1º de Mayo

Mañana se celebra otro 1º de Mayo en Uruguay. En pocos países se asiste a una paralización de actividades tan total como la que se da en nuestro país. En algunos, es un feriado más. En otros, ni siquiera eso. Pero en nuestro país, el 1º de Mayo, permítaseme la expresión, es un día sagrado.

La explicación de este fenómeno no tiene una relación directa con los mártires de Chicago, circunstancia por la cual se celebran los 1º de Mayo en todo el mundo (con la excepción de Estados Unidos, claro) como el Día Internacional del Trabajo, sino con algo muy propio y muy nuestro: el movimiento sindical uruguayo. Este ha sido un ejemplo en América Latina, y aún lo sigue siendo. Un ejemplo de unidad, de coherencia ideológica, de ética institucional y de autonomía política.

La unidad de la central sindical fue costosamente trabajada en la década del sesenta y terminó en la conformación de la CNT en 1966. Eran años difíciles para Uruguay: la crisis de estancamiento que el país sufría desde fines de los años cincuenta había dado lugar a una respuesta en clave autoritaria por parte del gobierno, incapaz de administrar la crisis en negociación con los sectores más afectados por ella. En esos años se cimentó la unidad del movimiento sindical, que se movilizó intensamente contra la carestía, las medidas de ajuste y el creciente autoritarismo del Estado. Las movilizaciones de esos años generaron duras represalias del gobierno. Buena parte de los «enfrentamientos del pasado», que tanto aparecen en el discurso público, fueron enfrentamientos entre gremios y patronales, y entre el movimiento sindical, unido al movimiento estudiantil, contra el gobierno y sus políticas de ajuste. En efecto, la unidad del movimiento sindical no sólo se tejió hacia adentro, sino también hacia afuera, con otros sectores, de los cuales la relación con el movimiento estudiantil fue muy importante (¿recuerdan la consigna «obreros y estudiantes unidos y adelante»?).

La unidad sindical sobrevivió a la dictadura, aunque la dictadura y las medidas de «excepción» que fueron implementadas antes de ella se encarnizaron especialmente con el movimiento sindical. La dictadura intentó introducir fórmulas «amarillistas» y estimular la formación de nuevos sindicatos controlados por el gobierno, pero éstas fracasaron. Con el nuevo lema «PIT-CNT» el movimiento sindical se reinstala plenamente durante 1984 y comienza a trabajar en la Conapro (Concertación Nacional Programática), en el diseño de una política de negociación tripartita, que dará lugar a la reinstalación de los Consejos de Salarios en el primer período de Sanguinetti.

Los años noventa fueron difíciles para el movimiento sindical. La apertura comercial tuvo un efecto negativo sobre el sector industrial, donde el sindicalismo era más fuerte, y las medidas de contención del gasto público lo tuvieron sobre el empleo público. La desigualdad de ingresos entre los trabajadores aumentó y tendió a fragmentar el mercado de trabajo.

La tasa de sindicalización cayó y el aumento del desempleo debilitó las demandas por aumento de salario. Sin embargo, el movimiento sindical se movilizó durante esos años, y fue el protagonista ­acompañado por el FA algunas veces­ de varias iniciativas de referéndum contra leyes impulsadas por el gobierno. Con la llegada del FA al gobierno, el sindicalismo se rearma nuevamente, aumenta la tasa de sindicalización y de formalización del empleo, y el movimiento sindical adquiere un nuevo protagonismo. La unidad del movimiento sindical superó los obstáculos de todos estos ciclos políticos. En muy pocos países consiguió hacerlo, y en aquellos donde el movimiento sindical es más fuerte, como en Brasil, debió competir con otras centrales sindicales. Hagamos entonces un merecido reconocimiento en este sentido.

El sindicalismo uruguayo se ha caracterizado, además, por la honestidad individual de sus dirigentes, así como por la ética institucional que lo caracteriza. Ha sido un ejemplo de probidad ética y de responsabilidad moral.

La coherencia ideológica ha sido otra de las constantes del movimiento sindical, sin que esto signifique unanimidad de posiciones o que se desconozcan los conflictos y la diversidad de opiniones y posturas políticas. Esta coherencia ideológica ha estado signada por una estrategia política que trasciende el inmediatismo de las reivindicaciones concretas y se proyecta hacia el conjunto de los problemas del país. El movimiento sindical mantiene un discurso antiimperialista, clasista y de izquierda, sin ambages. Pero también ha incorporado la lucha de las cuestiones de género (en este sentido, vale recordar la incorporación, en una de sus plataformas, del tema de la despenalización del aborto), los derechos humanos (siempre presentes, en cada proclama), los temas del desarrollo o los problemas de la democracia y las instituciones políticas. Eso diferencia al sindicalismo de cualquier «corporativismo» estrecho, guiado por el único interés de sus afiliados. Porque en efecto, el movimiento sindical no expresa sólo la voluntad de sus afiliados, o sus gremios en concreto: expresa también un proyecto político. Este proyecto político del movimiento sindical fue sin duda el que le dio carne a la izquierda, aun antes de que ésta se unificara en un solo partido y se llamara Frente Amplio. Y es lo que ha hecho de la izquierda un partido de masas y no sólo una maquinaria electoral o un conjunto de cuadros expertos destinados a la lucha por ocupar cargos de gobierno.

Pero a diferencia del FA, en sus pronunciamientos el PIT-CNT está dominado por un criterio de unidad que la propia izquierda, como fuerza política, no tiene. Entre los reclamos del gobierno por «asegurar la gobernabilidad», y la de sus bases para continuar fiel a los principios y el programa del FA, la izquierda no ha encontrado una voz y una voluntad única. El movimiento sindical con sus tensiones, sus conflictos y sus diferentes tendencias (algunas de las cuales representan las de la propia fuerza política), ha conseguido mantener no sólo la unidad organizativa sino una unidad de criterios. Eso lo ha convertido en una suerte de «reserva moral» de la sociedad uruguaya, y de la propia izquierda.

Es por ello que hoy, y a contrapelo del «acto en paralelo» que algunas corrientes disidentes hacen, denunciando el «seguidismo» del PIT-CNT con el gobierno, los temas que se incluyen en la plataforma revelan la enorme autonomía con que el mismo se maneja en relación al gobierno. La campaña por la derogación de la Ley de Caducidad es parte de la plataforma de acción que se lanzará este 1º de Mayo, a despecho de que ni el gobierno ni la propia fuerza política hayan tomado posición sobre el tema. De la misma forma, el repudio a la Ley de Reparación a militares y policías «caídos en la lucha contra la sedición», enviado por el Poder Ejecutivo, aún a consideración entre los legisladores del FA (que oscilan entre la búsqueda de un texto alternativo o el repudio total al texto original), originó un pronunciamiento del PIT-CNT claro y sin equívocos. También el rechazo a cualquier TLC, a despecho de la posición de sectores dentro del gobierno que lo han considerado y lo consideran aún hoy una alternativa viable, muestra la autonomía del movimiento sindical en sus pronunciamientos. No obstante ello, el PIT-CNT hace un reconocimiento explícito de los logros del gobierno, en especial los referidos a la propia situación de los trabajadores, pero también al avance innegable en materia de derechos humanos y los logros del Plan de Emergencia, entre otros. No es sencillo ni fácil realizar este balance y al mismo tiempo mantener una perspectiva crítica. El movimiento sindical lo logra. Y lo logra en sintonía con un discurso en el cual los principios de la «vieja izquierda», aquella que dio origen al FA, aún siguen vigentes. *

*Constanza Moreira. Politóloga. Universidad de la República.Esta columna fue escrita desde 1999 por Hugo Cores. Ante
la ausencia notoria de su pluma, le hemos solicitado a Constanza Moreira, como homenaje y aporte, ocupar este espacio durante el corriente año.

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