Las hegemonías de Estados Unidos

1. Los graves acontecimientos terroristas del 11 de setiembre de 2001 en Estados Unidos marcan una modificación en su política internacional. Estados Unidos recupera su identidad imperial –en tanto dominación y manejo del mundo– porque surge un nuevo enemigo que es el terrorismo.

Desde la Segunda Guerra Mundial hasta 1989 existió en el plano internacional una bipolaridad militar, ideológica y política que enfrenta, a su vez, dos modelos de sociedad. Un polo estaba liderado por la URSS y el otro, dentro del capitalismo, por EEUU. Desde la caída de la URSS no hay contrapesos imperiales al poder estadounidense, pero el ataque a las Torres Gemelas genera un enemigo definido: el terrorismo. No hay imperios sin enemigos, y tampoco los hay sin dominación. Después del 11 de setiembre, EEUU ejerce el poder que ya tenía. Lo hace basado en el poder de la fuerza y lo muestra con nitidez en las invasiones de Afganistán e Irak. ¿Cuál será la próxima víctima?

 

2. En un mundo globalizado y de muy fuerte presencia de las grandes empresas transnacionales es interesante recorrer la evolución de las distintas formas que tomó la hegemonía de EEUU desde mediados del siglo XX.

Al término de la Segunda Guerra Mundial, en el mundo capitalista, la hegemonía estadounidense era de carácter global. Tenía absoluta supremacía militar, económica y política. En el plano económico, tenía hegemonía en el ámbito comercial, porque fue el único país no afectado por la guerra. Lo mismo ocurría en el nivel productivo y especialmente en el industrial. En lo financiero, la hegemonía derivaba de las nuevas funciones del dólar y la creación y características de los organismos financieros internacionales. En lo tecnológico, el predominio se profundizaba por el uso de los nuevos conocimientos militares en el ámbito económico.

La hegemonía militar se mantiene hasta la actualidad. La supremacía económica tiene diversas evoluciones: los avances de Europa y Japón le hacen perder hegemonía comercial y productiva desde los sesenta. Es entonces cuando se constituyen tres grandes bloques económicos mundiales en el mundo desarrollado: el de América del Norte, liderado por Estados Unidos; la Unión Europea, con cierto liderazgo de Alemania, y el bloque del sudeste asiático, con fuerte presencia de Japón y China pero sin integración institucional.

La hegemonía financiera empieza a retroceder en la segunda mitad de los sesenta, con la generación del mercado de eurodólares, y en los setenta se pierde cuando desaparece la libre convertibilidad del dólar al oro. La supremacía financiera se retoma en los ochenta, con el dólar fuerte y con la liberalización de los mercados financieros mundiales, bajo la influencia del FMI y los intereses de EEUU. En la actualidad, la economía norteamericana presenta una fuerte devaluación del dólar que por el momento no ha afectado los movimientos de capitales pero genera problemas entre el euro y el dólar y, por lo tanto, entre Estados Unidos y la Unión Europea.

Una fotografía de la situación actual muestra a EEUU con hegemonía militar, financiera, comunicacional e ideológica. La hegemonía financiera se muestra por ser el principal beneficiario de la liberalización financiera en los principales mercados financieros internacionales. Estados Unidos es el mayor receptor de capitales desde 1980 cuando se transforma en importador de capitales: el dólar cumple un papel central en funciones de seguridad y de arbitraje. Títulos emitidos por EEUU constituyen una proporción importante de las reservas de los grandes países, y además intenta dar seguridad frente a diversas crisis financieras. Ayudó a resolver la crisis financiera de la segunda mitad de los noventa en el sudeste asiático, que puso de manifiesto la debilidad de Japón. También fue fundamental su participación en las crisis financieras de América Latina. El actual sistema financiero internacional muestra rasgos nítidos de volatilidad y vulnerabilidad para las economías subdesarrolladas. Sin embargo, EEUU se opone a cualquier tipo de regulación de los movimientos de capitales.

Los medios de comunicación pasaron a ser una de las grandes fuentes de poder mundial y nacional, sobre todo por su influencia en la opinión pública y su capacidad de influir sobre los valores y motivaciones de la sociedad. Su influencia también es relevante porque de alguna manera las cadenas de televisión y las grandes agencias noticiosas transmiten, explícita o implícitamente, las ideologías dominantes. EEUU marca con nitidez su hegemonía comunicacional en la medida en que de ahí proviene el 80% de las imágenes que se ven en el mundo. Como anécdota, a veces se dice que lo que no informa la CNN no ocurrió en el mundo.

También se puede plantear una especie de hegemonía ideológica de este país por la penetración de sus formas de vida y la influencia y predominio mundial de sus universidades.

Estas hegemonías le otorgan un fuerte poder político que se refleja en su fuerza en el Grupo de los 8 y en los factores que llevaron a la invasión a Irak con desconocimiento de las Naciones Unidas. En la medida en que no hay un sistema político mundial con capacidad de resolución de conflictos, se profundiza el predomi-

nio político, prácticamente unipolar de este país. A ello debe agregarse la debilidad militar, económica y política de la Unión Europea para enfrentar esta hegemonía.

 

3. Los acontecimientos del 11 de setiembre de 2001 son determinantes para que en la política internacional estadounidense se privilegien los factores de seguridad, las acciones militares contra el terrorismo. El antiterrorismo es el objetivo prioritario de la política internacional del gobierno de Bush. De esta manera, quedan relegados los problemas del hambre, la pobreza y el desempleo que afectan a los países subdesarrollados.

Para comprender mejor el fenómeno analicemos los objetivos de la guerra de Irak:

Sin duda hay un objetivo central de carácter económico que es el control de las fuentes de petróleo. Irak es, después de Arabia Saudita, el país con mayores reservas petrolíferas mundiales.

Pero también hay una tarea civilizatoria y una demostración de fuerzas a nivel internacional. Al igual que en la época de la conquista donde españoles y portugueses venían a América en busca de metales preciosos y a cristianizar a los indígenas, EEUU intenta imponer sus valores y su cultura en el mundo. Es una especie de fundamentalismo religioso. Los enemigos son el eje del mal y son definidos por este país en función de sus propios intereses. Y expresan: el que no está conmigo es mi enemigo.

El pleno dominio internacional de EEUU le permitió justificar la invasión a Irak como autodefensa preventiva por la existencia de armas de destrucción masiva que afectaban su seguridad nacional. Estas armas nunca se encontraron. Su extraordinario poder le permitió dejar de lado las decisiones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas violando el derecho internacional. Después de la invasión no recibe condenas ni de Naciones Unidas, ni de Francia, ni de Alemania ni de China, que estuvieron en contra de su posición. La hegemonía militar es total porque países con poder nuclear, como Rusia y China, hoy no aparecen como contendores. La invasión a Irak se puede considerar como un gran fracaso para la política internacional de la potencia hegemónica. Se mantiene la incertidumbre por el uso futuro de ese poder militar basado en el eje del mal sin contrapesos de ninguna naturaleza, pero el fracaso en Irak debilita las posibilidades de acciones futuras. *

(*) Senador de la República. Economista.

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