Tiene La Palabra
A la opinión pública
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Por razones que entenderá al leer estas líneas he resuelto mantener mi identidad en reserva. Como tantos jóvenes del Interior, con mucho sacrificio y más tarde que la mayoría de mis compañeros, he llegado a radicarme en Montevideo para continuar mis estudios terciarios. Por tal motivo he tenido que «patear» por las calles con mi CV bajo el brazo, armado de paciencia y optimismo. Afortunadamente, al cabo de un par de meses, logré entrar en esta «prestigiosa» institución educativa de la zona de Carrasco, sin contar con referencia alguna de trabajos anteriores en la capital, agradecido únicamente a la formación pública que pude recibir, y a mi experiencia docente en liceos públicos gracias a la cual obtuve excelentes informes de las respectivas direcciones e inspecciones para las que trabajé.
Hace ya un año que allí me desempeño y no he recibido más que loas respecto a mi labor, lo cual valoro sobremanera ya que siempre me han hecho notar mi desfavorable «procedencia». No me he formado en los mismos «prestigiosos» e inaccesibles centros educativos que ellos, no conozco los EEUU, Europa ni el sin fin de destinos donde vacacionan y por supuesto, mi orientación política es bastante distinta que la mayoría de mis colegas y alumnos.
Si bien los principios de laicidad deberían primar y el innegable peso de nuestra realidad política aplaca un tanto a la derecha más radical, aún mantienen y perpetúan los viejos vicios del capitalismo más salvaje, la feroz lógica del máximo beneficio.
Instituciones como ésta, últimos bastiones de resistencia y reproducción de un modelo de sociedad afortunadamente en decadencia en nuestro Uruguay del cambio, tratan de perpetuar modelos de gestión empresarial obsoletos mundialmente, pero que lamentablemente han demostrado ser altamente funcionales a estas enquistadas elites.
Es allí donde realmente hacen notar la diferencia entre ciudadanos categoría «A» y ciudadanos categoría «B». Bajo el supuesto de que la necesidad efectivamente reviste un bajo precio, tratan de contratar a sus empleados en condiciones irregulares haciéndoles desempeñar tareas más allá de las estipuladas, donde conceptos tan básicos como el de «hora extra», tienen sí una realidad de hecho más no de derecho.
Estas verdaderas «empresas educativas» se han retirado en varias oportunidades de los reactivados Consejos de Salarios y rasgan sus vestiduras ante la posibilidad de tributar bajo nuestra Reforma Tributaria. Gozan y han gozado de todo tipo de exoneraciones del Estado uruguayo, hecho por demás entendible ya que los mismos apellidos que han legislado con amplias mayorías durante períodos anteriores a quienes deben estos beneficios, se repiten hoy entre las listas de los alumnos.
Sólo a los efectos de graficar lo anterior mi sueldo no supera los $ 10.000, cifra que representa la media de lo que pagan los casi 1.500 alumnos de mensualidad a este Colegio (entre $ 9.000 y $ 13.000 más matrícula y costo extra de exámenes internacionales); le dejo a Ud. las matemáticas.
Es por lo antedicho, estimado Federico, que si bien mi trabajo no se encuentra bajo ningún riesgo he decidido retirarme de esta institución. He escuchado consejos profesionales al respecto, quienes me han recomendado acopiar toda prueba de irregularidades mientras estoy en la empresa para una vez efectuada mi renuncia, llegar con ellos a un «arreglo económico». Seré quizás un idealista, pero no espero más que lo que me corresponde. Mi salario es sí superior a lo percibido en el ámbito público, pero es también muchas cosas excepto ajustado a Derecho. Realmente, creo y quiero que en nuestro Uruguay del cambio estas cosas no sucedan más. Que tener un empleo digno, en el cual una persona se desempeña con dedicación y profesionalismo tenga en contrapartida un salario sujeto a las normas estipuladas y que por sobre toda las cosas no sea un «ideal» sino una digna realidad.
ME dirijo a Ud. ya que creo que el cambio no lo debemos esperar, sino que cada uno debe hacer algo por cambiar las cosas. El mantenerme en silencio y relativa comodidad económica no me hace más que cómplice de aquello que combato y combatiré. Necesito un trabajo, como todos. Pero la anuencia de muchos uruguayos al provecho de pocos privilegiados no hace más que reproducir tales condiciones y aumentar las diferencias entre aquellos y nosotros. Creo que cualquier tipo de arreglo económico con gente de este tipo iría en contra de las cosas que creo y quiero seguir creyendo, amén de que no afectaría sus caudalosas cuentas.
Prefiero en cambio que tan «prestigiosa» institución, tan bien posicionada entre la derecha dura y que tanto se preocupa por su imagen a través de obras y eventos de caridad y tan poco por un buen empleado debe ser golpeada allí, donde más le duele… mostrando su verdadera cara a la sociedad uruguaya.
Agradezco desde ya su tiempo y en caso de contar con vuestro interés al respecto me encuentro a su disposición a través de este medio para ponernos en contacto directo.
Atentamente,
[email protected] – [email protected]
Necesidad prioritaria: Ley de Protección Animal
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Desde hace siglos el perro como el caballo son considerados por gran parte de todas las sociedades como grandes amigos y protectores del hombre y sus hogares.
A la vez de corresponder y deber tenerlos con buenas condiciones alimentarias, hay que protegerlos sanitariamente pues como todo animal que convive en el medio que está el hombre y no se le cuida, está propenso a contraer enfermedades y transmitírselas a sus propios dueños.
Pero como en toda sociedad que se deteriora o la deterioran económicamente, se empobrece y se margina, su salud también va a ir debilitándose y consecuentemente van a aparecer toda clase de enfermedades.
Como coayudantes en esta sociedad empobrecida se encuentran conviviendo un número que suele ser exagerado de perros mal alimentados, faltos total de higiene y por consiguiente trasmisores de sarnas, infecciones, hidatidosis, etc. a los seres humanos. Esto no lo ven quienes no viven en esos barrios humildes o no los recorren, pero esto es tema de los que sí residimos en ellos.
Pulgas, garrapatas, peladuras, materias fecales u orines, son los que directamente pueden afectar, contagiándose entre sí y perjudicando a la salud del humano.
Tanto el Ministerio de Salud Pública, como las Intendencias, principalmente de Montevideo y Canelones, no se preocupan ni coordinan algo para parar esto; no hacen nada de nada… Tampoco se pone interés por los innumerables accidentes que provocan los perros que deambulan por las calles y rutas, ya sea por estar sueltos y/o estar abandonados. Tampoco en el Poder Legislativo hay preocupación por redactar una Ley de Protección Animal que redundaría en beneficio de toda la población y por lógica de los animales.
Estoy seguro que en el caso de los perros, la castración primero y la reubicación de los perros vagabundos y/o enfermos tendrán efectos positivos.
Todos los animales domésticos tienen el derecho a vivir en condiciones de salud, trato y convivencia con el hombre, buenas, aunque vemos que tal como sucede con las clases humildes de este país, que le son dejados de lado, salud, vivienda, educación y trabajo; menos aún se van a preocupar por los mejores amigos del hombre; claro, para esto también se necesitan recursos que el pobre Estado uruguayo no puede hacer frente.
Muchas veces la buena salud del humano depende de la buena salud de los animales con los cuales convive.
¿No es cierto señores políticos que tanto se preocupan por los humildes?
Sin más saludo muy atte.:
LIDER UBOLDI – C.I. 942.138-6
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