19 AÑOS METIENDO LA PLUMA EN LA HERIDA

La nueva estrategia de LA REPUBLICA

El 3 de mayo pasado alcanzamos los 19 años de vida. La republiquita de aquel lejano y traumático 1988 pasó a ser hoy LA REPUBLICA, el diario diferente que por primera vez ubicó a la prensa de izquierda uruguaya en el podio de la circulación nacional disputándole hegemonía de igual a igual a la omnipotente prensa grande (grande por el tamaño de su poder económico y la magnitud de sus traiciones a la democracia y a la sociedad civil a la que debió servir) que nunca pudo ser desalojada, hasta ahora, de un sitial inmerecido y tramposo.

Llegamos sin pedirles permiso, tras sortear la suerte de 52 clausuras y confiscaciones de los 5 diarios que precedieron a LA REPUBLICA y que me honré en dirigir, poniendo en duda la legitimidad de la hegemonía de la prensa del poder, que intentó sin éxito hacernos desaparecer de la plaza pública como también lo intentó en estas dos décadas contra el molesto tábano en que se convirtió el diario plural.

Estos 19 años aireando la vida pública del país, en guerra contra el secreto, dando voz a los que no la tienen, metiendo la pluma en la herida y acotando al poder centenario, no sólo sirvieron para abrir las puertas del gran torrente popular que cambió 150 años de historia patria, sino que además sirvieron para cambiar las reglas del juego de la dominación informativa, que al perder el monopolio de la prensa diaria, no tuvo más remedio que disimular en algo su pensamiento único, su información única, sus espacios únicamente abiertos a los de su única estirpe.

Creemos y no es poca cosa haber contribuido a que los tres diarios que comparten con el diario plural la circulación nacional cotidiana, y coinciden con el proyecto conservador, se dieran cuenta que ya no están solos y están obligados a respetar a sus lectores y admitir otras noticias que no son de su agrado.

Hoy, aún siendo tercos y mezquinos opositores al gobierno popular, deben respetar las reglas del juego de un mínimo pluralismo informativo, antes inexistente en la historia de la prensa oligárquica uruguaya.

Estamos orgullosos y descontentos a la vez con nuestros 19 años de un periodismo puesto al servicio de la gente y de las ideas del cambio contra el orden inmutable y al servicio de las ideas de un humanismo solidario que privilegia el desarrollo de las personas por sobre el desarrollo de las cosas y que en última instancia procura convertir en más iguales a los desiguales.

Y si bien fuimos tozudos, porfiados y coherentes con ese pensamiento, aún no hemos podido decir ¡Misión cumplida!, al no haber llevado aún a buen puerto el compromiso que asumimos en nuestro editorial fundacional del 3 de mayo de 1988, de construir con pasiones y razones el «gran diario» que se merece este país. Porque podemos, pese a todas las fuerzas coaligadas en nuestra contra, entre las que se encuentran las que más nos duelen, algunas astillas enfermas que provienen del mismo palo, haber logrado el primer lugar de la circulación en días hábiles, incluso hasta algunos podrán creer que hacemos el mejor diario o el mejor orientado o el más fiel a sus ideas de siempre. Pero hacer el mejor diario no es hacer el gran diario uruguayo, tarea aún pendiente. Ser tuerto en medio de ciegos no nos alivia la culpa.

Y si bien 20 años no es nada, pese a la febril mirada aún nos queda un año más para aproximarnos a nuestro objetivo soñado: construir en dos décadas el gran diario uruguayo, al servicio de la gente y de ese sueño milenario de justicia y libertad que no otra cosa es el humanismo socialista.

Aun tenemos un año para poder aproximarnos al diario inteligente, de mirada profunda, de explicaciones y no de consignas, al diario intenso más que extenso, al diario que cree que las palabras no son poderosas y que la información no es poderosa, que lo único poderoso es el conocimiento y que no puede existir otro afán en nuestra raza de periodistas que el de convertir la información en conocimiento y éste en herramienta para convivir con los demás.

Fuimos todas las mañanas de estos 19 años el observatorio crítico escrito de la sociedad civil. Pero eso no fue suficiente. No supimos aprovechar que en la prensa diaria, cuando irrumpimos en ella, no había vitalidad, imaginación, color (el que importa, el surgido de la inteligencia y el humor) ni esencialidad. Entramos en la liza, rodeados de diarios que se regodeaban en ejercer un periodismo conventillo, un periodismo que practicaba la nada.

Cuando volvimos del exilio contemplamos con tristeza el dramático empobrecimiento de los recursos expresivos en la prensa. La utilización magra de un reducidísimo número de sustantivos, adjetivos y verbos. Una patética gramática rodeada de pobres vocablos atornillados en frases mal construidas predominaba en las redacciones de los diarios.

Poco contribuimos en mejorar esta situación, aunque por lo menos tuvimos el dudoso mérito de advertirlo públicamente en aquellas épocas donde se notaba el estrago que la dictadura había producido en las redacciones sometidas, tan distintas a las redacciones bohemias de las décadas del 50 y de los 60 donde aprendíamos castellano sin darnos cuenta, mientras remontábamos vuelo con el corazón de un relato. ¡Cuánto extraño esas redacciones de cronistas narradores, de cronistas escritores, donde los artículos tenían la misma capacidad de seducción de los grandes textos literarios. Donde trabajaban de periodistas, nada menos que Onetti, Benedetti y Galeano como en otras redacciones de otras tierras lo hacían García Márquez (¡cómo me gustaría tenerlo de cronista policial!), Borges, Cortázar, Neruda, Gelman, Vallejo, Huidobro, Asturias, Vargas Llosa (la derecha también produce buenos cronistas), sin olvidarme de Octavio Paz y Carlos Fuentes entre tantos y tantos que desparramaron el fuego sagrado del periodismo en las redacciones vocacionales. Todos los grandes escritores latinoamericanos fueron alguna vez periodistas, cronistas o editorialistas. No todo periodista debe serlo, pero sí debe intentar comprender que pisar una redacción es como pisar el templo del papel, de la escritura y de la lectura, esa necesidad biológica del ser humano que ha resistido todos los embates, incluso los del mundo digital que siguen anunciando vanamente el fin definitivo de todos los Gutemberg que en el mundo han sido.

Porque me niego a darle la razón al genio de Oscar Wilde que en un momento de ofuscación con un cronista londinense, estigmatizó nuestra profesión con su célebre anatema: «periodista es aquella persona que por un percance de su juventud no pudo dedicarse a otra cosa».

LA REPUBLICA este último año ha inyectado en su redacción una nueva camada de periodistas que unidos a los veteranos y con el apoyo intelectual y tecnológico complementario intentará, al llegar al inicio de nuestra tercer década de existencia, presentar rasgos esenciales del gran diario uruguayo que prometimos. Así lo creemos y así lo apostamos.

Los ejes del salto de la epidermis a la entraña son la nueva savia, las nuevas tecnologías y la alianza entre narración y conocimiento.

Es más barato «saber lo mismo» mirando televisión o escuchando radio que comprar un diario. La única salida de la prensa es que «no sepan lo mismo».

La gente ya no compra diarios para informarse sino para entender. Y para entender se requiere que los conocimientos de un periodista no sean a veces un océano de 15 centímetros de profundidad, cómo escuché decir a alguien alguna vez, no me acuerdo dónde. También se requiere que su credibilidad sea sólida. Los periodistas deben ser más creíbles que los adivinos. Y además la gente quiere entender y creer, acompañada del gozo de la lectura, como antaño se disfrutaba. La narración debiera ser la nueva estrategia de los diarios. En un diario, por lo menos en el nuestro, debiera haber por lo menos todos los días una crónica creíble y confiable que hipnotice al lector y por lo menos tres historias bien narradas.

Porque el periodismo no debe ser un mero
modo de ganarse la vida sino un recurso para ganar la vida.

La lectura del diario, como diría Hegel, debe ser la oración matinal del hombre moderno.

En eso estamos.

Hasta el 3 de mayo de 2008 donde probaremos que 20 años fue algo. *

(*) Director

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