La victoria de educar desde el corazón
En 1999 Silvia Martínez, la autora del libro «La victoria de Victoria», tuvo que afrontar una situación que la hizo encontrarse con sus miedos y combatirlos. Eso desembocó en el encuentro de su propio camino. Un camino que fue guiado por una alumna muy especial, Victoria, una chica con Síndrome de Down.
Silvia es maestra en el medio rural. En 1989 se divorció de su esposo y de ahí en más la vida se le hizo cuesta arriba.
Al encontrar a Victoria, comenzó a recorrer un camino que la llevó al aprendizaje. El registro de todo lo que descubrió lo escribió en apuntes y hojas sueltas, que luego se transformaron en el libro que publicó Ediciones Todovida.
«A través del libro yo voy mostrando mi propio recorrido. No pretendo de ninguna manera indicar un único camino a seguir; cada persona tiene que encontrarlo. Lo que hago en el libro es compartir el mío con los demás. El camino es personal, está dentro de uno y es como una madeja: uno tiene que ir desenrollándolo, desanudándolo y desplegándolo», explicó la autora.
En la obra también se cuenta el recorrido emprendido por Victoria y guiado por Silvia, que era su maestra. Mediante el reconocimiento de la niña y la aceptación de las diferencias esenciales y accidentales entre ambas, transitaron un año que les cambió la vida.
Para iniciar el recorrido, Silvia tuvo que conocerse a ella misma. En su opinión, esa es la única forma de conocer a quienes nos rodean. «¿Cómo voy a conocer a los demás si tengo un inconsciente personal cerrado con 400 candados? Es imposible hacerlo si no lo abro», sostuvo.
De la mano de Victoria, Silvia recorrió heridas profundas. Mientras tanto, en su rol de maestra, también guiaba a la niña.
«Yo estuve en el lugar de maestra y guía. Integré a Victoria como una más al grupo. En un jardín donde todos somos diferentes había que aceptar la llegada de una nueva flor, que antes estaba en otros jardines. Ahora estaba con nosotros y la teníamos que integrar, pero antes de eso era necesario aceptar que todos tenemos capacidades diferentes», recordó.
Silvia asegura que asumir las diferencias permite el nacimiento de los talentos que cada persona tiene, que en muchas ocasiones son reprimidos, a tal punto que ni siquiera se los descubre. Por eso explicó: «Si yo entiendo que el clavel del aire vive lejos de la tierra y lo acepto, porque comprendo su diferencia esencial, lo voy a dejar en el mismo sitio. Pero si yo lo planto en la tierra o lo coloco en el agua le va a ir muy mal. De acuerdo a la esencia de cada niño y de cada ser, es necesario tener un lugar donde crecer, donde desplegar todos los dones y talentos originales».
Diferencias que saltan a simple vista
«La túnica y la moña son el uniforme con el que se intenta cubrir las diferencias… ¿Qué diferencias? ¿Las económicas, las sociales, las religiosas, las políticas, o aquellas que conforman nuestra propia naturaleza única y diversa?». En este extracto tomado del libro «La victoria de Victoria» queda en evidencia la postura de la autora frente a la homogeneidad y la censura que existen ante la diversidad. Según Silvia, las diferencias se cubren, «pero el tema principal es que los niños no son tontos. Actúan simulando que son todos igualitos, pero saben que eso es una mentira». En opinión de la autora, lo que nos hace distintos no sólo no debería «ser tapado», sino que además «tendría que ser explotado de manera de respetar la diversidad esencial de las personas».
Educación desde el hemisferio derecho
A nivel educativo, Silvia Martínez plantea que vivimos en una cultura «donde tenemos modelos ideales», pero educar para encajar a los chicos en ese modelo no es lo correcto. En Uruguay la pedagogía todavía está basada en la hegemonía del hemisferio izquierdo y sus capacidades. Es decir, prima lo racional, lógico, matemático y analítico. Queda rezagado el hemisferio derecho, que conlleva lo holístico, lo gestáltico, lo emocional, la posibilidad de la mirada y de la entrada directa hacia el inconsciente.
Silvia asegura que ésta la forma en que finalmente se llega al inconsciente y al respeto de la esencia de todas las personas.
La maestra plantea la necesidad de una educación alternativa, «que va y viene», aunque no en un solo sentido, sino del interior al exterior y viceversa. De esa forma «permite que el inconsciente emerja».
Si bien Silvia advierte que en nuestro país predominan las experiencias racionales, considera que ya se está empezando «a sentir el cosquilleo de otras inquietudes, principalmente en las nuevas generaciones». La docente tiene la esperanza de que, gracias a ese «cosquilleo», educadores de distintos rubros se animen a zambullirse en nuevos caminos que permitan un cambio en la formación de las personas. *
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