El toqueteo
La Rendición de Cuentas va a acabar más toqueteada que Shakira por Alejandro Sanz en el último video que filmaron.
No es bueno.
Ahora bien, ¿por qué está pasando? El proyecto correspondiente llegó del Poder Ejecutivo al Parlamento con el respaldo del gabinete ministerial. El toqueteo, tal vez inevitable dadas ciertas circunstancias, lo empezaron los diputados y ahora parecen dispuestos a seguirlo los senadores.
Una hipótesis plausible es que el texto no fue suficientemente debatido con la bancada oficialista. Lo armó Astori, claro, y uno supone que consultó al resto de los ministros y al mismísimo Presidente de la República. Y también supone uno que los recursos habrán sido distribuidos tal como lo permiten las arcas del Estado y, además, con justicia.
Pero algo falló.
Al menos así parece, si se escucha el griterío, primero de los sectores que se sintieron perjudicados, como la enseñanza y el INAU, y luego de los parlamentarios, persuadidos de que se puede hacer un reparto más justo sin aumentar el gasto. Y acallado el griterío, la acción específica: el toqueteo que no cesa y que, de todos modos, al final, va a dejar heridos por el camino. Ruego no ver a Rossi, Muñoz, Tourné y a algún otro de los que están viendo recortados recursos que consideraban seguros, haciendo igual al poeta Raúl González Tuñón, que oraba a una virgencita que había en el teatro Cervantes pidiéndole un smoking porque nunca había tenido uno.
¿El equipo económico pudo manejar mejor la cuestión?
Ah, creo que sí. Es como si no hubiese visto todo el universo. Parecido a lo que ocurre con los perros y los monos, animales evolucionados, que no perciben ciertas cosas importantes para nosotros. Por ejemplo, el perro no advierte las flores del árbol; se limita a oler su tronco y, al decir de Huxley, «encuentra allí algo muy satisfactorio para él».
La próxima vez, ¿podemos aspirar a otro tipo de percepción que evite tanto, pero tanto toqueteo? *
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