
Los enfermos de sida sufren, además de su propia enfermedad, la estigmatización y la discriminación de la sociedad, a pesar de que han pasado decenas de años desde el primer caso. La dificultad para encontrar trabajo y para mantenerlo, junto al rechazo de los niños portadores en la escuela, son parte de los problemas que tienen que enfrentar.
El total de enfermos de VIH/sida es de 10.084 desde 1983, año en que apareció el primer caso. El 69% son hombres, el promedio de edad va desde los 20 a los 34 años y el 77% reside en Montevideo. Más del 70% de los contagios se producen a través de las relaciones sexuales y el 52% implica relaciones entre hombres y mujeres (heterosexuales).
“Hay una tendencia creciente del VIH en Uruguay. Es una epidemia concentrada, que es baja en la población en general (1%), pero alta en algunas poblaciones específicas (5%), como los usuarios de droga, personas privadas de libertad y trabajadores sexuales masculinos”, explicó la directora del Programa Nacional del Sida, socióloga María Luz Osimani.
El Ministerio de Salud Pública (MSP) tiene “un plan estratégico claramente definido: lograr que la población se haga cargo de prácticas más seguras”, afirmó el director general de Salud, doctor Jorge Basso. Otro punto central al que apuntan las autoridades del MSP es la realización de un sistema que les permita monitorear con más exactitud la situación de la epidemia en Uruguay, sobre todo en las poblaciones consideradas de riesgo.
“La epidemia no es sólo un problema del MSP sino también un tema de derechos humanos”, dijo la ministra de Salud Pública, doctora María Julia Muñoz. “Debemos replantearnos que en 24 años no hemos incorporado en la práctica ciudadana el uso de la barrera mecánica más importante: el condón”, agregó. La ministra expresó su preocupación porque todavía sigue existiendo la transmisión vertical, de madre a hijo, que se puede frenar controlando el embarazo.
El MSP espera descentralizar la atención de los pacientes de sida e insertarlos en hospitales generales, en lugares específicos pero con acceso a todo tipo de especialistas. “La situación del Instituto de Higiene no es buena. Es un lugar muy precario para el nivel de conocimientos y la calidad de atención que reciben los pacientes”, admitió la secretaria de Estado. *
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