Las relaciones de EEUU con América Latina
Semanas atrás se reunieron en Montevideo las más altas autoridades del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, encabezadas por Henry Paulsen, con el ministro de Economía y Finanzas de Uruguay, contador Danilo Astori, los ministros de Hacienda de Chile, Andrés Velasco, y de México, Agustín Carstens, y el subsecretario de Hacienda de Perú, Juan Miguel Cayo. El representante de Colombia no pudo concurrir. No fueron invitados a dicho evento autoridades de Venezuela, Bolivia y Ecuador. A su vez, Argentina y Brasil no aceptaron la invitación de participar en el mismo. ¿Por qué se realizó en Montevideo y cuáles podrían ser los objetivos del gobierno estadounidense?
Después de la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos pasa a ser la potencia hegemónica del mundo capitalista. La existencia de la URSS significaba una bipolaridad militar y por lo tanto política. Había dos centros de poder que irradiaban al mundo dos ideologías y dos modelos distintos de sociedad. Con la desaparición de la URSS, el predominio de Estados Unidos se vuelve global pero sin enemigo a la vista. No hay contrapesos imperiales. A partir del 11 de setiembre de 2001, Estados Unidos recupera su identidad imperial, en el sentido de dominación y manejo del mundo, al surgir un nuevo enemigo que es el terrorismo. No hay imperios sin enemigos ni imperios sin dominación. Tienen poder y lo ejercen en función de la fuerza, como ocurrió con las invasiones a Afganistán e Irak. Entre los objetivos de la guerra de Irak surge el control del petróleo, pero al decir de Fernando Enrique Cardoso, es una demostración de fuerza a nivel internacional que busca especialmente una tarea civilizatoria para imponer sus valores y su cultura, como hicieron los españoles y portugueses en nuestra región buscando metales preciosos y la evangelización de los indígenas. En un artículo de la época, el historiador Hobsbawn expresaba: «No hay nada más peligroso que los imperios que defienden sus intereses imaginándose que así ayudan a toda la humanidad (…) La principal ventaja con que cuenta su proyecto imperial es militar (…) Su objetivo es hacer la guerra, instalar gobiernos amigos y luego retirarse (…) En el plano interno un país que piensa controlar el mundo fundamentalmente por medios militares corre el peligro hasta ahora seriamente cuestionado de militarización. En el plano internacional el riesgo sería una desestabilización del mundo».
Estados Unidos tiene una larga historia de intervenciones militares y políticas directas e indirectas en América Latina que el doctor Carlos Quijano nos trasmitía en sus magistrales editoriales de «Marcha». En los últimos años la política internacional estadounidense está centrada en el combate al terrorismo, difícil de identificar en la región, aunque de alguna manera concentrado en la triple frontera y en las acciones en Colombia. Por otro lado, plantea el combate a las drogas, donde siendo el principal consumidor, enfrenta la oferta de producción y no la demanda y su consumo. Inclusive de manera insólita emite certificados unilaterales de buena o mala conducta a los distintos países sobre drogas y narcotráfico. También está presente el tema de las migraciones, las cuales, mientras continúen las diferencias salariales, se seguirán manteniendo.
Además de la influencia militar y política, Estados Unidos tiene enorme influencia comunicacional en la medida que más del 80% de las imágenes que vemos en la región provienen de dicho país. Ello significa una fuente de poder mundial y nacional y alta influencia sobre la opinión pública, sus valores y motivaciones. La influencia comunicacional y la fortaleza y prestigio de las universidades estadounidenses le otorgan gran poder ideológico sobre los países de la región.
En el plano económico Estados Unidos es relevante en el terreno financiero a través de su influencia en los organismos financieros internacionales, en el plano productivo a través de sus empresas trasnacionales y en el terreno comercial tiene diversas estrategias. Una estrategia multilateral que desarrolla en la OMC, una estrategia regional como la del Nafta y otras bilaterales y unilaterales. La estrategia vinculada al ALCA y la liberalización comercial ha fracasado. En la realidad hay un discurso de liberalización comercial en el mundo desarrollado y una fuerte protección en la realidad. Estados Unidos presenta subsidios agrícolas a la leche, el trigo, el arroz, protecciones arancelarias y paraarancelarias, cuotas a la carne, a la vestimenta, al azúcar y al acero. En la medida que en las negociaciones regionales del ALCA no entraban los subsidios agrícolas, en la reunión de Mar del Plata de diciembre de 2005 los países del Mercosur y Venezuela no aceptaron estas condiciones. Junto al fracaso del ALCA, Estados Unidos profundizó sus negociaciones bilaterales basadas en tratados de libre comercio que se concretaron con Perú, Colombia y América Central, a los que se agregan los vigentes con Chile y México. Los acuerdos con Perú y Colombia presentan dificultades de aprobación en el Congreso estadounidense, donde la mayoría demócrata no los votó ni tampoco extendió el plazo del TPA (autorización de promoción comercial), antiguo fast track, que venció el 30 de junio de 2007 y que limita al gobierno de Estados Unidos en las posibilidades de nuevas negociaciones comerciales con los países de la región.
La realidad actual de la región marca la acción estadouni-dense por una línea sobre el Pacífico que va desde Chile pasando por Perú, Colombia y México y culminando en Estados Unidos. Todos ellos con tratados de libre comercio con ese país que se pueden ampliar a otros ámbitos de sus relaciones y que pueden llegar a significar una línea antagónica a la prevaleciente en el Mercosur. Si bien Estados Unidos quiere tener las mejores relaciones que le sea posible con Brasil, es evidente que hay posiciones diferentes. En el plano comercial, Brasil ha liderado el grupo de los 20 y enfrentó con fuerza el tema de los subsidios agrícolas. En el plano político lidera la Comunidad Sudamericana de Naciones y busca ampliar y mejorar los procesos de integración y las relaciones comerciales entre los países de la región. Todos quieren incrementar el comercio con Estados Unidos pero unos con tratados de libre comercio y otros buscando un mayor poder de negociación que el que permiten las relaciones bilaterales.
A la luz de esta situación no es extraño que a la reunión de ministros de Hacienda y de Economía realizada en Montevideo el 12 de julio de 2007, con la presencia de las más altas autoridades del gobierno de Estados Unidos, Brasil y Argentina no hayan aceptado la invitación y que no hayan sido invitados Venezuela, Ecuador y Bolivia. Se realiza una reunión con sede en Montevideo con participación exclusiva de los países que tienen tratados de libre comercio con Estados Unidos y el Ministerio de Economía y Finanzas de Uruguay. En dicha reunión se analizaron temas similares a ideas ya conocidas basadas en el financiamiento del Banco del Sur e inclusive propuestas del gobierno de Venezuela. Compartimos que el gobierno uruguayo tiene que lograr las mejores relaciones con Estados Unidos pero ello no debe significar continuar dando señales anti Mercosur, ni asociarse a la estrategia estadounidense de buscar alianzas en la región que puedan afectar la estrategia mercosuriana. *
(*) Senador de la República. Economista.
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