LA COLUMNA AMARILLA

¡Paren los precios!

Diálogo en una verdulería del Cordón:

-Quiero un kilo de morrones, don Tito.

-¿Está segura? Bueno, tome, vecina, son setenta pesos.

-¿Qué? ¿Los traen de China ahora? No, no, me quedo con uno y veo cómo estiro el tuquito.

Diálogo en una carnicería de Villa Española:

-Che, gallego, ¿estoy loco o subiste el precio del asado?

-No, vecino, pasa que los frigoríficos aumentaron la media res…

-¿Sabés qué? Dame un kilo de picada y unos huesitos con carne. ¡Que el asado se lo masque el Pepe!

Diálogo en una panadería de la Unión:

-Hola Fermina, llevo lo de siempre, tres flautas grandes.

-¿Se enteró, vecina, de que subió el precio del pan?

-¡No me digas que por el petróleo! ¿No arregló Tabaré, allá, con los árabes?

-No, no, vecina, esto es por la harina.

-¡Pa’qué pregunto yo, si me dicen cualquier cosa! Dejá, meté en la bolsa dos de esas flautitas chiquitas por once pesos.

Diálogo en una estación de servicio de Parque Batlle:

-¿A cuánto subió el gasoil, macho?

-A veinticuatro pesos, vecino.

-¿No tenemos un arreglo con Venezuela? ¡Mentime que nos cagó el loco Chávez!

-Mire, yo no sé, pregunte en Ancap, es medio complicado.

-Ta’, perdí. Calavera no chilla. Poné cien pesos… ¡y no te pasés! Puta madre, no llego ni a Marindia.

(Es posible que, ya de retorno en su suelo natal, el ministro de Economía deba revisar algunas estimaciones, deba convocar a su gabinete de asesores y, probablemente ­digo, sólo probablemente- deba hacer algunos retoques en alguna parte. Sobre todo ahora que se viene junio con la reforma tributaria y cuando la rebaja del IVA y la eliminación del Cofis nos iban a dar una gran mano). *

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