Dos vidas
¿Una sociedad puede tener vidas paralelas?
Dos vidas, seguro. Está la vida de la ciudadanía, incluso de una ciudadanía activa, inquieta por participar de la vida pública, y está la de quienes han sido investidos con el poder de representarla.
El problema es cuando esas dos vidas, en momentos cruciales para la sociedad, son lamentablemente paralelas, no hallan modo de encontrarse.
Hay múltiples ejemplos para sostener este postulado. Apelaré a dos.
Uno: la Comisión Honoraria del Cooperativismo, que funciona en la órbita de la OPP, está recorriendo el país para promover un Plan Nacional de Desarrollo Cooperativo y ha convocado a gobiernos locales y a la sociedad civil interesada en las propuestas cooperativas. Este proceso, que ha movilizado a mucha gente, sobre todo en el interior, vive paralelo a dos circunstancias que podrían contradecirlo: la discusión parlamentaria del proyecto de ley de cooperativas, cuyas características finales aún se ignoran, y la condición, incluida en el nuevo sistema tributario, de sujetos del Impuesto a la Renta de las Personas Físicas de los socios cooperativos.
Dos: numerosos ciudadanos han creado la Comisión en defensa de las resoluciones del Debate Educativo, con la idea –entre otras– de que se otorgue 6% del PBI a la educación. Mientras tanto, o sea paralelamente, la nueva ley de educación será resuelta por el Parlamento y la Rendición de Cuentas ya se ha encargado de alejar al país, al menos por ahora, de esa meta de inversión.
Yo sugiero que sería preferible, antes de que la ciudadanía cruce hacia el otro lado en ancas de recursos constitucionales, que ambas vidas se acercaran, aunque fuese poco a poco, hasta encontrarse.
Es decir, hasta que la sociedad, que siempre tendrá esas dos vidas, se parezca a aquellos gauchos gemelos que no necesitaban espejo para afeitarse. Les bastaba pararse uno frente al otro.
Queda una duda, porque siempre es necesario un primer paso: ¿quién, cómo y cuándo debe darlo? *
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