PROHIBIDO PARA NOSTALGICOS

En blanco y negro

Un fogonazo del magnesio y ya está. Más de sesenta años después es una amarillenta postal que venden los anticuarios de la Plaza Matriz. Historias en blanco y negro de la Vieja Capital. Cuando el oficio del fotógrafo fue muy popular y tuvo imborrables maestros. En cada barrio un señor con su «cámara de cajón» hacía los tradicionales retratos de la familia. Bigotitos engominados para arriba y damas con capelinas eran embellecidos con aquello llamado «el arte del retoque». El tío vasco de gesto duro y la bobota damisela salían dulces y tiernos. Por el Cordón, frente al entonces nuevito edificio de la Caja de Jubilaciones, estaba el Estudio Luminton con la novedad de sus fotos rápidas. Antiguos expedientes del BPS archivados durante décadas tienen una foto carné con el sello de ese estudio. En Arroyo Seco, el maestro Valentier sacaba con pinta hasta al más feo de los vecinos. Un capo en «el retoque» y si te faltaban las piezas del comedor nadie lo notaba y tu sonrisa salía hermosa. Por la zona del Palacio Legislativo, San Martín y Agraciada, fue muy querido el señor Toja. Subíamos una escalera y aparecía la magia. Una sala con espejos, telones, cortinas de fondo y en un trípode estaba el gran artefacto fotográfico. Sus fotos aparecen ahora en un viejo álbum familiar que es abierto por «la temblorosa mano de la emoción», como escribió un poeta del carnaval de antaño. El talento fue el sello del gran Silva, en la avenida Rondeau casi Uruguay frente a la sastrería de Blanco. Por su lente genial desfiló la farándula de los radioteatros y luminarias del tango. El señor Silva fue el autor de la foto más famosa de Carlos Gardel, con el morocho del abasto sonriendo muy canchero. Esa imagen recorrió el mundo, era la favorita de El Mago y nunca faltó en los viejos boliches. Por la querida Villa de la Unión, el fotógrafo Charmant fue muy conocido por los vecinos. Su estudio estaba en frente de la Escuela Sanguinetti y retrató a cientos de pibes en su primer día de clase. Por ese barrio de 8 de Octubre también trilló el flaco Patetta que se especializaba en salas de baile. Era infaltable en los febreros calientes del Palacio de la Cerveza en la calle Yatay y también en el Ambassador Club, en los altos del Vaccaro sin descuidar los bailes de su mítica Unión. Muchas fotos de Julio Sosa, el Varón del Tango y de Alberto Castillo tienen el talento de ese entrañable noctámbulo que fue el fotógrafo Patetta. Por el barrio Goes, allá en Garibaldi y Gral. Flores por el boliche El Faro, andaba el recordado Jesusito. También hacía maravillas captando la inocencia de las almidonadas túnicas de los pibes de la Escuela del Sagrado Corazón al costado del Sanatorio Español. El arte de esos fotógrafos barriales se une al talento de gente como Carusso que sacaba fotos para el diario El Día y del maestro Testoni que plasmó en sus instantáneas el espíritu de Montevideo. Imposible concebir el misterio del pasaje del Zeppelin, de la explosión del Graff Spee, un gol en el Estadio o la postal de los abuelos sin el arte de esos maestros y sus historias en blanco y negro. Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE. *

 

COORDINACION:  ANGEL LUIS GRENE

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