POLEMICA EN EL LOCAL DE LA CALLE REQUENA

Usuarios del refugio nocturno denuncian pésimas condiciones higiénicas

Pocos minutos antes de las 19.00 horas, llegamos al refugio de la calle Joaquín Requena 1703 y Eduardo Víctor Haedo. Allí los usuarios esperaban estoicamente a que los encargados abrieran la puerta para poder ingresar. A esa hora el frío calaba los huesos. El gran predio que rodea el refugio está totalmente en ruinas. Allí, años atrás, funcionaba una estación de ómnibus.

El primero que se nos acercó fue Jesús Alberto (28), que hace dos meses pernocta en el refugio. Dijo que a las 21.00 horas le dan un plato de sopa y un postre. A pesar de que tiene su propia cama con almohada y frazada, Jesús no está conforme. «En la entrada te dan una frazada refinita y no hay estufa. En el cuarto te morís de frío, el techo tiene varios agujeros y de noche las ratas caminan al lado nuestro. Es un desastre», afirmó indignado.

Siguiendo con su relato, Jesús nos contó que hay un total de 8 dormitorios y 94 camas. El siempre anda con lo puesto y su mochila, ya que los robos son moneda corriente. Dijo además que es asmático y para que viniera una ambulancia para asistirlo tuvo que esperar dos días. Sufre de vegetaciones, y estar encerrado varias horas en una habitación sin ventilación es una trampa mortal.

El usuario nos comentó que hay sólo dos baños para casi 100 personas, y que las condiciones higiénicas son «deplorables». La charla continuaba a las 19:20, y la puerta de ingreso, a pesar de que ya tenía que estar abierta, aún permanecía cerrada. Mientras hablábamos con Jesús, otros usuarios se nos acercaban y expresaban a coro sus quejas.

 

Fabián: «Esta minado de piojos y de sarna»

Fabián (33), en tanto, nos dijo que hay algunas personas que no deberían estar en el refugio. «Hay gente que tiene problemas y se hacen encima, y nadie limpia nada. La falta de higiene es total, está minado de piojos y de sarna», manifestó. Fabián nos contó que su mujer y sus 5 hijos pernoctan en el refugio de la calle Florida, y allí «la situación es similar». El otro día, según el usuario que trabaja de limpiavidrios durante el día, estaba cenando y uno de sus compañeros empezó a escupir sangre en abundante cantidad. Como ningún integrante del equipo técnico se hacía cargo de la situación, tuvo que exigirles que llamaran a una ambulancia. «El que tuvo más contacto con esta persona fui yo, ellos ni lo tocaban», afirmó. Sobre las personas que prefieren dormir en las calles, nos dijo que en parte las entiende. «El otro día escuché que de 300 personas que fueron a buscar para que vayan a los refugios, sólo 10 aceptaron. Acá te contagiás de todo y encima te roban. La gente está cansada, por eso algunos ni vienen», concluyó.

 

Luis: «El Canal 10 tapó la  realidad con las manos»

Luis (22) y Guillermo (29) se conocen de «Trabajo por Uruguay» del Ministerio de Desarrollo Social. Ambos trabajan en el área verde del Comunal 2, y reciben una remuneración. Les dijeron que en setiembre van a tener que abandonar el refugio. «Como ganamos 3.118 pesos dicen que podemos ir a vivir por nuestro medios».

Luis nos manifestó que el otro día en el baño uno de sus compañeros, por el frío que hay allí, sufrió un principio de hipotermia. «Ninguno de los educadores lo ayudó, tuve que venir yo para asistirlo, si no se moría». Sobre los periodistas que vienen al lugar, comentó: «Me parece bárbaro que vengan, ya que la gente conoce otra realidad de los refugios. El problema es que el Canal 10 vino y mostró lo que quiso. No mostró los baños todos sucios, ni los piojos que hay. Agarraron a los más débiles y les hicieron preguntas. Ellos taparon la realidad con las manos», afirmó.

Guillermo nos contó que le quedan pocas materias para terminar el liceo, y que los educadores eso ni lo saben. «No nos preguntan ni cómo estamos, ni cómo nos sentimos. Hay gente que tiene adicciones a la droga y necesitaría hablar con ellos. Acá los educadores somos nosotros. Entre todos nos escuchamos los problemas y nos damos para adelante», sentenció. Dijo además que el refugio nunca abre antes de las 19.00 horas, y que los camiones del INDA, con la comida, siempre llegan tarde.

 

El coordinador

Una vez en el interior del refugio, nos recibió Jorge Diz, el coordinador del lugar. Nos comentó que 10 profesionales integran el equipo técnico, entre asistentes sociales, psicólogos y educadores, pertenecientes a la Iglesia Anglicana del Uruguay, dueña del local.

Dijo que el inmueble va a ser demolido en poco tiempo, y que seguramente se mudarán a Paysandú y Convención. Consultado sobre las condiciones higiénicas del inmueble denunciadas por los usuarios, señaló que son muchos usuarios para las dimensiones del local. «Hay una limpiadora que viene seis veces por semana. El problema es que son gente de calle, que traen piojos, sarna y toda la fauna que te imagines. Es cierto, una cosa es el refugio cuando abre y otra cuando cierra. A la mañana el deterioro higiénico es importante», explicó.

Acerca de las ratas, aseguró que en la actualidad hay menos que antes, pero admitió que el principal problema es que el refugio está ubicado en un predio abierto y abandonado. «Se insta a que sólo se coma en el comedor, pero hay gente que se lleva comida a los cuartos, y eso es un llamador para las ratas», subrayó.

 

«Siempre hay dificultades, pero el trato es correcto»

Diz nos comentó que se deben respetar ciertas reglas de convivencia. En el interior está prohibido consumir alcohol y drogas. Desde que abrió sus puertas el refugio (15 de mayo de 2005), pasaron 1.050 personas y fueron expulsadas 70 infractores.

Sobre el usuario que tuvo que ser internado al escupir sangre, aseguró que recibió la atención necesaria.

«El problema es que las emergencias en invierno están saturadas y a veces llegan con retraso», explicó.

Mientras conversábamos sobre la metodología de trabajo, el coordinador nos mostró el local. A simple vista, el refugio no es un completo desastre, tampoco un cinco estrellas.

No hay estufas en ninguna de las habitaciones y el frío se hace sentir en los dormitorios y en el resto de los cuartos. Hay que tener en cuenta que visitamos el refugio a los pocos minutos de abrir sus puertas. Quizás a las ocho de la mañana, como el coordinador nos comentó, la realidad en materia higiénica es otra. Cada persona que ingresa al refugio se identifica con el inspector de la IMM, ubicado en la puerta de entrada junto con un policía. Luego le hacen la entrega de una frazada, la cual tienen que devolver antes de retirarse.

Sobre el trato con los usuarios, señaló: «Somos 10 personas para cuidar a más de 90 usuarios. Siempre va a haber dificultades pero por lo general el trato es bueno, aunque existan problemas de comunicación con algunas personas», finalizó. *

 

Fotos no

Las coordinadoras del Programa de Atención a los Sin Techo (PAST), Estrella Domínguez y Leticia Aguilar, no nos permitieron sacar fotos en el interior del refugio. Solamente nos autorizaron fotografiar las afueras del inmueble. *

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