Reflexiones sobre la Rendición de Cuentas
La identidad de la izquierda se vincula a conceptos como la igualdad, la equidad y la justicia social. Lograr objetivos de esta naturaleza pasa por dos instrumentos centrales: la generación de empleo productivo, para lo cual se requieren políticas sectoriales y selectivas, y el gasto social para atender los problemas de pobreza, educación, salud y vivienda. La discusión sobre la actual Rendición de Cuentas tiene dos miradas. Por un lado, el Ministerio de Economía y Finanzas la analiza desde el punto de vista de sus objetivos financieros. Por otro lado, diversos ministerios están preocupados por la atención de los problemas sociales que vienen del pasado. Sin duda hay que encontrar un adecuado equilibrio entre los objetivos financieros y los objetivos sociales. Desde el punto de vista de la izquierda deberían predominar los objetivos sociales, que son elementos centrales de la campaña electoral y del programa del Frente Amplio. Vale también señalar que los problemas sociales de carácter estructural no se pueden resolver en lapsos cortos de tiempo.
La Rendición de Cuentas no se puede separar de la política económica en su conjunto, en especial, de la política de corto plazo que se acordó con el FMI en abril de 2005 y que se mantiene en sus rasgos más salientes. Vale la pena analizar tres temas: la deuda bruta en moneda extranjera, el programa financiero y la reforma tributaria.
El gobierno actual recibe una herencia extremadamente pesada de una deuda bruta en moneda extranjera, cuyo monto era relativamente similar al producto bruto interno del año correspondiente, o sea 100% del PBI. Había que encontrar mecanismos para bajar ese abultado endeudamiento que imponía un nivel de intereses muy elevado. No fue lo que realizó el equipo económico. Su política fue bajar la relación deuda sobre producto, intentando llegar al final del quinquenio al 60%. Esta es una relación que depende del crecimiento o del descenso de la deuda, del crecimiento del producto y del nivel del tipo de cambio para expresar el producto en dólares. Si el producto en moneda nacional es 100 y el tipo de cambio es 30, el producto en dólares será 3,3, pero si el tipo de cambio es 20 el producto será 5. Esta es una de las causas del descenso del tipo de cambio, real y nominal, desde la instauración del nuevo gobierno hasta el día de hoy y que en tantas ocasiones hemos criticado. La deuda bruta del sector público no bajó. En el primer trimestre de 2005 era de 13.138 millones de dólares y en el último trimestre de 2006 aumentó a 13.709 millones de dólares. Por consiguiente los intereses de la deuda siguen siendo muy abultados y representan un elevado porcentaje del gasto público, que limita las posibilidades de atender de manera adecuada el gasto social.
La Rendición de Cuentas tiene un vínculo estrecho con el programa financiero, que sufrió modificaciones en diciembre de 2006, bajando las metas de inflación. La economía uruguaya ha tenido un crecimiento espectacular en los últimos tres años con factores externos muy relevantes, como el incremento de los precios internacionales de los productos de exportación y el dinamismo del sector de la construcción, basado también en financiamiento externo. Entre los factores internos se destacan la credibilidad y confianza que generan, desde la campaña electoral en 2004, el Presidente de la República y el equipo económico. Estos altos ritmos de crecimiento generan normalmente variaciones de precios, pero en la medida en que nos ubicamos dentro de un dígito, no era necesario bajar las metas de inflación. Esto repercute en la evolución desfavorable del tipo de cambio real, afectando al Uruguay productivo, y significa restricciones al gasto público. La baja de la meta de inflación se inscribe en la ortodoxia del Banco Central, de priorizar permanentemente la estabilización de precios a los objetivos de crecimiento y empleo. Si bien en estos días las lluvias afectaron los precios de las frutas y verduras, no hay expectativas de aumento significativos de los precios internos.
La reforma tributaria es uno de los elementos centrales para tener una mejor comprensión de la discusión y las dos miradas sobre la Rendición de Cuentas. El equipo económico planteó una reforma tributaria neutra con respecto a la presión tributaria, o sea a la relación de los ingresos tributarios con respecto al producto bruto interno. Propusimos en las discusiones de la reforma tributaria que la presión tributaria se acercara lo más posible al nivel de precrisis para atender los elevados requerimientos de la deuda bruta del sector público en moneda extranjera, inclusive comprando deuda para bajar su elevado nivel y, especialmente, para atender las múltiples demandas sociales que constituyen uno de los objetivos centrales del gobierno del Frente Amplio. Planteamos un aumento de apenas un punto porcentual sobre el PBI. Lamentablemente nuestra propuesta no tuvo acogida. Ganaron los que ideológicamente quieren minimizar el papel del Estado, los que quieren bajar sustantivamente el gasto público, los que creen que el sector privado y el mercado están en condiciones de resolver todos los problemas sociales. De todas maneras el fuerte crecimiento de la economía ha permitido avances importantes en el plano social. El impuesto a la renta de las personas físicas en la reforma tributaria no dio condiciones similares a las rentas de trabajo y a las rentas de capital. Las cargas mayores fueron para las rentas de trabajo y hubo exoneraciones y tasas más bajas para las rentas del capital. Una larga discusión fue la no aceptación de nuestra parte de las rebajas al impuesto al patrimonio, que lo pagan los que tienen mayores riquezas que, normalmente, provienen de las rentas del capital, y la rebaja de cinco puntos al impuesto a la renta de las empresas o impuesto a la renta de las actividades económicas. Ambas rebajas incluidas en la reforma tributaria significarán un descenso de la recaudación de 92 millones de dólares a precios de 2006, que hubieran podido resolver la actual discusión de la Rendición de Cuentas. El financiamiento de la reforma de la salud es otra demostración de las consecuencias negativas de la reforma tributaria. La solidaridad queda a cargo exclusivo de las rentas del trabajo ya que las rentas de capital no participan del financiamiento de la misma. Hay redistribución pero sólo dentro de las rentas del trabajo.
La atención de los problemas sociales constituye la esencia de un gobierno de izquierda. El mantenimiento de una deuda bruta en moneda extranjera muy elevada, las restricciones innecesarias del programa financiero y la reforma tributaria que privilegió los intereses de los que reciben rentas de capital y mantuvo la presión tributaria atendiendo las sugerencias y demandas de los organismos financieros internacionales y la ideología vetusta de sectores empresariales, limitan el gasto social y se ubican en el centro de la discusión de la actual Rendición de Cuentas. Más gasto no significa más endeudamiento o más inflación. Más gasto requiere más ingresos tributarios y hacer modificaciones meses antes de la implantación de la reforma tributaria no sería procedente. Más gasto no necesariamente significa más inflación, máxime cuando ésta presenta rasgos de inflación importada. La ortodoxia monetarista dice que más gasto o más déficit fiscal genera más inflación, pero ni el propio FMI lo ha podido demostrar empíricamente. En lo personal he intentado contribuir, desde hace más de cuarenta años con múltiples publicaciones, para demostrar los enormes errores de esta concepción monetarista. El proyecto de Rendición de Cuentas llegará al Parlamento y la bancada del FA tiene la responsabilidad de concentrar soluciones equilibradas. Hay que atender a la enseñanza y al plan de equidad y existen diversas opciones para lograrlo. *
(*) Senador de la República. Economista.
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