El vejiga
¡Truco! gritó el tipo.
¡Retruco! replicó la realidad.
¡Vale cuatro! se embaló el tipo.
Quiero… dijo la realidad, enrostrándole el dos de la muestra.
Apenas una metáfora, pobretona pero diáfana, de la actualidad política.
Mujica se asemeja al tipo del truco. Se ha metido hasta el caracú con la reelección de Vázquez. Aludiendo a una encuesta de popularidad presidencial, dijo: «No puedo ser tan vejiga». Lo respeto, pero me sorprende. ¿Olvidó que el todo es más que la suma de las partes? ¿Que una fuerza política no tiene futuro si depende de un hombre providencial? El Frente Amplio por su origen, su lucha y el desafío histórico que enfrenta debe ser más que el gobierno que llevó al poder. De otro modo, sería como admitir que sin ese hombre carece de unidad para que su programa sea sostenible.
La capacidad de Vázquez y su aceptación pública son indiscutibles. Incluso, vale la pena recordar que fue él quien llamó a postergar temas electorales y dedicarse a resolver los problemas del país.
Uruguay exige descentralizar el poder y crear una cultura masiva que se imponga por las ideas y los proyectos, sin depender de una única persona.
Hay que estimular un movimiento político que pueda perdurar porque crezca y se renueve. Hacer la de los jíbaros aprovechando a un líder, por carismático e inteligente que sea, parece una partida de truco muy arriesgada. ¿Y si ese líder un día, de pronto, nos falta? Nadie tiene más de una vida, salvo las agrupaciones políticas.
Russell decía que la salvación individual es un ideal aristocrático. Políticamente, salvarse por un hombre es, de cierta forma, despreciar la acción social. Tengo para mí que, en vez de la reelección, Mujica debería preocuparse, si trabajara desde la cabeza del Frente Amplio, por cuánto podría aportar al más grande, no al más chico de los objetivos. Eso hace falta; lo otro llega por añadidura.
Y sin un vale cuatro que lo haga quedar como eso que no quiere ser, un vejiga.
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