¡Ajajá!
Es de Hemingway la idea de que hay cosas inverosímiles que resultan más verdaderas que la verdad.
La comprendí leyendo declaraciones de Felipe Schelotto, decano de la Facultad de Medicina. Recordó que el Sistema Nacional Integrado de Salud es una vieja aspiración de la Universidad de la República, pero adujo que «no se ha tenido suficientemente en cuenta la participación de la Facultad», que la reforma «aún no ha recogido casi nada de sus opiniones» y que «hay grandes aspectos sin dirimir», como la función específica del Hospital de Clínicas, que no está referida en la ley general, ni en la descentralización de ASSE, ni en el Fonasa. Finalmente, y tras unas sugerencias acerca de la integración de la Junta Nacional de Salud, informó que algunos de estos aspectos serán analizados por la Facultad de Medicina y una comisión del Ministerio de Salud Pública.
Caramba. ¿Recién ahora, cuando dos de los tres textos legales que sostienen la reforma de la salud han sido aprobados, uno se entera de que las opiniones de la facultad que forma a los médicos, o sea las opiniones de la Udelar, han sido menos atendidas que el Festival del Pañuelo de Carreta Quemada? ¿Cómo es posible que aún no esté claro el rol que cumplirá el Clínicas?
¿Acaso es consecuencia de ciertos enunciados un poco apresurados y de la ansiedad por nuevas normas aunque falten aportes y análisis?
Einstein aconsejaba «afinar el oído al máximo» para no dejar afuera detalle alguno; y Wertheimer llamaba a apoyarse en «la función racional de la duda» para tomar el tiempo necesario antes de las decisiones.
Por suerte no se han cerrado las puertas y uno confía en que a la Facultad de Medicina no sólo se la escuchará más vale tarde que nunca sino que se incorporará al menos parte de sus recomendaciones.
Quizás entonces se haya eliminado todo rastro de incertidumbre, o de soberbia, dejando paso a la certeza, esa sensación que Bühler calificó, graciosamente, de «experiencia ajajá», o feliz. *
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