Escrito por: Antonio Pippo
El Partido Colorado se parece cada día más al café de doña Rosa, escenario de “La colmena”, de Cela.
De un lado la mesa de los pudientes, que toman anís y se fuman algún purito hay abundancia de candidatos.
Tabaré Viera, fronterizo pero mundano, raramente quieto su entrecano jopo y anteojos de intelectual, quiere serlo y lo ha proclamado con tono de primorosa cautela aunque bien erecto.
Washington Abdala, legislador sapiente que fue soldado del otrora generalísimo cejudo, también quiere serlo y lo ha dicho con gestos y verba electrizantes, enchufado el optimismo a 220 voltios.
Luis Hierro López, con rostro pétreo de imperturbable barba canosa, no lo ha confesado, prudente y observador, pero hasta en el quiosco del barrio lo metieron en la lista.
Estos honorables aspirantes a levantar el muerto están incómodos como si se hubiesen sentado sobre un ladrillo caliente. Es que su líder, experto en ajedrez dialéctico, les ha dicho que no será candidato, al tiempo que ha sugerido, elípticamente, pasarse por las entretelas las elecciones internas.
Del otro lado la mesa de los bulliciosos, que beben vermú y aspiran algún medio pitillo alguien ha resucitado.
Jorge Batlle, virtualmente octogenario y que debió irse de la estación Carnelli a su apartamento a leer a García Márquez, ha revelado que todavía está en el andén y puede tomar el tren que más le convenga.
José Amorín, a quien le gustaría sacar su calvita al sol, lo ha aceptado con esa sonrisa tan contagiosa que a veces sugiere un acto de contrición, por adelantado o por las dudas. De Alejandro Atchugarry, Isaac Alfie y Eduardo Zaidenzstat poco se sabe, salvo que otean el horizonte… ¿hasta que el tiempo haga su obra?
Y sí, hoy el Partido Colorado es el café de doña Rosa: “Acodados sobre el viejo, costroso mármol de los veladores, los clientes ven pasar a la dueña, casi sin mirarla ya, mientras piensan en ese mundo que, ¡ay! no fue lo que pudo haber sido”.
¿Mañana? Quién sabe. *
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