Vigencia del pensamiento vareliano

Los uruguayos, como señales identificatorias para proyectarse como ciudadanos de su nación, poseen diversos manantiales. En la enumeración de ellos, seguramente encontraremos matices y discrepancias. Pero es indudable que amplios consensos registrarán los idearios artiguistas y varelianos.

En la construcción de la identidad nacional ambos dejaron huellas indelebles y, por sobre todas las cosas, la permanente vigencia de muchos de los principios que marcaron sus acciones.

En el caso de José Pedro Varela, su concepción del valor de la educación para la profundización y estabilidad de la democracia es hoy patrimonio de vastos sectores. Varela concebía a la educación como la herramienta clave para que «las oligarquías» dejaran el escenario a la democracia. Quizás un factor poco destacado, pero cada vez más vigente, es la contribución de Varela a la igualdad de géneros. Hablando con Juan Pedro Mir, maestro y miembro de la Mesa de las Asambleas Técnico-Docentes de Primaria, me lo señalaba con énfasis. La preocupación del reformador por la educación de la mujer y, en consecuencia, la creación de escuelas mixtas, no pocas polémicas levantó en su momento. Los elementos más conservadores del catolicismo, a través de su diario «El Bien Público», con la pluma de Zorrilla de San Martín, arremetieron una y mil veces contra este principio vareliano. Queda seguir avanzando para lograr la efectiva igualdad de género, pero las raíces están en esos momentos.

Unida a la idea de universalizar la educación y, por ende, hacerla obligatoria, está la otra idea de igualdad en la calidad para todos los usuarios, verdadera garantía del acceso al conocimiento. Por ello la propuesta del programa único para todas las escuelas. Quizás hoy, en donde se está discutiendo la obligatoriedad de la educación a partir de los cuatro años, habría que volver a Varela y señalar que para que esta universalización sea posible debe estar acompañada de importantes aportes presupuestales. No basta hoy, como no bastaba ayer, con declarar la obligatoriedad, sino que había y hay que garantizar que esta mayor cobertura no signifique ir en desmedro de lo ya conquistado. El aumentar la matrícula no sólo requiere más cargos de maestros; requiere la construcción de espacios pedagógicos específicos, requiere mayor cobertura para alimentación, más inspectores que orienten y supervisen, más maestros especializándose. En esto también está la vigencia del pensamiento vareliano.

En aquel entonces, una sabia disposición señalaba las excepciones a la obligatoriedad para aquellos lugares en donde no existieran las condiciones para desarrollar los cursos, comprometiendo al Estado en solucionar en tiempos acotados la situación. Como corolario, en las décadas siguientes, las escuelas rurales se sembraron en el país, constituyendo la más amplia red de servicios en donde el Estado está presente.

Es obvio que la vigencia del pensamiento de Varela excede a cualquier artículo periodístico, pero cabe finalizar éste acotando que, en estos tiempos de cambio, releer a Varela se torna imprescindible para avanzar y profundizar la democracia, viendo en la educación un instrumento liberador. La educación, por su naturaleza, influye directamente sobre la estructura económica de la nación, siendo el resultado de ella misma parte de las fuerzas productivas. Al mismo tiempo, influye sobre las relaciones del hombre con la naturaleza y de los hombres entre sí. *

* Consejero del Consejo de Educación Primaria

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