La historia vuelve a repetirse
El caso sucedió el año pasado al finalizar un partido de básquetbol entre Miramar y 25 de Agosto, jugado en la cancha de Cordón. El incidente se asemeja al episodio ocurrido el pasado fin de semana en la misma cancha.
En esta ocasión la persona más afectada fue un jugador de Bohemios, Mauro Mainentti. Actualmente, el deportista se encuentra internado en cuidados intermedios de la Médica Uruguaya.
El hecho recuerda los sonados casos de fanáticos del fútbol que incluso llegaron a perder la vida simplemente por asistir a un espectáculo deportivo. Esas fueron las historias de Héctor Da Cunha, que falleció al ser agredido a la salida de un partido, o el de Daniel Tosquellas, quien murió hace más de diez años fuera del Parque Central, luego de un encuentro jugado entre Nacional y Cerro.
Confusión de protagonistas
«Lo que ocurre en los eventos deportivos es que el público es el protagonista, pero los protagonistas tienen que ser los jugadores. A mí me llama la atención cuando a veces ves que los periodistas dicen ‘la gente de la hinchada está fervorosa’. No es así: la gente va a ver el partido, y los protagonistas tienen que ser los deportistas», subrayó Aníbal Garategui.
Para él, el exceso de protagonismo del público lleva a una confusión en los límites. A eso se suma el fervor y el fanatismo desmedidos de muchos hinchas, que en ocasiones derivan en incidentes en los que las personas agredidas no son las que iniciaron la agresión.
Garategui comentó a LA REPUBLICA que cuando fue agredido lo traicionó el hecho de querer separar a las personas involucradas en un conflicto iniciado por un jugador que culminó en la euforia de las tribunas.
«Ese día me traicionó el querer hacer de mediador, porque los involucrados en la pelea que se armó eran gente del 25 de Agosto que conocía de la escuela. Me saltó el gil, el que pensaba que iba a poder separar, cuando en realidad si las personas se quieren matar se van a matar», dijo el entrevistado.
Más adelante, Aníbal explicó que cuando se dio cuenta de que la cosa «estaba muy pesada» se dio la vuelta para irse. Nuevamente, su personalidad lo detuvo, y optó por volver a buscar el diálogo. «Miro al que tiene la bandera y le digo ‘bajá ese palo que vas a matar a alguien’. Justo ahí me como un palazo de otra persona», culminó Aníbal al comentar el episodio que casi le hace perder la vista.
Violencia intuida
Lo que más alarma a Aníbal es que ese día estaba seguro de que iba a producirse un conflicto. «Cuando íbamos presentí que iba a haber líos; se sentía un clima especial desde fuera de la cancha. Además, hay partidos en los que uno ya sabe que va a haber problemas», explicó.
Desde el pasado mes de octubre, cuando Garategui casi perdió la vista, no concurrió a ningún otro evento deportivo. Para él «lo mejor es no ir a un lugar donde sabés que puede haber líos».
«¿Cuánta gente queda metida en el medio en forma gratuita? Si no mirá a Da Cunha, estaba tomando el ómnibus y terminó muerto», reflexionó.
Luego de la situación que le tocó vivir por querer separar a quienes peleaban, Aníbal asegura haber aprendido «a no poner la cara por nadie».
«Era más inocente, pero ahora soy más desconfiado y estoy más sensible. Antes, cuando notaba que me decían algo dejaba la puerta abierta y pensaba ‘debo ser yo el desconfiado’. Algo así me pasó el día del accidente: yo desconfié y sentí algo raro, mi instinto me lo decía, pero como creía en los demás me dejé llevar».
Recuperación lenta pero segura
El ojo que Aníbal ha tenido afectado luego del incidente es el izquierdo. La primera atención que recibió fue en el Hospital de Clínicas. Los médicos de turno indicaron que la capacidad de ver de ese ojo estaba perdida y, todavía más, que corría peligro la visión del otro.
Posteriormente, realizó un tratamiento con los médicos de clínica Meerhoff. Aníbal supone que antes de fin de año finalizará el tratamiento y habrá recuperado un gran porcentaje de su visión.
Aníbal no pasa por alto que luego del incidente la Federación Uruguaya de Básquetbol no demostró interés ni colaboró con el tratamiento o la recuperación.
Además, desconoce quién fue el responsable de la agresión. Lo único que tiene claro es que no le gustaría saber quién fue el que le dio el golpe.
«Después de todo lo que pasé y la angustia que vivió mi familia, no sé cómo puedo llegar a reaccionar. Porque yo me considero un buen tipo, pero todo lo que sentí se acumuló, y si exploto va a ser contra la persona que me agredió gratuitamente. Tengo miedo de cómo puedo reaccionar», admitió el entrevistado.
Con respecto a su agresor, Aníbal dijo: «Yo no sé si la persona que me pegó con el palo es consciente de que me pasó algo. Capaz que se lo tomó como un trofeo o capaz que se lo tomó a mal, o puede ser que haya reflexionado, aunque de ser así no cambia nada, porque la cagada está hecha».
Historia que se repite
El entrevistado comentó que ver las imágenes del reciente incidente ocurrido otra vez en la cancha de Cordón removió todo lo que él y su familia tuvieron que vivir.
«Cuando veías al padre del jugador declarar en la tele, te dabas cuenta de que está quebrado y siente angustia. Eso fue lo mismo que vivimos nosotros. En el caso de él además hay que tener en cuenta que está en juego su posibilidad de volver a jugar», finalizó Garategui. *
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