La vida en juego todos los días
En una de las tantas casillas que se avistan en la costa de Maldonado, en la playa Brava de Punta del Este, trabaja el guardavidas Diego González. Las casillas son de madera y se levantan varios metros por sobre la arena. Permiten vigilar dentro y fuera del agua.
Cada una de ellas es la base de dos o tres de estos «guardianes de la bahía» uruguaya. Allí se resguardan del sol entre recorrida y recorrida. Su rutina diaria incluye rescates, primeros auxilios ante cualquier accidente, búsquedas de niños perdidos, llamados a la Policía si hay desmanes, robos o riñas y, casi todos los días, aliviar con una crema especial los roces de las aguavivas en la piel de los bañistas.
Contra viento y marea
Diego González trabaja en esta tarea desde 1995. Cada año, antes de que el verano se instale, él y sus colegas deben superar pruebas físicas y de aptitud obligatorias. «Por más que tengas un diploma, el deber de cada guardavidas es estar en forma. Si no estás bien físicamente, como para sacar a una persona del mar, no podés trabajar», afirma.
Unos 160 hombres ocupan estos puestos en el departamento de Maldonado. Cada uno de ellos debe contar, al menos, con un equipamiento básico: silbato, patas de rana y un «flotador torpedo» de plástico rígido, con agarraderas. «De él se prende una correa de dos metros que permite nadar con facilidad. Al momento de llegar junto a la persona que debe ser rescatada, se le coloca un flotador y se le alcanza el torpedo para que tenga de donde agarrarse. Eso facilita la tarea de llevarla hasta la orilla», explica Diego. Nadie les proporciona este equipamiento básico, que deben adquirir con su propio dinero.
Diego considera que lo aconsejable «sería tener motos de agua, gomones y apoyo de helicópteros y barcos». La realidad indica que, para riesgo de víctimas y rescatistas, «el único apoyo ante una emergencia son nuestras piernas y nuestros compañeros».
Esta temporada, pese a las carencias, hubo mejorías significativas en relación con la anterior. Por ejemplo, las casillas de guardavidas casi un centenar, distribuidas en puntos estratégicos por todo Maldonado estuvieron listas desde diciembre. En 2006, recién se pudo contar con ellas el 10 de enero, aunque son «indispensables» para su trabajo.
Sin ahogados
Este año ha sido un triunfo para el equipo de guardavidas. Hasta este fin de semana, cuando falleció ahogado un joven de 29 años, no se había registrado ningún deceso en las costas.
«Por supuesto que en todo los puestos se efectuaron asistencias, rescates y otras tareas. Se ha trabajado bien, a pesar de que el mar estuvo más movido que en 2006″, dice Diego, que lo atribuye a que «existió mucha prevención. El año pasado se efectuaron pocos rescates en relación a lo que va de éste, principalmente debido a que entonces llovió casi ininterrumpidamente durante toda la primera quincena».
La prevención es fundamental. Los guardavidas alertan, en primer lugar, con el silbato, y luego retiran a las personas de zonas prohibidas para baños.
Otro factor primordial para un rescate exitoso es un adecuado sistema de comunicación. Los trabajadores lo consideran deficiente. «Ha mejorado, pero muy lentamente. El año pasado sólo trabajamos con celular. Teníamos que llamar por teléfono, lo que impedía un rescate inmediato. Este año se nos dio un celular con un sistema handie, pero a lo ideal se llegó recientemente, a fines de temporada. El 18 de febrero se nos dio un handie con base en Maldonado». Esto permite derivar una emergencia al radioperador, mientras el guardavidas realiza las maniobras de rescate necesarias. También les posibilita comunicarse con sus compañeros de las casillas cercanas, lo que hace a la tarea «mucho más fluida».
Malagradecidos
¿Cómo reaccionan las personas rescatadas y sus familiares? Diego no duda ante la respuesta: «De todos los rescates que he hecho a lo largo de 13 años, puedo contar con los dedos de la mano las personas que por lo menos me lo agradecieron. Tampoco lo hacen en los casos que llamamos de asistencia, que suceden cientos de veces en temporada, como cuando se le da la mano a alguien para que pueda salir de un pozo o pisar tierra firme». Aun así, Diego no olvida algunos casos particulares: «Hubo un señor al que asistí que todos los días nos daba las gracias, a cualquiera de nosotros. Es una excepción y por eso la recuerdo tanto. Él valoró nuestro trabajo, y eso reconforta».
¿Verano seguro?
La frase se escucha en publicidades estatales y municipales en todos los medios, durante los meses previos a la temporada. ¿Es un eslogan, dedicado a tranquilizar a los veraneantes, o una realidad?
«Yo no sé a qué se le llama Verano Seguro», dice el profesional de las playas. «En todos los años que llevo como guardavidas, nunca nos incluyeron en ese programa, a pesar de que somos, junto a la Prefectura, los responsables de que el verano sea seguro». La situación le resulta preocupante: «Imagínate esta situación, que esperemos que no se dé, pero que ha ocurrido: si se ahoga alguien peor si es una persona conocida ese día sí que salimos en toda la prensa. Es obvio, somos la cara visible del asunto».
Sin embargo, Diego cuenta que jamás han llamado a los guardavidas para participar de la instrumentación de los Veranos Seguros. La opinión de los verdaderos protagonistas no ha sido escuchada, nunca.
Reclamos
En los shorts y camperas de la vestimenta de los guardavidas pueden leerse los nombres de tres anunciantes: la Intendencia Municipal de Maldonado (IMM), una empresa de medicina privada y la Comisión de Lucha contra el Cáncer. «Lo digo a título personal, me da vergüenza tener que usar el uniforme», sostiene Diego. «Ya hubo dos casos de compañeros con cáncer de piel. Este año, concretamente, recibimos de parte de la Intendencia sólo un protector para toda la temporada. Preferiría que, antes de ponernos las publicidades, esta Comisión colaborara con que se bajaran los precios de las cremas y protectores, para que la población tuviera más oportunidades de comprarlas».
La presupuestación es otra de las reivindicaciones que este trabajador considera imprescindible: «Somos municipales y queremos ser municipales, para que a lo largo de todo el año podamos tener la seguridad de contar con nuestro trabajo en el verano siguiente. Casi todos los años se soluciona el tema sobre la misma temporada. El nuestro es un contrato por noventa días, que va desde el 15 de diciembre de 2006 hasta el 14 de marzo de 2007. Pero la gente comenzó a veranear antes de esa fecha, sin dudas, así que podría modificarse». El 8 de diciembre, «Día de las Playas», intente no correr riesgos. Paradójicamente, guardavidas no hay. *
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