Así no
Yo respeto a la señora Elisa Carrió, Lilita para los amigos, ahora candidata presidencial a las elecciones argentinas de octubre.
Pero, como siempre digo, jamás renunciaré al libre ejercicio del pensamiento crítico. Y, a riesgo de equivocarme, debo decir que Lilita ¿la puedo llamar así, aunque no sea su amigo ni quiera serlo? pasó por Uruguay dejando más surcos que una máquina para hacer cunetas con los rulemanes desajustados. Una frase de las que propinó: «La única forma de cambiar las relaciones entre Argentina y Uruguay es que yo gane las elecciones». Otra: «Yo no comento acciones de mi gobierno en países ajenos, pero el presidente Kirchner no es un hombre razonable». Y estas joyitas, deslizadas durante una reunión con parlamentarios en Montevideo: «¿Y vos quién sos…? Sos joven y feo» (dirigiéndose al diputado Tabaré Hackembruch, cuyo pecado fue pedir la palabra); y a renglón seguido, «en cambio él es viejo pero lindo» (dirigiéndose al senador Rafael Michelini, quien en ese momento ingresaba al lugar portando su melena cuidadamente revuelta y sus seductores ojos claros).
No fue todo. También se le vio petulante, desconsiderada y hasta contradictoria con la prensa.
Nadie puede aducir que inadvirtió el paso por Uruguay más flaca, más oxigenado su falso pelo rubio, en un anadeo político inesperado y sin decir una sola cosa que valiera la pena de la tormenta huracanada Carrió. ¿A qué vino? Ah, bueno, eso es cuestión de lo que entienda cada quien. Si me preguntan a mí, fue al santísimo pedo.
Cansan estas actitudes tan sorprendentemente porteñas, estos desplantes, que a ella le desconocía, de dama progresista a la que aún se le nota, rancio, eso sí, el olor a aquel viejo patriciado que tanto despreciaba Sarmiento.
Creo que los legisladores uruguayos y mis colegas que decidieron seguirle el tren se merecían otro talante y más respeto.
Qué le vamos a hacer. No está cayendo nada estimulante desde el otro lado del río.
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