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Nuestra historia republicana y educada

* La Constitución de la República cumple hoy 177 años desde que fue jurada el 18 de julio de 1830. Ella estipula en su articulado la autonomía y forma de gobierno de la Universidad de la República que 19 años después fue oficialmente instaurada, también un 18 de julio. Una hace la organización estatal, la otra, defiende el papel que la primera le da dentro del Estado. Pero la relación entre ambas es inevitable, como lo es con el resto de las instituciones, y personas que forman nuestro Estado oriental.

Escrito por: MATIAS ROTULO

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La historia nos permite varios arrebatos en la memoria. Otras veces, la memoria deja por el camino algunos hechos y solo los recordamos si alguien nos menciona lo que pasó tal año, o en tal lugar.

Todos los días recordamos nuestros hoy homenajeados emblemas patrios. La Constitución y la Universidad, caprichosamente decidieron nacer el mismo día, con una diferencia de 19 años.

Todos los días caminamos por 18 de Julio, y desde los pies de la escalinata de la Facultad de Derecho (sede de la Universidad), miramos hacía el Parque Batlle y vemos elevarse a lo lejos el Obelisco en homenaje a los constituyentes de 1830.

Respiramos constitución, la vemos todos los días, igual que a la propia Universidad, donde 80 mil jóvenes concurren a diario y donde tantos otros miles pisaron los salones de los distintos servicios. Pero a veces la cotidianidad hace que lo común se vuelva olvido.

Vamos al Estadio que tan comúnmente llamamos “Centenario”, como si su nombre hubiera estado siempre allí, así como yo me llamo Matías y usted se llama como siempre se llamó. Pero no pensamos que el nombre del mítico “monumento al fútbol mundial” fue inaugurado un 18 de julio, en 1930, coincidiendo con el primer centenario de la Jura de la Constitución.

Quién no le indicó a alguien dónde quedaba el Banco de Seguros y le dijo “es ahí por Agraciada” (por Avenida del Libertador Brigadier General Juan Antonio Lavalleja), tan naturalmente como quien mira desde la vieja Plaza del Entrevero (Hoy Fabini) al monumental Palacio Legislativo que guarda en su seno celosamente el primer manuscrito constituyente. Ya de por sí el Palacio Legislativo es significado de legalidad, orden y gobierno, algo que establece el espíritu de la Constitución.

Pero el marco legal constitucional no son sólo edificios, calles y avenidas. La Constitución es la madre de todas las leyes. Es, como enseñan en sexto de liceo, la que está por encima de toda norma, la que nos organiza, defiende nuestras libertades y derechos, marca nuestras obligaciones ciudadanas.

 

Derechos

“La República Oriental del Uruguay es la asociación política de todos los habitantes comprendidos en su territorio”, dice en la sección I el capítulo primero de la Constitución.

Así comienza delimitando el primero de nuestros derechos: el ser ciudadanos. Este, claro está, luego nos dará las obligaciones, también delimitadas en primera instancia por la Constitución, que nació justo en el primer lustro de nuestro país como nación libre de todo poder extranjero. El 25 de agosto de 1825 se declaró la independencia del Estado Oriental y cinco años después, un 18 de julio, se juró la Constitución.

Aquella primera forma estatal, dominada por el caudillaje, era organizada por medio de asambleas de tipo representativas, que funcionaban de una forma similar al hoy conocido Poder Legislativo. En las funciones ejecutivas había un gobernador.

Varios historiadores coinciden en que la Constitución surgió gracias a un consenso entre Argentina y Brasil, en medio de la intervención inglesa. En 1828, la Convención Preliminar de Paz estableció los parámetros de la nueva Constitución, por lo que el momento político y geográfico fue fundamental para la convocatoria de una comisión que trabajó con el fin de redactarla.

 

Influencia

La influencia directa para los constituyentes fue el liberalismo francés. Se buscó un texto que hoy es considerado “perfecto” legalmente, pero que resultó apartado de la realidad social y política de la época. Algunos historiadores hacen referencia a la influencia de las leyes norteamericanas plasmadas en su Constitución. El conocimiento sobre leyes constitucionales de los primeros redactores era tal que, trabajaron también en las constituciones de Argentina y Chile. Tal vez, el más reconocido de los constituyentes fue José Ellauri, un estudioso de las leyes que contribuyó de forma notable en el armado del manuscrito legal.

El primer texto constitucional atendía las demandas primarias del país. Obligaba el control del Estado sobre la defensa interna y externa, la emisión de la moneda, dictar justicia, y la organización política-electoral. El Presidente de la República no era electo por voto directo, sino que consistía en una elección indirecta por parte del Parlamento.

Sus principales modificaciones fueron en el siglo XX. También en este siglo fue dejada de lado, cosa que también se repitió en el siglo antecesor.

 

La Universidad

La historia nos permite trasladarnos. De un lugar al otro, de un año a otro. Nos permite imaginar. ¿Cuál sería la realidad del país en 1830? Tal vez allí alguien imaginó posicionar al país al nivel de la vecina Argentina en materia educativa. El vecino país ya contaba, entre otras, con la Universidad de Córdoba, bastión de la cultura de la región.

Así fue que el presbítero Dámaso Antonio Larrañaga, por entonces senador de la República, tal como lo disponía la Constitución recientemente jurada, fue quien promovió la sanción de una ley de creación de una Universidad Pública, la cual fue llamada “Casa de Estudios”.

Este proyecto fue aprobado el día 8 de junio del año 1833.

Una vez aprobada esta ley, comenzaron a funcionar cinco cátedras tres años después. Las cátedras de matemáticas, latín y filosofía fueron aquellas primeras experiencias preparatorias para ingresar a las facultades de Teología.

 

Universidad Mayor

En mayo de 1838, el Presidente de la República de la época, Manuel Oribe, decretó que la “Casa de Estudios” pase a ser la “Universidad Mayor de la República”. Pero pronto se aproximaría la Guerra Grande que dividió al país y lo hundió en una profunda crisis económica y de dependencia internacional.

La historia da vueltas. Años antes la Constitución nos garantizaba un orden independiente, que hoy se plasma en el artículo dos del capítulo I: “Ella es y será para siempre libre e independiente de todo poder extranjero”.

Pero la Guerra Grande se extendió de 1839 a 1851 y dejó trunco el proyecto de crear una Ley Orgánica para la Universidad Mayor, el cual fuera presentado en el año 1838.

Fue recién en la década de 1840, que el Estado comenzó a debatir nuevamente la educación universitaria. Joaquín Suárez en su gobierno nacional, en los años 40 del siglo XIX instaló “El Gimnasio”, que de forma privada impartía educación Primaria y Secundaria. Pero no fue sino hasta el 14 de julio de 1849, que el propio Presidente Suárez, creó la Universidad de la República mediante un decreto. Esta creación se basaba en el proyecto inicial de Dámaso Antonio Larrañaga y su ley de la década de 1830.

 

Creación

Una vez que el Presidente Joaquín Suárez promulgó la ley de creación de la Universidad de la República, el 18 de julio de 1849 quedó formalmente instaurada. El acto oficial se realizó en la Iglesia de San Ignacio, asumiendo como primer rector el vicario apostólico Lorenzo Fernández, quien oficiaba como jefe de la Iglesia Nacional. Todavía el Estado estaba estrechamente ligado con la Iglesia, por lo que era común la relación entre las instituciones públicas y las religiosas. Esa primera formación de la Universidad de la República abarcaba la educación Primaria y Secundaria, además de la superior que llevaba como nombre “educación científica y profesional”. Esta educación superior se dividía entre las facultades de Teología, Ciencias Naturales y Medicina. La primera gobernación universitaria se repartía entre el rector, un consejo universitario y la sala de doctores, con la gestión y control del Poder Ejecutivo. Luego de aquellos primeros años de funcionamiento, la Universidad de la República sufrió las críticas de varios intelectuales en la década de 1870. Entre ellos estaba el reformador de la enseñanza, José Pedro Varela, que acusó a la institución superior de no darle cobertura a los niños de todo el país. Cabe rec
ordar que la Universidad integraba la enseñanza Primaria y Secundaria. Luego de concretarse la reforma vareliana en el “militarismo”, durante el gobierno de Lorenzo Latorre, la enseñanza primaria se separó de la Universidad.

 

Constitución y Universidad

Nuestra Universidad fue protagonista de grandes acontecimientos nacionales en sus 158 años de vida. Uno de los más importantes logros de la casa de estudios fue la consagración de su Ley Orgánica en el año 1958.

Sufrió varias reformas, y tuvo otros tantos intentos fallidos de mejoras, muchas veces limitados por los autoritarismos. Se resistió a las dictaduras, y luchó para defender al Estado democrático, sufriendo la impotencia de la intervención que padeció en la década del setenta del siglo pasado.

Por la Universidad pasaron las más grandes figuras intelectuales de nuestro país, como docentes, estudiantes y egresados, que tanto contribuyeron al Estado de derecho, impuesto desde la Constitución.

Cuando Larrañaga propuso crear una casa de estudios de nivel superior, la Constitución de la República comenzaba a transitar sus primeros y agitados años de existencia. Con un Presidente (Fructuoso Rivera) que la negaba, y una situación social compleja, el país iniciaba su larga lucha de sangre hacía la consolidación de un Estado de derecho. Una democracia viva gracias a la Constitución, una democracia defendida con su propia vida por la Universidad de la República. *

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