Locura
Chiste viejo, pero viene al pelo. En la sala de un manicomio cuatro internados juegan al truco, mientras otro está sentado encima de un armario. Entra el médico y pregunta:
-¿Y aquél que hace?
-Está loco -le contestan-. ¡Cree que es una lámpara!
-A ver, -dice el médico- ¡baje enseguida de ahí!
-Pero doctor… se desesperan los otros- ¡Sin luz no podemos jugar!
Los del truco son los piqueteros de Gualeguaychú y el que se cree una lámpara es el impresentable Busti.
Los piqueteros han declarado una guerra absurda, llevando la imbecilidad al grado de ser plausible como tesis para el master de Oxford en antropología de la esquizofrenia social. Busti -que ahora los financia sin disimulo- entra en la categoría de los que inventan disparates, como aquellos locos, estudiados por Emilio Mira y López, que decían tener lenguaje propio, «ideas trasmetalizadas por el estado helicoidal» y ver «estrumigencias».
No tienen gollete.
He hecho consultas. Los especialistas me han dicho que ambos niveles de demencia dan la impresión de que los sujetos «no sienten lo que dicen o no dicen lo que sienten».
¡Ah, me quedo más tranquilo!
¿Se puede parar esto? Hace medio siglo, Paul Reps, analizando la psicología Zen, afirmó que para curar ciertas patologías mentales bastaría alcanzar una intensa conciencia de lo que ocurre dentro y fuera de uno, mediante ejercicios que faciliten la comprensión de la realidad. La pregunta es si esta corriente del conocimiento habrá llegado a Entre Ríos, siquiera aprovechando cuando se pasaba en balsa.
Aun en la duda, ¿qué más hay a mano? No creo que las cosas cambien demasiado si el matrimonio feudal -Chirolita y la fogosa- se sale con la suya en octubre.
Haríamos bien si empezamos a tomar en serio la guerra que nos han declarado, por más absurda e imbécil que sea.
Eso sí, ¡nada de La Haya! Es mejor que Lafluff envíe voluntarios disfrazados de sacerdotes Zen. ¡En una de esas bajan al loco del armario y les apagan la luz a los otros! *
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