El drama de los jubilados
Y luego de mucho andar llegó el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas a su destino: los sobres de pasividades y salarios. Es la hora de contraponer las estimaciones estadísticas con la realidad. Abordaremos el caso de los pasivos del Banco de Previsión Social y la Caja Bancaria para saber la diferencia entre lo que pagaron de IRP en junio y lo pagado por IRPF en julio. En ambos casos el aumento de la carga tributaria es espectacular. No se dispone aún de información agregada de los trabajadores, pero sí se conoce el aumento de la base imponible que generó la inclusión de ingresos no salariales. El concepto «renta» que se utiliza en esta reforma es un error desde el punto de visto técnico y un horror desde el punto de vista social y político.
Uno. Las jubilaciones y pasividades son pagadas por seis instituciones, cada una de las cuales atiende un número muy diferente de pasivos: Banco de Previsión Social (540 mil); Caja Militar (45 mil); Policial (29 mil), Bancaria (17 mil); Profesional (11 mil); Notarial (2 mil). La diferencia entre lo que pagaban de IRP y lo que están pagando de IRPF varía sustancialmente en cada caja. El 66% de los pasivos de las cajas Bancaria, Profesional y Notarial deberá pagar más por IRPF de lo que pagaba por IRP. En las cajas Militar y Policial, en cambio, solamente un 16% tendría que pagar más. En el BPS el porcentaje es menor aún. En el conjunto serán beneficiados solamente 50 mil pasivos, los que cobrarán hasta un máximo de 180 pesos por el cambio de impuestos. Más de quinientos mil pasivos no pagarán nada ni recibirán nada, están por debajo del mínimo no imponible de ambos impuestos.
Estas cifras son ilustrativas pero no identifican cuánto se paga efectivamente y qué relación tiene ese pago con lo que aportan las personas físicas de los sectores económicos que tributan por rentas de capital. Hoy se dispone de información más precisa para evaluar el impacto de esta reforma. En el Banco de Previsión Social se pagaron en junio por IRP 23,6 millones de pesos, en julio por el IRPF se descontaron 72,3 millones, tres veces más. En un año se pagarán 867 millones de pesos, lo que en dólares equivale a 37 millones que abonarán 103 mil pasivos.
En el caso de la Caja Bancaria lo recaudado por IRP en junio alcanzaba a 7,8 millones de pesos; en julio por IRPF se recaudaron 37,5 millones, casi cuatro veces más. En un año serán 357 millones, lo que en dólares significa 15 millones, que abonan 13.500 pasivos que se hacen cargo del total del IRPF. Los pasivos bancarios hacen, además, un aporte extraordinario para preservar su Caja, (Ley Nº 17.841) por un monto de 32 millones de pesos al mes.
Si se suma lo que pagan los pasivos del BPS y los de la Caja Bancaria vemos que anualmente abonarán 52 millones de dólares y aún falta incluir cuatro cajas que atienden a 90 mil pasivos. Cabe recordar la crisis de la Rendición de Cuentas, cuando el ministro Astori reclamaba que no se aumentara en 30 millones de dólares el gasto público para la educación por los graves riesgos inflacionarios que entrañaba para la economía del país. Sin embargo se podrá imaginar el significado que estos impuestos tienen en la vida de las familias afectadas y su efecto contractivo en el nivel de demanda agregada.
Dos. Los trabajadores tienen que contraponer el discurso «tranquilizador» de los voceros del gobierno y los resultados prácticos de la aplicación de esta reforma. Un trabajador metalúrgico, por ejemplo, cobraba un sueldo de 8.000 pesos y pagaba 160 pesos de IRP. Supuestamente iba a ser favorecido por esta reforma, pero como recibe un conjunto importante de beneficios en especie por un valor de 7 mil pesos, tuvo que pagar por IRPF 680 pesos, cuatro veces más. Los trabajadores de la construcción, por su parte, no pueden descontar los aportes a la Seguridad Social. Los trabajadores de varios ministerios tienen que pagar el IRPF porque el monto imponible se ve incrementado por el valor de ingresos en especie, tales como las guarderías (3.800 pesos por cada niño que la utilice). Los comedores de los trabajadores también se prorratean entre los usuarios. Basta ver los instructivos de la Contaduría General de la Nación para percibir la intransigencia de esta reforma (www.cgn.gub.uy).
Los trabajadores y el pueblo en general no sabían que cualquier ingreso sería considerado renta. Menos aún imaginaban que el capital tendría tasas menores y que en ese caso sería efectivamente sobre la renta. El ministro de Economía ha dicho muchas cosas para defender su proyecto tributario y la ley que se aprobó, que modifica parcialmente el proyecto inicial de su autoría. Las mayores discrepancias que se han expresado hacen referencia a que el principal impuesto que se incorpora, el IRPF Impuesto a la Renta de las Personas Físicas no es, en realidad, un impuesto a las rentas sino a los ingresos.
En alguna oportunidad se escuchó que el ministro decía que según el diccionario renta es igual a ingreso (1). Con independencia del diccionario, en el derecho tributario el concepto de renta está claramente definido y se refiere a la parte de los ingresos que supera los gastos necesarios para obtener y conservar esos ingresos. En el derecho positivo uruguayo nunca hubo discrepancia al respecto. Por eso llama la atención que un catedrático, ex decano de la Facultad de Ciencias Económicas, ex senador y actual ministro de economía, confunda ahora ingreso con renta. Pero además, que lo exponga así pero, en todo caso, sólo para los ingresos personales. Porque si nos remitimos a la estructura de los impuestos que gravan las rentas empresariales, el concepto es otro: el impuesto se aplica sobre el excedente de ingresos que superan los gastos de la actividad de las empresas.
Qué pasaría si con la lógica del ministro se dijera que la renta empresarial es igual a sus ingresos y se estableciera, como ocurre en el IRPF, una cifra arbitraria a partir de la cual los ingresos empresariales pasaran, mágicamente, a convertirse en rentas y las tasas del impuesto se quisieran aplicar sobre esos ingresos. Ni el ministro ni el gobierno y mucho menos, por supuesto, los empresarios lo aceptarían. ¿Cuánto duraría un ministro que así quisiera actuar? Entonces, cabe preguntarse ¿por qué se golpea tan duramente a los trabajadores activos y pasivos?
Tres. La defensa de la reforma ha llevado a funcionarios, legisladores y técnicos a presentar argumentos insostenibles en la búsqueda de justificar lo injustificable: el eje fundamental de la reforma tributaria es atraer inversiones. Eso ha sido reiteradamente señalado por el ministro, quien defiende la reforma desde una concepción equivocada pero coherente: el desarrollo del país depende de las inversiones. Los que defienden esta reforma deberían demostrar que los sacrificios que se le exigen hoy a la clase trabajadora serán compensados en el futuro con más y mejores empleos y con una distribución equitativa de los ingresos.
Seguramente el subsecretario Mario Bergara considera que quienes criticamos realizamos un «análisis lineal» y «falso», otros economistas hablan de análisis «engañoso» y «brocha gorda», algunos más de «simplistas». Lamentablemente no tienen cómo justificar que los pasivos que reciben el 11% del ingreso nacional disponible tengan que pagar el 18% del IRPF. Menos aún se puede sostener que los trabajadores que acceden al 21% de los ingresos disponibles deban pagar el 62% de dicho impuesto. ¿Cuál es la explicación «no lineal», de «pincel fino» y «compleja» que explique por qué los que reciben más del 60% del ingreso nacional disponible pagarán sólo el 9% del IRPF? Esa es la cuestión que deben explicarle a la sociedad los defensores de la reforma. *
(*) Docente universitario, sindicalista, miembro de la Red de Economistas de Izquierda (Rediu)
(1) Diccionario de la Real Academia Española, 2001, R
enta: utilidad o beneficio que rinde anualmente algo, o lo que de ello se cobra.
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