En Treinta y Tres ni el intendente se salvó de la evacuación
Los evacuados superan los 12 mil, los afectados indirectamente superan los 100 mil y los problemas son múltiples: viviendas destruidas, peligros sanitarios, falta de agua potable, más de 12 mil servicios de UTE interrumpidos y daños económicos importantes en ganado, cosechas y caminería.
Los comités de emergencia departamentales, las intendencias, el PIT-CNT y la propia ciudadanía han encabezado la solidaridad y las tareas de ayuda.
LA REPUBLICA narra hoy un día compartido en la tarea de auxilio con efectivos de la Fuerza Aérea, autoridades municipales y la sociedad organizada en Treinta y Tres.
EL departamento de Treinta y Tres vive la peor inundación de la historia, el agua avanzó a tal grado sobre la ciudad como si en Montevideo se hubiera cortado la avenida 18 de Julio. Ayer el río Olimar dejó de crecer y está bajando lentamente, en algunos lados más que en otros. Los 2.000 evacuados retornan lentamente a sus hogares y la Fuerza Aérea Uruguaya (FAU) es el único nexo de decenas de personas que decidieron quedarse en sus casas en el área rural donde la creciente golpeó aún con más fuerza.
La recorrida por la zona rural afectada, de la que participó ayer LA REPUBLICA, se realizó a bordo de uno de los helicópteros de la FAU y duró 45 minutos. Durante la misma se pudo apreciar la magnitud y la fuerza del río desbordado. Las imágenes parecían extraídas de un documental sobre el gran río Amazonas, con la salvedad de la aparición como brotadas del agua de casitas apretadas junto a la maquinaria y algunos animales. En medio de esos espacios tan justos y aislados entre sí, había personas que esperaban ansiosas la llegada del helicóptero con medicamentos, alimentos u otro socorro necesario. La FAU desplegó en la zona dos helicópteros que son los encargados de mantener el nexo entre esas zonas aisladas y el mundo. Trabajan en el aeródromo de Treinta y Tres 24 personas pertenecientes a varias unidades de la Fuerza. «El lunes realizamos cuatro vuelos de helicópteros, el martes lo mismo y repartimos 600 quilos de víveres» dijo a LA REPUBLICA el mayor Alvaro Pereira. En total se han trasladado y evacuado a nueve personas desde el primer rescate del domingo, cuando tuvieron que usar una grúa para rescatar a una pareja y su hija de cinco meses que se encontraban en una casa inundada hasta el techo.
Sobrevolando el desastre
Ayer LA REPUBLICA fue testigo de la entrega de alimentos en una casa aislada, después se dirigieron a otra donde se fijaron si una niña que estaba allí recuperándose de una enfermedad se encontraba bien. Si su situación empeoraba pensaban evacuarla pero estaba mejor, así que la dejaron con su familia y más medicamentos. Por último evacuaron a un anciano que se sentía mal con mucho dolor de cabeza, el helicóptero bajó en un camino de tierra donde lo esperaba una camioneta policial con el hombre. Los militares lo subieron enseguida y arroparon inmediatamente ya que el viento era cortante y helado.
«Hay mucha gente que se queda aislada y no se quiere evacuar por temor a perder sus animales, pero lo lamentable es que los pierden igual», dijo apenado uno de los rescatadores. Cuando el agua comienza a bajar la realidad de los animales muertos y esparcidos por el campo se expresa por sí sola.
En la ciudad el problema mayor lo tienen aquellos que al decir del intendente Gerardo Amaral son «baqueanos» en inundaciones. Estas personas están siempre a la espera de la próxima lluvia fuerte para evacuarse, claro que esta fue más fuerte de lo que esperaban y van a demorar en volver a sus casas
Evacuados reincidentes
Las personas que quedan en los 13 centros de evacuados institucionales son en su mayoría de los lugares más afectados de la ciudad, como los que están en las inmediaciones del río Olimar. La mayoría de los que pudieron volver a sus hogares ya lo hicieron, pero ahora las autoridades advierten del cuidado en torno a la limpieza de los hogares. Sobre todo por la posibilidad de encontrarse con víboras venenosas y otras alimañas, además de un importante riesgo de contraer enfermedades como la leptospirosis causada por el orín de las ratas.
Aunque parezca extraño el propio intendente de Treinta y Tres, Gerardo Amaral, se autoevacuó y abandonó su casa ubicada a 7 quilómetros de la ciudad, actualmente se encuentra en la casa de su suegro junto a su esposa.
Otros ciudadanos como Mary Machado y su compañero Washington Barboza están en el Gimnasio Municipal desde el jueves y con miras de volver dentro de cinco días, ayer fueron a ver su casa ubicada a 10 cuadras del centro de la ciudad y constataron que es imposible aunque el agua ya bajó.
«Hoy (por ayer) fuimos a la casa y está a la miseria, perdimos todo» dijo Mary a LA REPUBLICA. «Hay que limpiar todo, la casa es de material y la alquilamos». La pareja está conforme con el trato que han recibido en ese lugar en cuanto a alimentación, atención médica, pero se quejan de que a ellos no les ha llegado todavía ninguna donación en colchones o ropa. Washington desde que lo evacuaron está con la misma muda de ropa, según su compañera.
El espíritu en alto ante todo
En la otra punta del gimnasio la familia Segovia compuesta por nueve adultos y diez niños esperaba tomando mate la entrevista con LA REPUBLICA. Todos habitan en los mismos barrios, Nelsa Gómez y 19 de Abril, que están pegados y fueron expulsados por la violencia del agua. Están en el gimnasio desde el sábado y se dicen conformes con el trato recibido, ellos no se quejan y han recibido las donaciones necesarias.
Están acostumbrados a las inundaciones y ayer fueron e ver el estado de sus viviendas las que están inundadas todavía. «Allí siempre tenemos crecida y por eso siempre colgamos todo lo más alto posible para que no llegue el agua», dijo Vanessa Segovia. «Cuando volví a la casa tuve que romper la puerta y cuando abrí la puerta se cayeron el ropero y las camas», relató el padre de la familia José Segovia. Ellos están convencidos que es la crecida más grande de la historia, y que nunca habían visto tanta agua embravecida. «No se puede volver, hasta que UTE no inspeccione porque es muy peligroso», aseguró otra de las integrantes Diana Segovia.
«Sacaron un colchón de la casa y mi hermana sin darse cuenta estaba durmiendo arriba de una lagartija, y la ropa que trajimos está llena de arañas» agregó Vanessa. La convivencia en el gimnasio ha sido muy buena al decir de todos y aunque algunos se quejan por la pérdida de los bienes materiales, hay otros que eso no les parece importante y dicen que lo más importante es la salud. «Las cosas hay que verlas con alegría, sino uno se vuelve loca y así no se va para ningún lado en esta situación», sentenció una de las hermanas. *
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