Calendiario
1976 .- Juan María Bordaberry, el civil que oficiaba de dictador, lleva meses intentando convencer a los militares sobre cómo debe ser su democracia. Tiene sus representantes, Walter Ravenna, Adolfo Cardozo Guani y Alvaro Pacheco Seré. Estos intentan doblegar a los militares, duros como pocos, que tienen como voceros a los generales Gregorio «Goyo» Alvarez y Eduardo Zubía, al contralmirante Hugo León Márquez y al brigadier general Raúl Bendahan.
Los caminos se van cerrando por lo que, tras seis reuniones frustradas, llega a pensar en probar su fuerza golpeando a los golpistas.
Sus pensamientos van y vienen pero en cada vuelta encuentran algún escollo porque inicia el análisis de la situación y encuentra que nadie tiene deseos de acompañarle, de apoyarlo, de mantenerlo en ese lugar.
Este día, siente como un serrucho debajo de su sillón presidencial. Por las dudas, prepara un ultimátum: si no aceptan sus propuestas renunciará. Este documento lo presentará dentro de 48 horas de insomnio.
Por supuesto que el día 12 los mandos castrenses no son flexibles y quien renuncia pues renuncia y así le dirán que se vaya ya que, en los hechos, su figura no representa a nadie. O sea, le habían pasado los 15 minutos de fama.
Si bien algunos historiadores hablan de cómo Bordaberry atrajo a los militares hacia la dictadura, que ellos cayeron en su red, vale precisar que le tomaron tanto el gusto a mandar que no tienen empacho alguno en decirle «chau». Ya llegaremos a esa despedida.
FELIZ DIARIO
1952.- Nace Víctor Juncal, compositor tropical
1953.– Nace Julio Barboza, también compositor tropicalero y carnavalero. No tiene límites ya que recorre el beat como el bolero o la cumbia.
1957.– Nace Sebastián da Silva, licenciado en Relaciones Internacionales y técnico en Comercio Internacional e Integración. En política con la 903 acompañando a Alvaro Alonso. Es Diputado por el Partido Nacional y por Montevideo, desde 2000.
1961. Nace José Abirab, compositor en candombes y cumbias.
LO PIENSO, LO DIGO
«Un buen político es aquel que, tras haber sido comprado, sigue siendo comprable» Winston Churchill, inglés que supo de buenos y malos tiempos en política.
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