Inflación
La gente está rabiosa por los precios y ha vuelto a sentir cerca a un temido fantasma: una eventual inflación, que también ha alertado al equipo económico.
Astori explicó que «la inflación se mantendrá dentro del rango planificado», lo cual asegurará con medidas en los planos monetario, fiscal y tributario. Y uno, frente a tamaña confianza, y sabedor de la responsabilidad del ministro, siente que sus nervios, explicablemente alterados, se van calmando.
No borraré esto que he escrito a mano con ningún codo.
Sin embargo, hubo otra afirmación del titular de Economía que me indujo a cierta confusión. Al ser consultado acerca de cómo controlar coyunturales subas de precios, dijo: «Una de las principales herramientas de defensa del consumidor es la información». En otras palabras, cuanto más informado esté de los precios de distintos sitios, más garantías tendrá de pagar lo justo y evitar la especulación. Es cierto.
Entonces, al principio, me sonó a silogismo, ese argumento que se construye con tres proposiciones, la última de las cuales se deduce necesariamente de las otras. A ver: primera proposición, los precios suben; segunda proposición, el consumidor debe apelar a la información; tercera proposición, el consumidor informado pagará sólo precios justos.
Pero luego, razonando otro poco, ya me sonó a paradoja, ese uso de frases que encierran contradicción. La paradoja por antonomasia es sabida: «Según Epiménides, todos los cretenses mienten; Epiménides es cretense; por lo tanto, dice la verdad». Si todos los cretenses mentían y Epiménides era cretense, debía mentir; pero al decir que todos mentían, dijo la verdad.
Es que, aun con todos los datos imaginables, el consumidor seguirá preso de los vaivenes del mercado. La información puede ser una ayuda para que su pataleo suene más fuerte e inspire a quienes deben hallar controles eficaces.
Pero al fantasma de la inflación sólo se lo quitarán de encima las otras medidas anunciadas. *
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