Una alegría
Hay alegrías en el país. Menos mal. Buenas noticias, las llamó Eleuterio Fernández Huidobro en su contratapa de ayer. Matices, a fin de cuentas, ya que la satisfacción es la misma y la compartimos.
Fernández Huidobro celebró la confirmación hecha por un equipo de técnicos al que calificó de «estoico» de la Dirección Nacional de Energía y Tecnología Nuclear del Ministerio de Industria y Energía: en Uruguay abundan los esquistos bituminosos. Se trata de rocas sedimentarias compuestas por múltiples elementos. Calentadas por un determinado procedimiento dan petróleo ¡nada menos! O, si se las tritura y se las mete en un horno, pueden ser utilizadas como combustible directo.
Si uno imagina el porvenir, la importancia de esta novedad tributaria de ciertas aproximaciones hechas décadas atrás y que fueron devoradas por la burocracia vernácula es tal que impresiona.
No repetiré lo que dijo Fernández Huidobro. Sólo recordaré que unos buenos uruguayos de antes, como el padre Améndola y Raúl Irureta Goyena, usando medios modestos, dieron pistas para la extracción de una riqueza energética acerca de la cual tenían certeza. Presentadas en carpetas, se perdieron dentro de oscuros cajones de la empresa petrolera estatal. Améndola e Irureta Goyena siempre dijeron que aquí, en campos y ríos, no en la plataforma marítima, había petróleo. Tal vez confundieron algunas cosas, pero jamás fueron detrás de ninguna zanahoria. Cuando se los mencioné al actual presidente de Ancap, en un reportaje, le causaron, apenas, una sonrisa de condescendencia y una descalificación técnica. Se me ocurrió pensar y admito que puedo estar equivocado que sintió que yo le hablaba de unos supersticiosos.
Ojalá ahora piense otra cosa, y festeje con nosotros las buenas noticias y la alegría, luego que Fernández Huidobro le ha puesto delante un descubrimiento que quizás merezca cierto debate, pero que no admite que se lo mire desde el olimpo de la iluminación. *
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