Niños que crecen… y enseñan
Ellos mismos reconocen sus dificultades y conviven con ellas. Pero eso no quiere decir que bajen los brazos y abandonen sus objetivos o sus sueños. A veces asumen que «los otros» son superiores a ellos en cuanto a niveles de «inteligencia». Sin embargo, muestran su autoestima al reconocer sus propias dificultades. En ocasiones, la discriminación de algunas personas afecta aún más su rendimiento.
Camilo es un joven muy inteligente que concurre al CPT. Ya está en el grupo de nivel liceal, y asistió durante algunos años a la escuela pública. Sobre su experiencia en el sistema formal estatal dijo que llegó a sentir que los demás eran «más inteligentes» que él. Catalogó su experiencia educativa de entonces como «patética», tal vez a causa de la discriminación de los demás. En cambio, en el CPT «todos nos apoyamos», dijeron sus alumnos. Paula, una de las directoras del centro, lo confirmó: «Ellos se apoyan entre sí y eso es muy significativo para su propio crecimiento».
Camilo y el resto de los alumnos con problemas de aprendizaje que ingresan al sistema público se encuentran con un obstáculo común: la falta de atención personalizada de los docentes, que no suelen contar con capacitación específica en las diversas dificultades del desarrollo cognitivo de los estudiantes.
Como anunció LA REPUBLICA, desde este año los estudiantes sordos que concurren a la Universidad de la República tienen la oportunidad de contar con un intérprete, lo que es un gran avance, teniendo en cuenta que en nuestro país hay 15 mil personas sordas y no llega a media decena el número de estudiantes universitarios con esta dificultad, debido a la falta de atención en la institución.
Maestros capacitados
Esta situación de desamparo para los alumnos con dificultades físicas o de aprendizaje es contemplada, en su gran mayoría, por institutos privados y centros específicos que funcionan en el ámbito público. Uno de ellos es el CPT, ubicado en La Blanqueada, sobre la calle Sambucetti, a pocos metros de 8 de Octubre. Allí concurren a diario 36 alumnos con dificultades de aprendizaje.
«Muchos alumnos vienen de mañana aquí para que se atiendan sus dificultades y de tarde concurren a la escuela pública o privada», refirió Patricia, otra de las directoras. Uno de los objetivos de esta institución según dijeron sus directoras es que los niños puedan desarrollar allí sus potencialidades para después seguir rumbo a la educación formal.
«No es viable»
Patricia destacó la importancia de contar con maestros capacitados para atender a los alumnos con dificultades de aprendizaje. Esta posibilidad permite «que los alumnos que presentan las dificultades cuenten con la mayor atención posible sobre su problemática específica». Agregó que el centro que dirige trabaja con niños que pueden tener dificultades específicas o secundarias, «tales como trastornos en el ambiente o en su desarrollo que no dejan que el niño rinda lo esperado para su edad».
El CPT , si bien es un colegio privado que atiende a niños y jóvenes con dificultades específicas, se rige por los programas curriculares impuestos por la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP). La mecánica de trabajo es mediante módulos reducidos de hasta seis alumnos para que cada uno de los alumnos se desarrolle con una atención personalizada por parte de los docentes. Años atrás, las autoridades del CPT se presentaron ante la ANEP presentando su propuesta de trabajo, para que el mismo proyecto educativo que hoy llevan a cabo se desarrollara en el ámbito público. La respuesta que tuvieron fue que «no era viable», narró Patricia. La plantilla docente con la que se maneja hoy el instituto es de 17 profesionales. «Esto requiere una infraestructura importante», declaró la directora. Tal vez esa fuera una de las razones de la negativa de la administración pública.
Explorando el potencial
Camilo es alto, atento, serio a primera vista. Su dificultad para el aprendizaje quedó de lado tras una aclaración de una de las maestras directoras del centro. «Una de las habilidades de Camilo, quien integra el grupo de jóvenes, es la matemática», acotó Paula. Según la docente, «Camilo y Matthew son dos ingenieros: les gusta investigar, descubrir cosas». Ellos no se opusieron a la definición, a pesar de que Matthew cursa la educación primaria y Camilo la secundaria.
Camilo, Jessica, María Fernanda, Matthew, Agustín y Matías resaltaron las artes como una de sus actividades favoritas. Recordaron una oportunidad en que trabajaron con la murga «Agarrate Catalina» y hasta prometieron reeditar aquella experiencia con una invitación a LA REPUBLICA, para demostrar su talento sobre el escenario.
Conocimiento claro
Al ingresar los estudiantes a la sala donde realizábamos la entrevista con ambas directoras, cada uno de ellos saludó al periodista estrechando su mano muy respetuosamente. Camilo, Jessica y María Fernanda, quienes integran el grupo de jóvenes, escoltaban a Matthew, Cristian, Agustín y Matías, quienes cursan primaria. Cristian fue el primero en entrar. Le preguntamos cuál era su dificultad en el aprendizaje y contestó: «Me cuesta escuchar». Nosotros, convencidos de que tenía una dificultad auditiva, le preguntamos (elevando la voz) qué trabajo realizaba en la escuela para superarse. Antes de que respondiera, Paula aclaró: «No tiene problemas auditivos, es hiperactivo». Cristian, como sus compañeros, trabaja a diario para superar sus dificultades, integrarse y aprender. Los docentes se esmeran para conocer las necesidades de sus alumnos. «Cuando vienen por primera vez aquí hacemos un diagnóstico previo, basándonos en toda la historia del niño, desde el embarazo hasta el momento que vinieron con nosotros», explicó Paula.
El objetivo es «tener un claro conocimiento de cuál es la patología del niño, las capacidades y el modo de respuesta ante esta patología». Desde el momento en que se conoce la dificultad específica, utilizando una metodología de trabajo adecuado comienzan «a trabajar con ellos en el desarrollo de sus propias capacidades, sobre todo de las más débiles». Los niños y adolescentes del instituto regresaron a clases, no sin antes tomarse una foto. Luego agradecieron nuestra presencia, con la misma gentileza y atención del principio. *
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