"Antes lloraban en silencio"
Cuando las personas mayores ven los informativos, quedan verdaderamente sorprendidas por los episodios de violencia que se viven en nuestro país. Sin embargo, cuando los jóvenes escuchan los cuentos de los más veteranos también se sorprenden. En algunos casos, incluso se cuestionan qué es más violento, ¿lo que hoy vemos a través de los medios de comunicación o un padre golpeando a su hijo porque faltó al liceo sin aviso, como solía ocurrir años atrás?
Lo que hoy denominamos violencia doméstica existe desde tiempos inmemoriales. La diferencia es que antes esa violencia era socialmente aceptada. Actualmente, en cambio, hay en gran parte del mundo cientos de Organizaciones No Gubernamentales (ONG) que combaten la violencia y el maltrato a nivel familiar.
El sociólogo uruguayo Rafael Bayce comentó a LA REPUBLICA que a principios del siglo XX «había violencia, y probablemente mucho más que ahora». Conocer datos certeros sobre aquellas épocas es difícil, porque no existían registros sobre el tema, a diferencia de lo que ocurre ahora. La imposibilidad de conseguir datos precisos sobre el pasado deja en evidencia la naturalidad de la violencia doméstica y la aceptación a nivel social que tenía en otros tiempos.
Sin embargo, las estadísticas que se manejan en la actualidad muchas veces son insuficientes, y suele ocurrir que los números estrictos son inferiores a los casos reales.
Derecho a no ser agredido
Que un hombre golpee a su esposa no comenzó a ser mal visto de un día al otro. De hecho, aún hay personas de ambos sexos que consideran correcta la agresión a la cónyuge, «porque de seguro algo hizo para que le peguen».
En parte, la preocupación de impedir la violencia simbólica (que incluye todo tipo de agresiones) a través del ámbito del Derecho «comenzó con la emancipación de la mujer».
«Al liberarse salió a trabajar, empezó a tener su propio dinero, a autoabastecerse y a criar sus hijos sola, sin la necesidad de una presencia masculina», comentó la socióloga Susana Mallo.
Otro factor importante que llevó a denunciar los episodios de agresión es que la violencia dentro de los hogares «dejó de ser un tema privado y pasó a ser público», destacó Mallo. Las organizaciones no gubernamentales y estatales que asesoran a las personas que padecen agresiones son cada vez más frecuentes. Además, el tema está muy presente en la agenda de los medios de comunicación, principalmente cuando la violencia doméstica desemboca en una muerte, casi siempre femenina.
La existencia del problema se ha vuelto pública, lo que llevó a un mayor conocimiento del tema y ha provocado que las personas agredidas se animen a efectuar las denuncias.
Ley Nº 17.514
A principios de los años 90 se reconoció por primera vez la existencia de una ley que intentó defender a las personas que sufrían situaciones de violencia. En 2002 se creó la Ley de Violencia Doméstica Nº 17.514. El principal cometido de esta ley es la «prevención, detención temprana, atención y erradicación de la violencia doméstica», según lo establecido en su primer artículo.
Recorrer la ley permite reconocer qué considera el Estado como delitos de violencia doméstica. Se trata de «toda acción u omisión, directa o indirecta, que por cualquier medio menoscabe, limitando ilegítimamente el libre ejercicio o goce de los derechos humanos de una persona, causada por otra con la cual tenga o haya tenido una relación de noviazgo o con la cual tenga o haya tenido una relación afectiva basada en la cohabitación y originada por parentesco, por matrimonio o por unión de hecho», según el artículo segundo.
En el tercer punto que plantea la ley se reconocen como actos de agresión la «violencia física», la «psicológica o emocional», la «sexual» y la «patrimonial», que implica la retención y destrucción de bienes, entre otras cosas.
La existencia de una Ley de Violencia Doméstica brinda garantías a las personas que sufren agresiones dentro de sus hogares, aunque «todavía no existe una coordinación adecuada entre el sistema policial y el judicial», comentó Fanny Samunisky, integrante de la ONG Mujer Ahora.
Veinte años de violencia registrada
En la década del 80 surgieron en nuestro país los primeros centros y organizaciones para asesorar a las mujeres que sufren violencia doméstica. La casa de la Mujer de la Unión fue fundada en 1987, mientras que Mujer Ahora abrió dos años después.
Al comienzo a ambos centros se acercaban a asesorarse no más de dos mujeres por semana, en promedio. Hoy atienden cuatro o cinco casos por día.
¿Qué ocurría con quienes padecían violencia dentro de sus hogares? Según Fanny Samunisky, «no les quedaba otra que llorar en silencio, porque la mujer no tenía adónde ir». En opinión de Mabel Simois, del centro de la Unión, «era como una ruleta rusa; te tocaba vivir eso y listo, no te quedaba otra».
Luego de veinte años de discusiones sobre el tema y de un considerable crecimiento de instituciones y organizaciones, incluso a nivel estatal, continúan ocurriendo episodios de violencia en los que mueren sobre todo mujeres. La creación de la ley reconoció la existencia del problema, pero «todavía las mujeres sienten miedo cuando hacen la denuncia, como ocurría antes. También sienten vergüenza por lo que están viviendo, y el riesgo que corren una vez efectuada la denuncia siempre es el mismo», comentó Mabel Simois.
El riesgo de vida existe aun después de realizadas varias denuncias; la muerte de una mujer a causa de violencia doméstica cada nueve días lo deja en evidencia. «Cada vez que muere una mujer, para nosotros es terrible. Es como si volviéramos a empezar; nos cuestionamos todo lo que hicimos hasta ahora», afirmó Simois.
A pesar de la descoordinación entre los funcionarios judiciales y los del Ministerio del Interior y la notoria falta de capacitación para trabajar con mujeres que se encuentran en situación de riesgo, el tema está presente en la sociedad como nunca antes.
«Hoy una persona que sufre violencia doméstica puede identificar lo que le está pasando y darse cuenta de que no es normal. Sabe que tiene que hacer algo para salir de esa situación», dijo la integrante de La casa de la Mujer de la Unión. Es un gran paso. *
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