Daisy
Creo que Daisy Tourné será una magnífica ministra del Interior. Reúne todas las condiciones para serlo. Ciertamente, como en la vida siempre se necesita algo más que la propia capacidad, ojalá las circunstancias la ayuden o pueda sobreponerse a ellas si se le presentan fieras.
La decisión del presidente Vázquez ha sido un acierto.
Las mujeres son más sensibles. Me basta, para estar seguro, el ejemplo de todas las que me han rodeado desde la niñez hasta hoy.
Las mujeres resisten más los padecimientos y los malos tiempos y no se marean ni despilfarran en la bonanza. Me bastan, para estar seguro, los ejemplos de mi madre y de mi esposa.
Las mujeres son más racionales y ordenadas y, por tanto, más pragmáticas y más políticas en la mejor acepción de ambos términos. Me bastan, para estar seguro, los ejemplos que cotidianamente advierto en el Parlamento.
El manejo sabio de un ministerio tan complejo exige, precisamente, sensibilidad, resistencia, racionalidad y orden. Carácter, pragmatismo y cintura política. Y todas esas ventajas comparativas de las mujeres son una realidad comprobable, sólo que esta sociedad patriarcal en agonía no suele reconocerlo así nomás.
Por eso en la decisión presidencial hay un valor agregado: el reconocimiento de la aptitud de las mujeres para asumir responsabilidades de Estado. Ya era hora de que les fuesen despejando el camino para que hagan su aporte a la construcción de una mejor sociedad.
Confieso que siento un especial afecto por la flamante ministra. Uno no debe ocultar sus sentimientos. Empero, ella sabe que alguien que trata de ejercer el pensamiento crítico en libertad, y predica la ética del postulado, deberá tenerla en la mira.
Y, al final, una suerte de amable advertencia para quienes no la conozcan. Puede ser una dulzura ahora y un tifón impresionante al minuto siguiente. Como tantas cosas, depende de las circunstancias.
Así que, como decía el Cascarilla Batista, «por las dudas, no jodan con ella». *
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