¿Cómo es?
Astori salió floreándose de la interpelación del otro día, que sorteó sin siquiera despeinarse.
Sin embargo, no oculta que le preocupa el brote inflacionario medio punto lo vuelve loco, pues sabe de sus consecuencias expansivas sobre la economía y se desvive por explicar las causas y lo que se hará para que, a diciembre del año que viene, el maldito índice traidor cierre respetando las responsables previsiones del gobierno.
Está seguro, pero no come vidrio.
Mujica apeló otra vez al gaucho avispado y baqueano y desfiguró la situación que se vive.
Sentenció: «Hacen una bulla, un pamento por un punto o dos. Hay que buscar que no se suelte la yegua, que no se vaya a una hiperinflación, pero después, un punto más o menos me parece que está dentro de las leyes de juego». No satisfecho, agregó: «Yo me fui haciendo hombre en un país que tenía 40, 50, 60 de inflación y aquí estoy, llegué, tengo 72 años». Y se enojó con la prensa que no difunde precios que han bajado, «como la espinaca, dos atados a cinco pesos».
Está informado, pero se regodea en sofismas.
Dos hombres relevantes del gobierno, dos posibles candidatos, dos maneras de ser y dos visiones distintas de la misma cosa.
Ah, sí, lector. Se necesita urgente alguien que centralice la comunicación oficial, que explique, que dé certezas a la gente en temas clave. De otro modo, si cada cual, con su predicamento a cuestas, va a decir lo suyo como si fuera la verdad divina, sin darse cuenta de que el otro canta en un registro distinto, estamos perdidos.
¿Alguien puede decir que se estaría limitando la libertad de expresión? No, porque esto, en realidad, es entre dos y para casos excepcionales. Se puede seguir así, pero a riesgo de que con esas campanas tañendo disonantes el ciudadano, sin la picardía de Inodoro Pereyra, se confunda de veras:
-Aura hay fertilización asistida. Vea el caso de la mujer del viejo Andes. Quedó preñada. Y en el pueblo se comenta que al viejo lo ayudaron. *
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