LA NUEVA ADMINISTRACION LOGRO MAS EFICIENCIA, CON UN AHORRO SUPERIOR AL 50%

Valdez: "El Hospital Vilardebó había retrocedido a la época de las cavernas"

El edificio refleja su belleza abandonada. Está dividido en varias secciones, algunas de las cuales son recuperables. En medio del edificio central hay una parroquia deteriorada, pero en donde todavía se ofician misas. Glorietas y senderos han sido refaccionados recientemente por trabajadores del Ministerio de Desarrollo Social (Mides).

La fachada del hospital presenta un buen aspecto en su parte central, pero mientras se va ingresando la cosa cambia. Varios pabellones están en obra. A martillazos, los obreros tiran las paredes abajo, con el fin de mejorar salones enormes, pero imposibles de utilizar en su estado actual. Algunos de ellos albergarán más consultorios.

Las salas donde están internados los pacientes son muy grandes y están repletas. El director conoce las instalaciones como la palma de su mano, y las recorre diariamente. En su nerviosa caminata se encuentra con pacientes, médicos y funcionarios, que lo saludan casi sin pausa.

 

Un frágil equilibrio

Una paciente de aproximadamente 40 años, delgada y vestida con prendas superpuestas de varios colores, detiene al director en su recorrida y le pregunta agitada cuándo puede irse del hospital. El médico se detiene, la toma suavemente de los brazos, la mira a los ojos y le explica que sólo puede irse cuando su doctor le dé el alta. La mujer baja la cabeza y se vuelve a sentar en un banco ubicado en el corredor.

«Hay que velar por la salud mental del paciente y su familia, pero también por la de los integrantes del equipo de salud. Estas tres patas del buen funcionamiento deben atenderse o el trípode se cae. Por eso es preciso cambiar de un modelo que tiene acento en lo cautelar (la cárcel) a uno asistencial», subrayó Valdez. Como parte de esa reforma, las autoridades del hospital instituyeron una «guardia blanca» más reducida, mejor paga y con un entrenamiento que la convierte en auxiliar del equipo de salud y no en una especie de «guardiacárceles», como antes. Con el dinero ahorrado se contrataron diez enfermeros, una asistente social y dos psicólogos.

 

Resistencia y sabotaje

El director dijo que, en principio, la resistencia a los cambios fue muy grande, porque todos estaban acostumbrados a un sistema cautelar y opresivo. «Hubo muchos problemas y complicaciones en el servicio, varias veces debido a sabotajes», denunció. El director explicó que, tiempo atrás, los pacientes pasaban todo el tiempo encerrados; no salían a disfrutar de los amplios espacios al aire libre. Próximamente, profesores de educación física del Codicen comenzarán a impartirles clases.

La cocina también sufrió cambios. Antiguamente la comida estaba a cargo de una empresa, pero la nueva administración le dio esa tarea a una cooperativa. «Cambió la pinta y el olor del hospital», afirmó Valdez. Hoy controlan la comida que llega al hospital, cuentan con una dietista para las licitaciones y vigilan la calidad de los productos que se utilizan. Las autoridades también implementaron comedores mixtos. Antes, los hombres y las mujeres comían por separado. «Se había retrocedido a la época de las cavernas», opinó el médico.

 

Remedios desaparecidos

Otra gran reforma se produjo en el laboratorio. Antiguamente, casi todos los exámenes se realizaban afuera. Hoy en día todo se hace en el hospital. «Se hacían 600 análisis anuales en el año 2004. Ahora se realizan alrededor de 2.000″, indicó Valdez.

El sector farmacia era «una anarquía», ya que no existían controles sobre las recetas. Ahora, éstas se preparan en dosis unitarias para cada paciente, para evitar el derroche.

En total se hizo un ahorro del 53%. Gran parte de esos medicamentos terminaba en las ferias.

La reestructura del Hospital Vilardebó, proyectada por su director, es profunda. Además de varias reformas edilicias, se planea separar la emergencia del sector donde los pacientes permanecen internados. Los accesos al hospital se modificarán para permitir un ingreso más fácil para visitantes y ambulancias. La idea central es que toda la estructura se vuelva funcional a las necesidades de los pacientes, sus familiares y los funcionarios.

 

170 millones de afectados por trastornos mentales en América

La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirmó en 2001 que la salud mental es tan importante como la física. Sin embargo, «sólo una pequeña minoría de los 450 millones de personas que padecen un trastorno mental o del comportamiento está en tratamiento».

Los resultados de un estudio sobre la salud mental realizado en América Latina y el Caribe, publicado en la Revista Panamericana de Salud Pública de la OPS, no dejan lugar a dudas sobre las carencias que existen en la atención de las personas con trastornos psíquicos.

La investigación concluye que «más de la tercera parte de las personas afectadas por psicosis no afectivas, más de la mitad de las afectadas por trastornos de ansiedad y cerca de tres cuartas partes de las que abusaban o dependían del alcohol no habían recibido tratamiento psiquiátrico alguno».

La cifra de personas con trastornos mentales en el continente americano pasará de 114 millones en 1990 a 176 millones en 2010, según proyecciones de la directora de la OPS, Dra. Mirta Roses Periago. *

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