PRODUCTO URUGUAYO A PRUEBA DE ERRORES MEDICOS

Un sistema para morirse seguro

No hace mucho, en el Hospital Evangélico una mujer que había sido dada por muerta se despertó en la morgue. Tuvo verdadera suerte, y volvió con su familia. Si ya hubiera pasado a ser parte del cementerio, en cambio, seguramente no habría tenido la buena fortuna de vivir para contarlo.

Los casos de personas enterradas por error se sucedieron a lo largo de la historia, y fueron alimentados por otros tantos mitos. Generalmente, se descubrían cuando los familiares del fallecido abrían el ataúd para mover los restos o reducirlos, y se encontraban con que el cadáver se había movido de lugar.

El uruguayo Antonio Macre patentó, en el año 2001, un sistema que, a través de un mecanismo sencillo, advierte a los que están fuera que dentro del ataúd la persona sigue con vida. El sistema funcionaría a través de una central ubicada en el cementerio y dos sensores. Uno de ellos se adheriría al cuerpo y otro al cajón. Al menor movimiento saltaría la alarma, y en el momento se podría verificar lo sucedido.

 

A prueba de profanaciones y hurtos

«Este sistema evita la profanación de las tumbas y el hurto de elementos valiosos de los ataúdes», dijo Macre a LA REPUBLICA. El monitoreo sería constante, durante las 24 horas, tal como el de una empresa de seguridad.

«La Intendencia Municipal de Montevideo nos dio el apoyo y estamos autorizados a usarlo», explicó el inventor. En su opinión, el sistema sería económico -costaría alrededor de 25 pesos uruguayos por persona- y podría constituir uno de los tantos servicios que ofrecen las empresas fúnebres.

 

Casos espeluznantes

Benito Jerónimo Feijó (1676-1764), filósofo español, relata uno de éstos en sus memorias. Un escribano sufrió un accidente en un camino de Galicia. «Después de las comunes pruebas para ver si estaba vivo o no, fue juzgado muerto, y le enterraron, pasadas catorce horas no más, después del accidente. Al día siguiente se notó que la lápida que le cubría estaba levantada tres o cuatro dedos sobre el nivel del pavimento», cuenta Feijó.

Como consecuencia, se abrió la tumba y se encontró el cadáver ladeado «y un hombro puesto en amago de forcejear contra el peso que le oprimía».

Las historias se repiten en todo el mundo.

En China, en el año 2004 los médicos decretaron la muerte de un diabético de 40 años y lo enterraron. Por suerte, al ser visitado por su esposa esa misma noche, ella escuchó que su marido hablaba y fue liberado. *

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