El mercado

Tratemos de observar algunos asuntos referidos al papel del mercado en un proyecto socialista. La «clase obrera» no sólo es productora: es también consumidora de bienes, servicios y, muchas veces, de arbitrariedades y venenos. Tiene familia, amigos, hijos, abuelos… Y debe ir al almacén y a las oficinas de, pongamos, la UTE (que obviamente en el futuro será administrada en cada barrio por sus vecinos y no por el lejanísimo Palacio de la Luz, como ahora).

No puede ser que liberada de la explotación en el taller, la sufra o sufra cualquier otra opresión cuando se va para el lugar donde vive.

No puede ser tampoco que desde su «taller» le brinde a la sociedad un buen trabajo, un buen servicio, un excelente bien y, cuando va a comprar o a recibir lo que le ofrecen los de otros «talleres», reciba obligatoriamente (porque no hay mercado sino planificación central) los mamarrachos y oprobios «producidos» por burócratas. Encima, sin derecho a protestar o, en el mejor de los casos, con derecho al «pataleo» en alguna reunión inoperante y copada.

No se ha inventado todavía mejor modo de reprimir las citadas lacras, que el mercado. Donde cada trabajador, y su familia, pueda elegir lo que le ofrecen otros trabajadores.

Y si alguna empresa se funde por causa de vagancia u otras ineficiencias parecidas, que se funda en muy buena hora. Porque como ya se dijo, no podemos concebir el socialismo como jauja que subsidia y fomenta parásitos.

Habrá Renta Básica Universal, escuelas para mejor formarse y trabajo disponible. El que no quiera trabajar o trabaje mal podrá vivir con «lo justo» y no tendrá el más mínimo derecho a quejarse porque otros vivan «mejor». Todo lo contrario. Porque la sociedad socialista será una lucha conjunta y solidaria para romper las cadenas de las carencias materiales.

En realidad ya desde el capitalismo pero especialmente en el socialismo sólo debería haber nada más que tres sectores muy privilegiados: la niñez, los enfermos y los ancianos. Nada ni nadie más.

La «Renta Básica», para que no sea un nido de burócratas y por lo tanto resulte más barata, deberá ser Universal. Ella también debe comenzar a regir en el capitalismo y cuanto antes. Diríamos que como tantas otras esa no es «tarea» histórica del socialismo.

Hoy mismo y en el Uruguay cabe sospechar que ni los capitalistas han sacado bien las cuentas. Nosotros tampoco.

Debe ser Universal en el sentido de que cualquier persona desde que nace pueda cobrarla con sólo presentar la cédula de identidad en cualquier «red de pagos» (en el caso de los niños, la madre). Y debiera ser igual para todos sea cual sea la edad y los demás ingresos (existirá obviamente el impuesto a la renta). No se le preguntará nada a nadie y no habrá que hacer ningún trámite en ningún lado. El ahorro en gastos administrativos y de funcionamiento, infraestructuras estériles, trabajo inútil, coimas, humillaciones, doble moral, averiguaciones, controles y el resto de un larguísimo etcétera, es ya, desde el principio, una buena fuente de financiación para la Renta Básica Universal.

La eliminación por ende de una larguísima y a veces complicada lista de gastos sociales: seguro de paro, comedores escolares, comedores públicos, asignaciones familiares, planes de invierno, «hogares constituidos», planes de emergencia y un largo etcétera al que también deben agregarse como en el caso anterior los gastos administrativos y otro etcétera de diversos gastos lícitos o no y demás pérdidas para proporcionar dichos servicios asistenciales sería, lo es ya ahora, otra gran fuente de financiación.

La eliminación de un vasto cúmulo de «externalidades»: delitos, gastos judiciales, policiales, carcelarios, sanitarios, los de la minoridad abandonada, etcétera, junto a las terribles consecuencias físicas y espirituales de la miseria tanto entre las víctimas como entre la población en general, deberían estimarse rigurosamente para conocer a cuánto ascendería esa otra fuente de «ingreso» gracias a la Renta Básica Universal.

La dinamización de la economía por dicha Renta pero especialmente por la cantidad de fuerza laboral que vacante de las oficinas y servicios citados podrá volcarse a la producción de bienes, es otra cuenta a sacar para averiguar si hoy mismo no estamos ya en condiciones de comenzar a aplicar la Renta Básica Universal como modo de, también y por añadidura, mejorar la competitividad del país, como dicen algunos.

Ya existen algunos «tramos», y se están votando otros, de Renta Básica. Por ejemplo las pensiones a la vejez, y otras pensiones, los demás casos ya citados, la parte fiscal y financiera destinada al Sistema Integrado de Salud, etcétera. No estamos hablando entonces de algo desconocido. Pero por ser «tramos» y por otras condicionantes a veces muy complejas, se requieren vastos aparatos administrativos y de control dejando, para colmo, las puertas abiertas a todo tipo de «falsedades» y maniobras que, a su vez y en círculo vicioso genera una nutrida fauna de «gestores», «paragestores» y auxiliares de «gestoría» que además de vivir de eso vive para eso: dedica sus mejores neuronas y creatividades, sus mayores esfuerzos y hasta sacrificios, a inventar incesantemente trampas, evasiones, invasiones, obstrucciones, intrusiones, destrucciones y toda otra forma de vivir a costillas de los demás y en especial de los intersticios recónditos del Estado.

Se le disipa por un lado y de ese modo a Uruguay la materia gris, el talento y hasta la genialidad de muchos de sus pobladores y por otro también se le disipa lo mismo cuando el resto debe vivir pensando cómo hacer para controlar, descubrir, evitar o al final pagarle, a los primeros.

Observando con sorpresa y admiración algunos casos de antología en la materia (Uruguay los produce en abundancia) hemos llegado a pensar que si el genio indiscutible de las personas que los idearon hubiera estado ocupado en, por ejemplo, la informática, Bill Gates no habría pasado más allá de pobre diablo.

Hablando pronto y mal: si tanto jodedor dedicara su cerebro a producir, es probable que ganara más y es seguro que Uruguay sería muy competitivo…

El mercado será necesario en el socialismo y tanto que hasta en el caso de las pocas empresas públicas que sea imprescindible tener, lo aconsejable será tener dos o tres para que deban competir entre sí. Bajo apercibimiento. *

(*) Senador nacional; escritor

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