democrático, que permite que alguien con ideas aberrantes, lo sea?, o ¿será que al Partido Nacional le interesa que se mezcle alguien que rastrille votos en una franja antidemocrática de neonazis y fascistas? Quién lo sabe… aunque lo suponemos.
Por ello lo del título: estamos dando más por el pito de lo que el pito vale.
JULIO W. CIEMMA – C.I. 664.914-7
Precisiones del contralmirante (r) Lebel
Señor Director de LA REPUBLICA
Doctor Federico Fasano Mertens
En el suplemento La historia reciente, de fecha 3 de setiembre de 2007, en las páginas centrales figura la transcripción de una entrevista que me hiciera el periodista Santiago Tricánico, para su libro «Comunicados 4 y 7″, que fuera presentado en noviembre del año 2006 en la Biblioteca Nacional. Debo confesar que no había leído el libro de Tricánico, hasta el día 10 de los corrientes a raíz del drama familiar por el asesinato de uno de mis nietos.
Recién en ese momento, me enteré (para mi sorpresa) que el autor que es mi amigo en aras del entusiasmo periodístico, en la página 93, bajo el subtítulo «Cuando algunos traidores no pudieron más que unos cuantos leales» pone en mi boca calificativos que nunca dije y nombres que jamás mencioné. Debo pues enfatizar:
Primero, que no acostumbro agraviar. Segundo, que algunos de los colegas allí citados, tienen hijos que son oficiales de la Armada. Muchachos a quienes aprecio, que fueron alumnos de mis propios hijos. Y sabido es, que el almirante (retirado) Oscar Lebel, se cortará la mano antes de lastimar a un joven oficial, que o no había nacido, o era un niño cuando comenzó el período de dictadura militar.
No discuto al redactor del suplemento el derecho de poner el encabezado que quiera, con el tamaño de letra que más le agrade. Pero, en este caso, con letras de molde, el encabezado, es una cuota parte de los «calificativos y nombres que nunca dije». Lo que tergiversa el contexto de una entrevista, a la que me presté, para poner históricamente las cosas en su lugar y no para lastimar a mis jóvenes colegas. Aún así a ellos pido disculpas.
CONTRALMIRANTE – (R) OSCAR LEBEL
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