Escrito por: ANTONIO PIPPO
La etología me ha inducido a comparar el comportamiento humano con el animal.
Por ejemplo, si hablo de corporativismo –la tendencia abusiva a la solidaridad interna y a la defensa de los intereses del cuerpo en un grupo o sector profesional– pienso en las colonias de pingüinos. Allí están prohibidas las luchas debido al riesgo para la cría; los machos belicosos o muy independientes son separados enseguida por otros, encargados de mantener la paz interna.
Uno podría decir, sin sentir que ofende a alguien, que los médicos son una organización corporativa tan persuadida del privilegio de su interés, que se comporta de modo similar a una colonia de pingüinos.
Sin embargo, hay hechos recientes que me sugieren que las cosas no son tan simples ni lineales.
Desde las entrañas del corporativismo médico, o sea desde la que llamaríamos “colonia primordial de las aves caradriformes”, ha salido un grupo rebelde empeñado en llevar la defensa de su interés a un nivel extraordinario, sorprendente hasta para –en sentido figurado– sus propios progenitores.
Son las Sociedades Anestésico Quirúrgicas, corporación a la que nada le viene bien ni le es suficiente. No sólo protege su espacio, sino que, atrincherada, despliega unas exigencias que han llevado al hartazgo a la colonia madre, al punto de que ni el Sindicato Médico del Uruguay ni la Federación Médica del Interior están dispuestos a seguirla.
Lo admito, a los pingüinos no les pasa esto. No toleran rebeldías y los caprichosos son expulsados. Al corporativismo médico, en cambio, se le ha rajado la túnica. ¿El inicio de una ruptura definitiva?
Ojalá, digo yo. Y no olvido que, enfrentada a ese corporativismo, hay a una mujer que nació de él pero hoy está para defender a la gente. Una mujer que, como la doña Rosa de “La colmena”, en cualquier momento puede decir: -¡Así no hay quien pueda! No vale hablar, no les da gana de entender. Si no les gusta que se vayan. ¡Pues ni que fueran reyes! *
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