El papel del Estado en el gobierno de izquierda
La participación del Estado se inscribe en un determinado contexto de relación de fuerzas entre distintos sectores que influye en su accionar, como vimos en nota anterior. Entre sus funciones principales ubicamos la tarea de integración y cohesión social junto a la redistribución del ingreso y al cumplimiento de su rol como agente de desarrollo. La participación del Estado es central para atender los objetivos de equidad e igualdad, para la conducción del proceso económico, para la negociación regional y con el mundo desarrollado, y para la incorporación, adaptación y creación tecnológicas.
La participación del Estado para avanzar hacia la equidad y la igualdad es una de sus tareas centrales. La realidad ha mostrado que el mercado no está en condiciones de cumplir eficazmente esta tarea. No puede atender el problema de la pobreza y la indigencia, ni los complejos problemas del desempleo y el subempleo, ni los grandes problemas sociales como la desigualdad, la educación, la salud, la vivienda y la seguridad social. Para atender la equidad, el crecimiento es un requisito indispensable. Para el crecimiento económico, el dinamismo de la inversión es central, sea ésta pública o privada, nacional o extranjera. Lo relevante es avanzar hacia el crecimiento con equidad.
Para atender la igualdad, junto al crecimiento, es indispensable considerar los distintos problemas del empleo. Y aquí nuevamente la acción del Estado es vital. Atender los problemas del empleo desempleo abierto, subempleo, precariedad e informalismo es un mecanismo básico para enfrentar las situaciones de pobreza, de heterogeneidad estructural, de fragmentación social y de desigualdades. La profundidad de esta problemática impide su resolución en plazos breves. Se requiere implementar una estrategia de mediano plazo que, además, identifique los problemas de mayor gravedad que exijan medidas de emergencia en el corto plazo. Se necesitan acciones que ayuden a la demanda de mano de obra y a la oferta de la misma. En términos de demanda, el crecimiento económico es condición necesaria pero no suficiente. Los altos ritmos de crecimiento de la producción en los años 2005 y 2006 han permitido un descenso importante del desempleo abierto con un último guarismo, para diciembre de 2006, de 9,1%. Pero el ritmo de crecimiento del empleo ha sido un tercio del ritmo de crecimiento del producto bruto interno (1). Para el futuro habrá que considerar no sólo el crecimiento sino sobre todo el contenido del crecimiento, las características de la estructura productiva y las bases de la tecnología para estimular aquellos rubros y sectores que surgen con la mayor generación de empleo directo e indirecto. Esto significa la elaboración e implementación de lineamientos estratégicos que ayuden a conformar una estructura productiva, atendiendo centralmente la competitividad y el empleo. Esta sigue siendo una tarea pendiente, ya que de la misma deberán surgir las bases para implementar políticas sectoriales, selectivas y activas que consideren también los problemas del informalismo y el subempleo. Estos programas de empleo deberán incluir formas de complementariedad entre actividades formales e informales, con una ayuda especial a las pequeñas empresas que les faciliten su modernización y sus mejoras en los niveles de productividad y de ingresos. Los instrumentos fiscales, crediticios y tecnológicos son fundamentales para alcanzar estos logros. Por ello, las políticas macroeconómicas que en la actualidad sólo atienden la estabilización, deben también considerar el crecimiento, su contenido y los problemas del empleo.
Desde el ángulo de la oferta de mano de obra se debe mejorar la formación de los recursos humanos, especialmente de los sectores más carenciados, y crear mecanismos de educación permanente para adecuar la calificación de la mano de obra a las exigencias que impone la velocidad de la revolución tecnológica. Los avances en el combate a la pobreza y a la indigencia ayudan a intentar romper los círculos viciosos que conlleva la fragmentación social, el relacionamiento de pobres con pobres, para que los más desfavorecidos puedan alcanzar el nivel educativo suficiente para acceder a los sectores modernos de la economía.
Sin lineamientos estratégicos, sin políticas activas, selectivas y sectoriales con el necesario acompañamiento de las políticas macroeconómicas, será muy difícil resolver esta compleja problemática.
La política salarial ha avanzado en los objetivos de equidad. La negociación colectiva, el aumento de la sindicalización y del poder de los sindicatos han facilitado un mayor equilibrio en las relaciones capital-trabajo y esto ayudó, junto al crecimiento, a la mejora del salario real. Se busca la recuperación del salario real afectado por la crisis durante el período de gobierno. Pero también es relevante avanzar hacia una distribución más equitativa de los incrementos de la productividad. Las cifras de los dos primeros años marcan que todavía estamos diez puntos porcentuales por debajo de la participación de la masa salarial en el producto bruto interno de la etapa pre-crisis (2).
Las políticas sociales son centrales para alcanzar la equidad. Se constatan avances a partir del plan de emergencia social y otras medidas complementarias para atender la indigencia. Durante este año pasaremos del Plan de Emergencia al Plan de Equidad y serán consideradas las reformas de la salud y de la educación. Se espera también el inicio del debate sobre la seguridad social. Quedan pendientes las políticas de vivienda y de localización territorial para enfrentar los «guetos de pobres» y los «guetos de ricos» que profundizan la fragmentación social. Pero el conjunto de las políticas sociales deben tener una base sustantiva de coordinación para multiplicar su eficacia. Por lo demás, si bien en el mediano plazo el tema del empleo es central para atender el problema de la pobreza, ésta no está desligada de las políticas de educación, salud y vivienda.
Para las políticas sociales, resultan fundamentales mejoras significativas en el gasto social. En este tema, resurgen elementos de la herencia recibida, porque el tamaño de la deuda y el superávit primario exigido para el pago de intereses limitan considerablemente una atención sustantiva del gasto social. Es indispensable encontrar el necesario equilibrio entre la atención de la deuda en moneda extranjera y los requerimientos sociales para lograr el objetivo de equidad.
Una función básica del Estado es la conducción del proceso económico. Una tarea central y aún pendiente es el país productivo. En especial, se carece de lineamientos estratégicos que marquen la conformación de una estructura productiva que considere los problemas del empleo y de la competitividad. Resulta fundamental una inserción dinámica internacional, con diversificación de origen y de destino, no basada solamente en recursos naturales sino también en rubros con mayor valor agregado y contenido tecnológico. La competitividad es de carácter sistémico y ello significa otorgar una muy alta prioridad a los procesos de innovación y a la investigación científica y tecnológica, con distintas formas de apoyo estatal, como se realiza en los países desarrollados.
Por último, un Estado fuerte y capacitado es clave para las negociaciones internacionales, que pasaron a tener un papel fundamental en este mundo globalizado. *
(*) Senador de la República. Economista.
(1) Notaro, Jorge. «Detrás de los números», Brecha, 2 de marzo de 2007.
(2) Notaro, Jorge. «Detrás de los números», Brecha, 2 de marzo de 2007.
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