El legado artiguista
«Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana». Nadie prestó mayor atención a la banda que rodeaba el estrado y servía de fondo al acto, ni a la frase que estaba impresa en ella. Este legado artiguista es uno de los más significativos de la constitución de nuestro Uruguay republicano. Según esta concepción los gobiernos sólo representan al pueblo, y es en el pueblo donde radica todo principio de autoridad, y por ello de soberanía. Esta frase se ajustó perfectamente a los símbolos que rodearon el mensaje presidencial, que eligió ser transmitido en vivo y en directo ante la gente de a pie, en un hecho prácticamente inédito en el Uruguay. El mensaje fue largo, es verdad, pero mucha gente se hizo presente para oírlo, y este gesto, sigue estando entre los distintivos de un gobierno y un partido que han generado una movilización popular que a los partidos tradicionales les es, desde hace tiempo, prácticamente desconocida. Quizá por ello se produjeron las manifestaciones negativas que se recogieron al día siguiente, por parte de sus líderes más reconocidos, entre las cuales cabe destacar las comparaciones que realizaron personeros del Partido Colorado entre Vázquez y Chávez, antojadizas si las hay, pues nada más alejado del encendido discurso político de Chávez que el repaso prolijo, casi técnico, de Vázquez.
Se acusó al gobierno de realizar un acto político-partidario. No lo fue (y baste, como constatación, la ínfima cantidad de banderas que había). Pero sin duda fue un acto político. Y claro está que la mayoría de los que estaban allí eran frenteamplistas, que querían escuchar algo, que esperaban algo. No sé si el acto cumplió o no con la expectativas de quienes fueron a escucharlo. Pero la calificación de acto «político-partidario» muestra una suerte de nueva falacia, que se creó en el Uruguay a partir de que la izquierda asumió el gobierno y los blancos y colorados, que hasta entonces habían co-gobernado, se sintieron desamparados frente a un gobierno de un partido solo. Y en efecto lo es. Es el gobierno del FA. Durante medio siglo, el Uruguay fue gobernado por un solo partido, el Partido Colorado, pero como dijo Mujica, cuando hablamos del «batllismo», herencia colorada si la hay, nadie se avergüenza de que la misma se haya transformado en un legado de toda la nación. En todo caso, ¿desde cuándo nos horrorizamos porque el Presidente le hable a la gente? ¿Hubiera sido preferible que lo hiciera por televisión? ¿O que sólo lo hubiera hecho ante los otros políticos el Parlamento pero no el pueblo? Desde el 1º de marzo no se había hecho un acto de este tipo, ¿será mucho exceso un acto cada dos años?
Con talante más propio de un científico que de un político, el Presidente explicó la metodología del análisis y el discurso que allí se iba a realizar. Primó el lenguaje técnico sobre el político, y primó más la didáctica de quien presenta un informe, que aquel viejo arte de la política la oratoria, cuya pretensión era movilizar los sentimientos colectivos de la gente. Para ser un acto político, fue un discurso poco político, salvo en algunos momentos.
En primer lugar, vale la pena destacar la prolija revisión que Tabaré Vázquez hizo ante el auditorio de todos los logros del gobierno. Dicho así, podría pensarse que fue un discurso exitista, pero curiosamente no lo fue. Puede o no discreparse con esta metodología de exposición, pero había algo de humildad en la actitud de «rendir cuentas» ante la ciudadanía con un exhaustivo repaso de todo lo actuado. Esta revisión, larguísima, y por momentos tediosa, no dejó mucho afuera y para algunos afirmó cosas que necesitaban ser afirmadas. Afirmó la unidad del gobierno, defendió la actuación de todos los ministerios, y sorteó, con éxito, la tentación del «gobierno del Presidente». Es cierto que el Presidente habló, y fue el único en hacerlo, pero habló de todo lo que había hecho el gobierno y al hacerlo puso en primer lugar a la institución y no a la persona. No es poco.
En segundo lugar, cabe mencionar algunos énfasis, no menores, en un discurso que en general jerarquizó poco. El largo desarrollo sobre el Plan de Emergencia, las dificultades surgidas durante su implementación, la importancia de su institucionalidad, y su futura transformación en un Plan de Equidad, se cuentan entre ellos. Y sin duda, aunque el Plan de Emergencia no refleje exactamente aquello de «que los más infelices sean los más privilegiados» volviendo otra vez a Artigas quedó en claro que es un deber del Estado, y por ello de la sociedad toda, el bienestar de los desposeídos. El Plan de Emergencia, más allá de sus resultados concretos, tuvo la virtud de colocar a los más pobres como «sujetos portadores de derecho» y no mero objeto de la asistencia pública. En uno de los pocos guiños con humor del discurso, mencionar que los pobres también tienen derecho a tomar vino, o a hablar por teléfono, refuerzan esta idea.
El otro énfasis estuvo colocado en la «austeridad republicana» y en la corrupción como «patología». Reiteradas menciones a la forma en que el gobierno ahorró en gasto superfluo, recortó presupuesto en distintas carteras, o realizó auditorías en los organismos del Estado, abundaron en el discurso y estuvieron entre las más aplaudidas. Muchos podrán pensar que ahorrar en gastos de Presidencia o en misiones oficiales, no hace al meollo de la cosa, y sin duda no se logran reasignaciones importantes del presupuesto del Estado con el recorte de gastos superfluos. Pero la mención a esto va más allá, y refleja un viejo dictamen de la política, y es que a la gente le importa mucho que un gobierno sea «honesto» o lo perciba como tal. Es algo de lo que todavía sobrevive de la ética en una concepción de la política cada vez más «negocial» y técnica, pero que para la gente tiene un valor específico, y hace a la tan mentada «confianza cívica» sin cuyo sustento los sistemas políticos se desmoronan.
Otros dos temas fueron tratados y estaban entre los más esperados, dada su controversialidad y el impacto que han tenido sobre la sociedad uruguaya: derechos humanos y política internacional.
Sobre el tema derechos humanos hubo declaraciones importantes, aunque alguna de ellas de sentido relativamente ambiguo para una lectura desde la izquierda. Este tema concitó uno de los pocos momentos de emoción en la alocución presidencial, en especial, cuando el Presidente recordó que «la memoria colectiva» debe incorporar «el drama de ayer». También anticipó la divulgación de un informe sobre lo sucedido con los derechos humanos durante la dictadura, encomendado a reconocidos historiadores, entre los que se cuentan algunos de los más cuestionados por los partidos tradicionales, en el debate sobre la historia reciente que tuvo lugar el pasado año. Fue explícito respecto al compromiso que el gobierno asumía de realizar investigaciones si surgían nuevas informaciones sobre lugares donde podría haber restos. Todo indica que el gobierno continuará activo en buscar información, o al menos, en facilitar la búsqueda de información que están llevando a cabo las organizaciones de derechos humanos y de familiares de detenidos desaparecidos. Pero claro está que sin una actitud favorable del gobierno nada de esto será posible, como lo muestra la casi inexistencia de investigaciones realizadas durante los últimos veinte años. También hubo manifestaciones tendientes a aclarar el significado de la frase «nunca más», y especialmente el alcance del nunca más «para todos» (¿quiénes?). Se habló también sobre los «enfrentamientos del pasado», aunque vale la pena aclarar, una y otra vez, que estos enfrentamientos no fueron la causa del golpe de Estado en Uruguay, y que nuestro país no vivió una suerte de «guerra civil», sino que lo que hubo, y desde bastante antes de la dictadura, fue la represión política de los sectores sociales movilizados en un momento en que la crisis del país los afectaba especialmente. Un e
jercicio riguroso de la historia reciente exige justamente cuestionar la idea de que los conflictos y enfrentamientos al interior de una sociedad produzcan, inevitablemente, soluciones autoritarias.
Finalmente, sobre la política exterior, el Presidente dejó en claro que sí hay una política exterior del gobierno definida, y que ella implica una reafirmación del Mercosur en todos los frentes. Incluso se habló de la solidaridad de Argentina y Brasil con las demandas de energía de Uruguay en momentos críticos (algo que sin duda vale la pena recordar). Se habló sobre el conflicto con la Argentina y la búsqueda de soluciones por la vía de la diplomacia y del derecho y, claro, cuando se habló de comerciar con otros, y luego de una larga lista de países, al final se habló de EEUU. Aquí, el lenguaje incorporó varias cosas, algunas contradictorias con las otras. Se habló de la mejor herencia política que los Estados Unidos ha dado al mundo: entre otras cosas, un proceso y debate constitucional que figuran como ejemplares en la literatura sobre federalismo y republicanismo contemporáneos, y al mismo tiempo se condenó su rol imperial. Se habló de la necesidad de dialogar con todos los países, y se hizo mención a la reanudación de las relaciones diplomáticas con Cuba, uno de los primeros actos del gobierno apenas asumido. El discurso subió de tono cuando Tabaré, sorprendentemente, dijo que el gobierno era «antioligárquico» y «antiimperialista»; y los aplausos se cerraron. En un discurso inusitadamente moderado y que aún así, despertó reacciones encendidas en blancos y colorados escuchar, por ejemplo: «claro que somos un gobierno de izquierda», causó conmoción. Finalmente, respecto a la integración, el Presidente volvió a hablar del federalismo de Artigas, recordando una vocación que está incrustada en nuestra historia como nación, aunque sea la historia de una derrota. Pero volvió la mención a Artigas, una referencia y un símbolo que estuvieron, desde el estrado, presentes todo el tiempo. *
* Directora del Instituto de Ciencia Política de la Udelar.
Esta columna fue escrita desde 1999 por Hugo Cores. Ante la ausencia notoria de su pluma, le hemos solicitado a Constanza Moreira, como homenaje y aporte, ocupar este espacio durante el corriente año.
Compartí tu opinión con toda la comunidad