Extraterrestres
Ayer, luego de informarme con infinito sufrimiento de lo que dijeron e hicieron los piqueteros de Entre Ríos el domingo pasado, sentí la necesidad de bucear en la antropología.
Supuse que esta ciencia me proporcionaría una explicación. Tonto de mí, estaba, como he estado otras veces, más desorientado que el Goyo Alvarez cuando cae hacia adelante. (Ya sé: ha prometido caer de espaldas, pero cada vez que sale a la calle, como el miedo le hace mover la cabeza igual a un búho, anda llevándose por delante las baldosas flojas y, al revés de Pinocho, se le ha ido achicando la nariz a puro planchazo, así que ya ni olfatea).
Constatado mi error, apelé a la etología. Pero por más que releí a Lorenz, a Tinemberg y a Tálice, la frustración volvió a apoderarse de mí: ni el pato silvestre, ni el crótalo diamantino, ni el pingüino y ni siquiera el chimpancé, ese querido primito al que no solemos festejarle los cumpleaños, aportaron nada a mi empeño.
Qué frustración. ¿Cómo explicar a gentes vociferando, hinchadas las venas de sus cuellos y elevados sus cerrados puños, «Botnia no funcionará nunca», «Fuera piratas finlandeses» y «¿Se quieren apropiar de nuestro territorio y nuestros recursos»? ¿Cómo explicar que esas gentes, ya sintiéndose víctimas de un holocausto bacteriológico, hayan comparado al presidente Vázquez con Hitler y con Menguele y le hayan acusado de usar el conflicto para «pelearse con el Mercosur y apoyar al ALCA»?
Abjuré al fin de la antropología y la etología. Pero entonces, al echar sobre la biblioteca una última y desesperada mirada, advertí un libro de Vladislav Kaprivin. En su cuento esencial, «El cuarto sol», el protagonista informa que llegó a Leda, un nuevo planeta, cuyo secreto no pudo descifrar porque, pese a las evidencias de vida que halló, estaba vacío.
¡Horror! ¡Qué hipótesis espantosa salta ante nosotros! ¿Y si los habitantes de Leda colonizaron Entre Ríos?
¡¿Qué hacemos si estos tipos son extraterrestres?! *
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