La continuidad de la política económica
El reciente informe del Presidente de la República mostró cifras impactantes de mejoras económicas y sociales logradas en la primera mitad del gobierno del Frente Amplio. En la base de estas mejoras significativas como las del empleo y el salario real, o a través del descenso de la mortalidad infantil, de la pobreza y de la indigencia se encuentra el elevado crecimiento económico en los últimos cuatro años. Los altos aumentos del producto bruto interno derivan de factores exógenos, como los elevados niveles de los precios internacionales de los productos de exportación, el crecimiento del sector de la construcción con financiamiento externo y la confianza y credibilidad que generan el Presidente de la República y el equipo económico en los agentes económicos.
La exposición del Presidente ha marcado que no habrá cambios en la política económica del gobierno. Este es un concepto muy amplio que abarca diversos aspectos, como las clásicas políticas macroeconómicas de corto plazo la monetaria, crediticia, cambiaria y fiscal pero también la de precios, tarifas y salarios, las de comercio exterior, la de endeudamiento en moneda extranjera, las vinculadas a aspectos laborales como la negociación colectiva y los Consejos de Salarios. También incluye el Plan de Emergencia Social y el Plan de Equidad, así como el endeudamiento interno, la política de tierras o los cambios de propiedad en relevantes rubros de la exportación.
Para la aplicación de este conjunto de instrumentos de política económica conviven formas de implementación ortodoxas y heterodoxas. La ortodoxia la definimos por elementos que surgen de la ideología neoliberal, de las recetas del FMI y de las calificadoras de riesgo, cuyas ideas tienen predominio en el mercado financiero internacional. Podrían considerarse como heterodoxos los planes de emergencia social y de equidad social, las políticas de tarifas y salarios, las negociaciones colectivas, los Consejos de Salarios y la búsqueda de acuerdos sociales que han permitido un mayor equilibrio en las relaciones capital-trabajo. Hubo otras aplicaciones heterodoxas, entre las que destacan los mecanismos utilizados para resolver el problema del endeudamiento interno del sector agropecuario.
En el tema de la deuda en moneda extranjera se ha conseguido un positivo alargamiento de los plazos, aunque la deuda bruta y sus respectivos intereses siguen creciendo.
En las políticas de corto plazo se priorizaron claramente dos objetivos: el mejor relacionamiento posible con el mercado financiero internacional garantizando el estricto cumplimiento del pago de los servicios de la deuda y la atención prioritaria de la estabilización de precios. Asegurando ambos objetivos se supone que el sector privado y el mercado van a lograr el crecimiento y la mejora del empleo, por lo que no se requeriría otra intervención del Estado a través de políticas activas, sectoriales y selectivas que podrían ser necesarias para el Uruguay productivo.
En estos días hubo incrementos de precios internos que acapararon los titulares de los medios de comunicación. El diagnóstico del equipo económico, a nuestro entender, es correcto. Por una parte hay una inflación de costos derivada de los aumentos de los precios internacionales de la carne, los combustibles y los derivados del trigo que influyeron decisivamente en el aumento de los precios de consumo. Por otro lado, el incremento de los precios de las verduras por restricciones de la oferta derivadas de problemas climáticos, sólo se puede subsanar con un adecuado y oportuno aumento de las importaciones de dichos bienes hasta que se normalicen las condiciones internas. El impacto del aumento de los precios internacionales debería analizarse rubro por rubro, buscando medidas tributarias y acuerdos con las empresas que influyen en la determinación de dichos precios. El lunes se anunciaron nuevas medidas, como reducción de tarifas y eliminación transitoria o permanente de algunos impuestos. Eso significa atacar correctamente la inflación de costos. Compartimos la visión de que estos aumentos de precios no son consecuencia de incrementos de demanda por la vía del gasto público ni por la reforma tributaria ni por elementos de expansión monetaria. No compartimos acciones ortodoxas por parte del Banco Central que nada tienen que ver con el aumento de precios internos. No estamos en un proceso preocupante de inflación. Nos mantenemos dentro de un dígito, lo que resulta muy positivo y controlable. Aumentar la tasa de interés en una economía muy dolarizada tiene pocos efectos. Contraer los agregados monetarios cuando se demuestra que no hay inflación de demanda, ni por aspectos monetarios, no parece ser lo más apropiado. Encarecer el crédito y restringir la demanda no va a limitar el crecimiento que viene por la vía del aumento de los precios internacionales y del fuerte incremento de las exportaciones. Pero ambas medidas monetarias pueden tener un efecto perverso, buscado o no buscado, que es el descenso del tipo de cambio nominal, que afecta la competitividad aunque lo disimulen los altos precios internacionales. Seguir bajando el tipo de cambio nominal y real para que la inflación descienda de 8% a 6% sería una nueva demostración de insensatez y terminaría afectando las mejoras sustantivas de carácter económico y social. Los rasgos de continuidad y ortodoxia de la política económica aparecen con nitidez en la política monetaria y cambiaria.
La política fiscal muestra rasgos de ortodoxia y heterodoxia. La ortodoxia aparece en el descenso de la presión fiscal desaprovechando el alto ritmo de crecimiento del producto, en descensos globales de impuestos a las empresas que no necesariamente tienen efectos de estímulos sobre la inversión como en cambio sí la tienen estímulos fiscales para rubros específicos en el marco de acuerdos sociales con sus respectivas contrapartidas de resultados. Surge también cuando en la reforma tributaria se trata con más benevolencia a las rentas de capital que a las rentas del trabajo, creándose un impuesto dual, o cuando no se considera adecuadamente el levantamiento del secreto bancario con exclusivos fines fiscales. El crecimiento del producto que no obedece ni a la política monetaria ni a la crediticia ni a la cambiaria ni a la fiscal facilitó acciones heterodoxas de política fiscal como la atención al Plan de Emergencia Social y aumentos sustantivos en el gasto en educación y salud. La propia reforma tributaria gravando a los profesionales y a las rentas de capital indica también elementos de heterodoxia.
Sin embargo la ideología ortodoxa sigue marcando rumbos en la política económica. Valgan algunos ejemplos:
Si la reforma tributaria se hubiese diseñado retomando una presión fiscal similar a la de precrisis de 2002, hubiéramos podido financiar una parte importante de la reforma de la salud, sobre todo la atención a los niños más pobres y a los informales y sus familias. Aprovechando la alta recaudación, fruto de mejoras administrativas y sobre todo del crecimiento del producto, se pudo alcanzar un superávit fiscal global que hubiese permitido amortizar deuda, reducirla e inclusive aumentar el tipo de cambio nominal y real para modificar el error cometido en el año 2005, cuando se alcanzó una negativa inflación en dólares de 22%.
La ideología influye para un descenso del gasto público sobre el producto que limita las posibilidades de atender los grandes problemas sociales. Los gastos sociales permiten avances más significativos de equidad que cualquier reforma tributaria.
La ideología influye en una acción del Banco Central en coordinación con el Ministerio de Economía y Finanzas para tomar medidas monetarias a fin de controlar la inflación no atendiendo sus verdaderas causas, bien diagnosticadas por Economía. Lo mismo pasa con la presentación del proyecto de modificaciones de la Carta Orgánica del Banco Central cuando fija en exclusividad el fin primordial a la estabilización de precios o intenta m
odificar el período de mandato de su Directorio para otorgarle a la institución mayor grado de autonomía.
La ideología está presente cuando se plantean las ventajas de un tratado de libre comercio con EEUU o en declaraciones agresivas contra el Mercosur.
En una situación de tan elevados precios internacionales de los productos de exportación, la existencia de impuestos como las detracciones pudieron haber ayudado a contener los aumentos de precios internos de dichos rubros. *
(*) Senador del E609-FA. Economista.
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