La otra agenda
Y Bush, finalmente se fue. Además de las cuestiones de protocolo que rodearon a la visita presidencial, y de las posibles negociaciones sobre carne, arroz e inmigración, lo que más impacto causó de la jornada fue la manifestación en repudio a su visita. Hubo dos manifestaciones: una, convocó alrededor de cuarenta mil personas. Otra, realizada sobre la misma avenida, algunas cuadras más arriba, convocó a unas cinco mil y participaron de los incidentes solamente unas doscientas. El titular de «El País» del sábado dice «Llegó Bush: furia radical», y destaca la inacción policial frente a los hechos de violencia registrados en la última manifestación. Sólo al final del párrafo que comenta los incidentes registrados en la inmensa foto de portada, se menciona al PIT-CNT, el cual, al parecer, se encargaba de «un acto que la central sindical realizó a la misma hora». La marcha convocada por el PIT-CNT, entre otras organizaciones, era la principal marcha de repudio a la visita de Bush, y prácticamente pasó desapercibida. Congregó a una multitud de personas, algunas de las agrupaciones sociales más significativas de Uruguay, y hasta legisladores del Frente Amplio. Sin embargo, al otro día sólo se hablaba de la segunda marcha, amplificada por los medios y la televisión, que mostraba una y otra vez las mismas imágenes de vidrios quebrados, trompadas y saqueos. Poca atención se le prestó al discurso pronunciado por el escritor Ignacio Martínez, o a los contenidos de lo que se expresó en una alocución plena de evocaciones a Artigas, Martí, Bolívar y los constructores de la integración latinoamericana. Un discurso que, más que de repudio a Bush, era una crítica al capitalismo y al imperialismo, al estilo de las de la «vieja izquierda». Un discurso que merecería varios análisis sobre las relaciones entre gobierno, izquierda y movimientos sociales. Pero nadie podía dedicarse a esos análisis: tanta atención concitaron Bush y los sucesos de violencia protagonizados por la «segunda marcha».
Algunos medios optaron por llamarle a esta semana la «semana Bush». Pero en esta semana pasaron muchas otras cosas. Son las que seguirán pasando, después de la ida de Bush. En esta semana murió Darnauchans, uno de los más queridos y entrañables cantautores de nuestro país. Sólo «La Diaria» le dedicó su portada del día a este hecho, con una bellísima foto debajo de la cual se leía «Desconsolados», en una referencia a una de sus letras más conocidas, y al ánimo del país ante su pérdida. En esta semana un intelectual que en la década de los sesenta escribió un libro muy conocido entonces que se llamó «El Uruguay como problema» y que podría volver a leerse hoy como si fuera escrito para nuestros días, dio una conferencia en el Paraninfo ante doscientas personas. Hizo una larga historia del integracionismo latinoamericano, sus fracasos, y las alternativas que Uruguay tiene hoy ante esta nueva retomada «latinoamericanista» e «integracionista» en que vivimos. No era de izquierda: era Alberto Methol Ferré, un intelectual vinculado al Partido Nacional. Ningún medio recogió esta magistral conferencia, discutible o no, pero aprovechable de principio a fin para todos los preocupados por la inserción internacional de Uruguay.
Y esta semana se festejó otro aniversario del Día de la Mujer, el 8 de marzo. Por primera vez salió en cadena de radio y televisión una mujer Carmen Beramendi, directora del Instituto Nacional de las Mujeres a leer la proclama por el Día de la Mujer, en un gesto que muchas identificaron como un cambio de época en las cuestiones de género, después de la llegada de la izquierda al gobierno. Antes, se había producido el nombramiento de una mujer en el Ministerio del Interior: Daisy Tourné. Y muchas mujeres sintieron que eso era un reconocimiento explícito a su condición.
Pocos recuerdan ya porqué se conmemora el 8 de marzo, y qué sucedió hace noventa y siete años, en 1910. En esos días, en el estado de Nueva York, ciento veintinueve mujeres murieron quemadas al interior de una fábrica, ya que la patronal les impidió salir en pleno incendio, para que no pudieran juntarse con las huelguistas que, del lado de afuera, manifestaban en protesta contra las condiciones de trabajo de la mujer. A partir de allí, y en el Congreso de Mujeres Socialistas en agosto de ese año, se ha conmemorado el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer.
La proclama del Día Internacional de la Mujer leída en cadena en Uruguay señala que «el 8 de marzo es un día de lucha porque continuamos viviendo situaciones de desigualdad y subordinación por el solo hecho de ser mujeres».
Se habla sobre las disparidades salariales entre hombres y mujeres, sobre la situación de pobreza en que vive el 50% de las mujeres que son jefas de hogar en edad activa, sobre la invisibilidad del trabajo no remunerado de la mujer, sin el cual esta sociedad no se sostendría, y sobre las alarmantes cifras de violencia doméstica que nuestro país registra.
Hacia el final, la proclama y el mensaje en cadena terminan anunciando la puesta en marcha del Primer Plan Nacional de Igualdades y Derechos. Este incluye medidas destinadas a incrementar la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en distintas áreas: empleo, salud, educación, así como a incorporar la perspectiva de género en todas las políticas públicas. Entre dos de las iniciativas de la «agenda pendiente» (que siempre es la «otra agenda») se cuentan las relativas a la participación política de la mujer y las de la salud sexual y reproductiva.
En la primera se promueve designar igual cantidad de hombres y mujeres en los niveles jerárquicos más altos de la administración pública, así como legislar e implementar medidas que garanticen una representación paritaria en los cargos electivos en todos los niveles de gobierno (algo de lo que incluía el fracasado proyecto de Ley de Cuotas). En cuanto a la salud sexual y reproductiva, el Plan asegura, entre otras cosas, que se deben implementar servicios de asesoramiento de pre y post aborto, así como garantizar el acceso a los métodos anticonceptivos.
Ambas iniciativas están destinadas a combatir dos males que aquejan a la sociedad uruguaya, antes y después de la venida de Bush. El primero es la baja participación política de las mujeres, que genera, como efecto indirecto, un atraso en toda la legislación pro género.
En efecto, las legisladoras mujeres parecen velar mejor por los derechos de las mujeres que los legisladores hombres, como se pone de manifiesto en la legislación promovida por la Bancada Femenina, desde su creación. El segundo refiere a los riesgos producidos por el aborto inducido en condiciones de penalización, y de «privatización» del mismo, y que afecta a miles de mujeres en Uruguay. Respecto a esta agenda, se avanza, aunque más no sea lentamente, y sin que la izquierda (incluyendo tanto al gobierno como al partido) consiga suscribir un acuerdo básico sobre estos temas.
Estos temas seguirán estando, y sobre este plan se seguirá hablando, después de la «semana Bush». Y seguiremos conmemorando los 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. Y seguiremos, sin duda, extrañando a Darnauchans. *
(*) Directora del Instituto de Ciencia Política de la Udelar.
Esta columna fue escrita desde 1999 por Hugo Cores. Ante la ausencia notoria de su pluma, le hemos solicitado a Constanza Moreira, como homenaje y aporte, ocupar este espacio durante el corriente año
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