Parlamento del Mercosur, integración y conciencia regional
La creación del Parlamento del Mercosur constituye una etapa del imprescindible proceso de integración en el campo económico, político, social y cultural. Este proceso habilitará una presencia más fuerte y dinámica en el concierto internacional, otorgará a la región un mayor poder de negociación y posibilitará, para cada país integrante, construir una salida de su situación de subdesarrollo y enfrentar en mejores condiciones los problemas de la pobreza y el desempleo.
Vivimos en un mundo globalizado donde cualquier decisión que se tome en los países desarrollados, por ejemplo, en el campo financiero, tiene una directa repercusión en el resto del mundo. Los avances tecnológicos y la influencia de los medios de comunicación son determinantes de este mundo globalizado. En materia de relación de fuerzas, las grandes empresas trasnacionales, con casas matrices en los países desarrollados, ejercen una enorme influencia.
En el mundo actual se evidencia la hegemonía militar, financiera y comunicacional de Estados Unidos. Esto le otorga un fuerte predominio político, debilitado por la invasión a Irak. En cambio, la Unión Europea, pese a tener un euro relativamente fuerte, es más débil que Estados Unidos en el campo militar e inclusive en el financiero.
A su vez, se manifiestan claramente diversos bloques de carácter económico con enorme peso en las grandes decisiones del campo internacional. En América del Norte existe un bloque de mucha fuerza liderado por Estados Unidos, en Europa se ubica el bloque de la Unión Europea, con fuerte influencia de Alemania y Francia, y en Asia sin formas institucionalizadas de integración aparecen potencias económicas como China e India con gran influencia en el dinamismo actual del comercio internacional y Japón.
A partir de este sintético marco internacional, se vuelve necesario e imprescindible unir fuerzas en América Latina para negociar en mejores condiciones con el mundo desarrollado en los campos comerciales, financieros y productivos, y construir nuestras propias salidas de desarrollo.
En el plano comercial la región no demostró fuerza suficiente en sus negociaciones (salvo los países productores y exportadores de petróleo, que a través de la OPEP mejoraron sustantivamente su posición negociadora). La región exporta solamente el 5% del comercio mundial y por ello es imprescindible encontrar alianzas que mejoren la relación de fuerzas. El surgimiento del Grupo de los 20 liderado por Brasil y que integra la gran mayoría de los países de la región además de India, China y Sudáfrica resulta un ejemplo. Con la llegada del Frente Amplio al gobierno, Uruguay se incorpora a este grupo. En estos momentos se está en plena negociación en la Ronda de Doha, donde el tema de los subsidios agrícolas que aplican Estados Unidos, la Unión Europea y Japón y que afectan a los países exportadores agrícolas, tiene una extraordinaria relevancia. Se trata, además, de enfrentar las distintas formas de protección que ejercen y aplican los países desarrollados pero que obligan a eliminar a los países periféricos. En las negociaciones comerciales los países subdesarrollados y periféricos deberían obtener un trato especial y diferenciado porque padecen de menores niveles de desarrollo, de industrialización y de tecnología; para avanzar requieren el apoyo de los países industrializados. Esto no se ha conseguido en las distintas negociaciones con Estados Unidos ni con la Unión Europea. Por lo tanto, la unidad latinoamericana resulta esencial para negociar en las mejores condiciones posibles.
La negociación financiera supone propuestas comunes para enfrentar las condicionalidades de los organismos financieros internacionales, para encontrar salidas de control a los movimientos especulativos de capitales y acciones conjuntas para negociaciones de deuda externa.
La negociación productiva implica acciones comunes para acordar en las mejores condiciones posibles con las grandes empresas trasnacionales. Téngase presente que existen situaciones donde una empresa trasnacional es más fuerte que el país donde se instala. Y esto requiere negociaciones conjuntas con las empresas trasnacionales, tener tratados de protección de inversiones similares y enfrentar acciones como el Acuerdo Multilateral de Inversiones que limita la política económica de cada país.
La integración de América Latina, donde el Mercosur y la Comunidad Sudamericana de Naciones son simplemente etapas de un largo proceso, no sólo permitirá mejorar su poder de negociación en el mundo internacional sino también potenciar la construcción de modelos de desarrollo específicos para avanzar hacia sociedades democráticas y, por lo tanto, más igualitarias que las actuales. La región presenta un enorme potencial en materia energética por las fuentes hidroeléctricas, de petróleo y de gas. Es muy factible la concreción del anillo energético desde Bolivia así como, a plazos más largos, el proveniente de Venezuela, como lo muestran las experiencias de extendidos gasoductos en Canadá y en Rusia. A eso se suman las potencialidades en el campo de la infraestructura y en el terreno financiero, aprovechando los altos excedentes con que cuentan algunos países de la región. Pero la integración tiene que ser no solamente comercial sino también productiva, tecnológica y, sobre todo, política y social. La integración económica no puede depender del mercado en exclusividad, aunque siempre estará presente. Debe ser una integración más activa, donde se pueda compatibilizar y coordinar estrategias nacionales de desarrollo que, en un cierto plazo, podrán ser estrategias de desarrollo regionales. Estas deberán contemplar elementos de competitividad exportando productos de mayor dinamismo, con más valor agregado y, sobre todo, con mayor contenido tecnológico para no terminar exportando exclusivamente recursos naturales o mano de obra barata y de empleo, con estructuras productivas que resuelvan este grave problema que se suma al de la pobreza, que caracterizan a una buena parte de los países de la región. Esto significa un fuerte proceso de complementariedad productiva con alta participación de los estados nacionales pero también de los sectores empresariales.
El Mercosur presenta dificultades pero lo que debe predominar es la visión estratégica de la integración. Al Mercosur hay que salvarlo y no exclusivamente atacarlo. El gobierno de Brasil colabora en este sentido aunque no necesariamente lo hace su burocracia o sus empresarios. Existen dificultades políticas con Argentina por las plantas de celulosa, que tendrán que resolverse por la vía del diálogo entre ambos presidentes para que no se siga comprometiendo la visión estratégica de la integración. No hay pujas de liderazgo entre Brasil y Venezuela ya que sus coincidencias son más profundas que las circunstanciales diferencias. Existen problemas coyunturales entre Brasil y Bolivia, y viejas controversias entre Chile, Perú y Bolivia. Por ello es necesario avanzar en el plano cultural y profundizar los elementos de identidad. En el Mercosur se necesitan mejoras significativas de conciencia regional, de conciencia mercosuriana. Los sistemas educativos y los medios de comunicación de masas adquieren un papel central para la conformación de esta necesaria conciencia regional.
El Parlamento del Mercosur aparece con un papel vital y central para el acercamiento de los sistemas políticos, de los partidos políticos de la región y de sus representados. Será a través de este Parlamento que se podrá lograr un mejor relacionamiento de nuestras sociedades, elemento central para lograr una conciencia regional imprescindible en todo proceso integracionista. Empecemos por una conciencia mercosuriana para avanzar hacia una conciencia latinoamericana. *
(*) Senador de la República. Economista.
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