Tiene la palabra
No más subsidios para pacientes del Saint Bois
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Soy un paciente internado de la Colonia de los convalecientes Gusta 30 Saint Bois.
Estoy bajo tratamiento, por padecer tuberculosis, recurrí a la asistente social que pertenece a la Lucha contra la Tuberculosis, solicitándole una aclaración sobre un subsidio posible que le otorgaban a los enfermos. Pensando en las necesidades que tenemos: máquinas de afeitar, jabones, azúcar, yerba, té o café, ropa, una tableta de chocolate, etcétera.
La respuesta que me dio la señora asistente, encargada de este centro hospitalario, fue la siguiente: que la Comisión de la Lucha había resuelto tras un análisis dejar sin efecto el subsidio que corresponde a los enfermos debido a que los internados, una vez cobrado el monto asignado, lo gastaban en vino o drogas, lo cual provocaba incidentes de toda índole en la sala (de enfermos) por lo que Enfermería no podía controlar la situación. Por eso no hay más subsidios para nadie.
Lo que me hace pensar que ¡para la lucha! Somos todos (drogadictos o borrachos). ¿Si esto es justicia social ¡que viva la anarquía!
PD: Porque ¡nunca más! se paren las rotativas. Un abrazo fraternal a «la distancia».
Atentamente:
WOAR – C.I. 1.462.037-3
Desamparo de parte del BPS
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Quien suscribe Reina Pamela Arcosa Rodríguez, con C.I. 1.886.006-6, creo que ya agoté todos los recursos para pedir ayuda y auxilio. En el año 2002 mi esposo, Ariel Caleri Santullo, el 22 de setiembre se suicidó. Era un domingo a las cinco de la tarde; llegué a mi casa, abrí la puerta del cuarto y mi esposo estaba con el revólver en la mano tirado en la cama y lleno de sangre.
Esa imagen hasta hoy la tengo presente. Venía de muchos problemas en el trabajo, era funcionario del BPS con medallas y todo. Ingresó en el año 1975. Tenía dificultades con dos jerarcas: el Sr. Vieitez y el Sr. Conde ambos del BPS; a su vez un juicio con el abogado Dr. Alejandro Osimanis Cuevas, el cual yo paré cuando él falleció.
Mi esposo pedía su traslado de la Sección Préstamos a Pasivos, a una oficina sin atención al público, dado que se medicaba con 20 pastillas diarias de todos los colores y no podía dejar de trabajar ya que con su trabajo, vivíamos.
El traslado nunca le llegó a pesar de mandar cartas, presentar informes médicos que constataban que su pedido de traslado era por enfermedad, y no un capricho, que él quería trabajar pero su enfermedad no lo dejaba: uno, tratando de ocultar su estado psíquico, y otro, de no hacerme daño a mí, su esposa.
El psiquiatra Dr. Dagoberto Puppo, con quien Ariel se trataba, no entendía por qué el BPS no le otorgó en su momento el traslado de sección. Yo íntegramente culpo al BPS.
El Dr. John Burns, abogado del BPS, tal vez lo desmienta ahora en mi cara, me dijo que se cometió negligencia con mi esposo, pero que correspondía al otro gobierno, ¿y yo contenta y feliz me voy a mi casa?
Yo culpo al BPS por la negligencia con mi esposo: no creyeron en su enfermedad, no cuidaron a un funcionario de tantos años, fueron inhumanos y afectaron a una familia.
Ahora ya está; me dicen que hay que seguir adelante, pero no entienden que mi esposo era todo para mí, todo en todo.
Mi dieron una pensión por cinco años, ya se cumplen dentro de dos meses y no me senté a que pasara el tiempo; hablé, mandé cartas y nada.
Busco empleo y nada, ya no sé qué más hacer, pero lo que sí sé es que no voy a hacer lo mismo que mi esposo; yo no lo entiendo pero tampoco lo culpo, yo amo la vida y la voy a pelear hasta encontrar una solución. La Constitución de la República en algún artículo tiene que ampararme, yo no creo que las leyes se hagan para hacernos daños, de mí escapa saber eso porque no soy abogada, pero la Ley 16.713 art. 32, si mal no recuerdo, antes las pensiones eran vitalicias y, más aún, cuando el esposo fallecía, el puesto de trabajo lo heredaba la viuda; el Estado no desampara a nadie, no quiero creer que ahora sí.
Saluda a Uds. muy atentamente:
REINA PAMELA ARCOSA RODRIGUEZ – C.I.1.886.006-6
El sistema político uruguayo
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Hace ya más de doce años que LA REPUBLICA editó el libro «El Sistema Político Uruguayo» donde Alfredo Errandonea realizaba un estudio de la evolución política nacional en el siglo próximo pasado.
En el prólogo de ese libro el autor analizaba el resultado electoral de 1994 donde se veía el crecimiento del Frente Amplio acercando su votación a los de hasta ese momento partidos mayoritarios, y cuando aún no se había instituido la segunda elección (balotaje), en la Constitución de la República, demorando cinco años más la llegada del Frente Amplio al Poder Ejecutivo.
En el prólogo se afirmaba (página 17) «… los denominados «radicales»… en definitiva, probablemente los lleve a salir del Frente Amplio; hecho más o menos inevitable el día que la coalición alcance el gobierno».
Lustros después podemos comprobar el acierto de esa predicción. De hecho los «radicales» ya están fuera del Frente Amplio y votando, casi en la totalidad de los casos, en contra de las resoluciones que toman los organismos de dirección de la fuerza política.
A la torta le faltaba la frutilla y ésta aparece en la entrevista publicada en LA REPUBLICA del 4 de julio de 2007 donde un abogado se precandidatea a presidente de la República en una «izquierda» fuera del Frente Amplio.
GREGORIO ARSLANIAN – C.I. 879.061-7
Había una vez… una biblioteca
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Alrededor del 1º de abril de 2007 concurrí a la Biblioteca Nacional consultando el fichero por autor y obra. No figuraban en él dos librillos con prosa breve y poemas, editados en los años 2000 y 2002, de mi autoría, titulados «Temas en imágenes», ISBN 9974-39-248-9 y Depósito Legal 313.883. «Imágenes breves en temas en prosa», ISBN 9974-39-415-5 y Depósito Legal 313.890.
Cinco y siete años después de sus ediciones sin figurar en la Biblioteca Nacional. ¿Depósito Legal, entrega números y no controla?
Personalmente me informaron en dicha oficina, supongo que para comodidad de las empresas, que suelen asignar cantidad de números, siendo utilizados a medida que editan, lo que obliga a deducir que Depósito Legal ignora los títulos hasta que se depositan los libros; si se depositan. Parece ser, además, que alguna empresa editora utiliza números en poder de otras, cuando estas últimas les efectúan labores, inherentes a sus propias ediciones.
Las «Normas que Reglamentan»… Ley 13.835, artículos 191 a 193, la sección Departamento Legal de la Biblioteca Nacional, no las cumple.
En cuanto a la oficina otorgante del ISBN, aclaro: me informaron que no habían entrado los siguientes libros; los dos ya nombrados. «Las noches extrañas» con ISBN del 26 de agosto de 2005.
En la hora amarilla con ISBN del 03 de diciembre de 1996.
El 29 de marzo de 2007, hora 13 y 15, hablé con funcionaria cuyo nombre conservo, aclarándole sobre los dos últimos, dada su falta de información.
Tengo una anotación del 11 de abril 2007, que me informa: «Sobre el libro ‘Las noches extrañas’, la señorita X, me dijo «que se está procesando para pasar a sector lectura y que cree, cree, igual, sobre Algo… y unas gotas de miel».
Escribir, no da para presumir, pero sí, desear figurar dentro del Centro Cultural, hacia donde se pretendió llegar, atravesando períodos de ahorro, buscando en una edición económica, cristaliza
r esfuerzos y la más de las veces, dar el logro, al fácil precio de una sonrisa amistosa.
Porque esa fue la ganancia mayor en la mayoría de mis libros. Lo que es, reconocerse como raro bicho, en tiempos viejos y nuevos.
Creo, al razonar, que todo lo concerniente a una edición debe estar centralizado en una sola oficina.
Quien concurra a la Biblioteca Nacional, en un mostrador ISBN, al costado Depósito Legal, dando Nº, en formulario conteniendo datos iguales, o ampliados, al ISBN, pero un solo número, siguiendo el rastro de lo no entregado. Cuando ocurra la entrega, allí, en dicho sector, finalizar el círculo enviando a Sala de lectores y Biblioteca del Palacio Legislativo los libros que le correspondan.
Terminando, expreso, que el escritor no puede ni debe ser vigilante del proceso de su obra, existiendo oficinas al efecto, con funcionarios y sus mandos, a sueldo. Hoy mi problema, aparentemente, terminó, debiendo esperar un breve tiempo a fin de constatar que mi total de once títulos publicados, están en verdad, en el salón de lectura. Tal mi confianza.
ROUBI W. MARTINEZ CASAL – C.I. 429.807-9
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