
En la mañana de ayer se realizó en la Sala de Actos del Edificio Libertad la conferencia titulada “Geopolíticas de las drogas”.
Alain Labrousse, especialista mundial en el tema, fundador y director del Observatorio Geopolítico de las Drogas en el período 1990-2000 compartió información sobre la lucha de poderes que se desarrollan sobre las rutas donde los países productores trasladan droga a las naciones consumidoras.
El experto explicó la situación del narcotráfico en América Latina y el papel de Estados Unidos. Marcó la diferencia entre los países productores y los consumidores, pero enfatizó que, a pesar de la lucha aparente, el mercado del narcotráfico creció mucho en los últimos diez años, fundamentalmente en Colombia y Afganistán.
El encuentro contó con la presencia del secretario de la Junta Nacional de Drogas (JND), Milton Romani, además de funcionarios, militares y personas interesadas en indagar más sobre el tema.
“La economía mundial tiene una alta dependencia de los dólares provenientes del narcotráfico”, afirmó Milton Romani. Esto produce que el comercio de la venta de drogas continúe en expansión, a pesar del daños que causa a los consumidores y a las sociedades en general.
El secretario de la JND explicó que es necesario distribuir las responsabilidades. “Existe una dicotomía injusta entre países productores y consumidores. Se hace hincapié en los países productores, pero todos los que están involucrados funcionan como eslabones de la cadena. Uruguay es un eslabón, puesto que participa en el lavado de dinero”, explicó.
Las relaciones internacionales están basadas en las luchas del poder por el control del territorio donde crece y se transforma la droga. A esto se denomina geopolíticas. La lucha se fundamenta porque tres de las cuatro grandes familias de drogas excepto las sintéticas, que se fabrican en pequeños laboratorios se elaboran a partir de plantas que crecen en la tierra.
Además, complican el enfrentamiento las rutas por donde pasa la droga. A mediados de los años 90 Estados Unidos desarrolló un plan para reducir las zonas donde predominaba el cultivo. Para ello, entre otras cosas, fumigó vía aérea cientos de hectáreas, “lo que produjo problemas ambientales”, subrayó Labrousse.
A pesar del “Plan Colombia”, en el cual millones de cultivos ilícitos fueron destruidos en diez años, el valor de esta mercancía se incrementó, así como el negocio del narcotráfico.
En América son tres los principales países productores de plantaciones y materia prima que luego se convierte en droga: Colombia, Bolivia y Perú. No obstante, casi todos ignoran que a mediados de los años 90 “ocurrió una redistribución del papel que tenían estos tres países. Antiguamente Perú era el primer productor mundial de hoja de coca y de pasta base”, relató el francés. Sin embargo, la lucha de poder logró que ese primer puesto hoy lo ocupe Colombia.
A comienzo de la década pasada Perú tenía 120 mil hectáreas ilegales, sumadas a unas 15 mil legales para el consumo de la población indígena. Bolivia contaba con 50 hectáreas ilegales. Colombia, en cambio, aumentó de 15 mil a 40 mil su número de hectáreas en el período comprendido entre la década de los 80 y mediados de los 90. Un motivo determinante del incremento fue la importante emigración de colombianos a Estados Unidos. En ese momento, las redes de tráfico se expandieron. La cifra de hectáreas había alcanzado en los últimos años las 160 mil, pero luego se redujo a causa de la implementación del “Plan Colombia”.
En la actualidad el país tiene casi 80 mil hectáreas de cultivo, pero los productores han desarrollado técnicas que permiten mayor explotación en igual cantidad de metros cuadrados.
En el mercado actual, el 70% de la producción de cocaína corresponde a Colombia, mientras que en Afganistán se produce el 90% de la producción mundial de heroína
El sociólogo francés reconoció que a pesar de ser fundamental un abordaje profundo de la problemática en todos los países “los intereses geoestratégicos son más importantes que la lucha contra la droga”.
Labrousse dijo que en el mundo actual “los estados combaten a las drogas, nadie quiere que sus hijos consuman, pero cuando hay contradicción entre los intereses de la lucha contra la droga y los intereses económicos las grandes potencias siempre prefieren estos últimos”. *
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