A la conquista de la capital
La comuna capitalina desarrolla un plan para apoyar a los jóvenes del interior que llegan a Montevideo para completar sus estudios. Parte de la ayuda consiste en albergar a 30 estudiantes provenientes de varios departamentos en una casa adecuada para ello. Este año renovará la estadía a 10 de ellos.
«Se evalúa la escolaridad (más del 75% materias aprobadas en una año) y la participación de los jóvenes en actividades sociales, por ejemplo en el propio hogar, en el que funcionan varias comisiones internas», explica a LA REPUBLICA la directora de la Secretaría de la Juventud de la IMM, Evana Trobo.
La comuna evalúa dos factores fundamentales a la hora de otorgar las becas por primera vez. Uno de ellos son los ingresos de la familia del aspirante. El otro es la distancia: cuanto más lejos se vive, más posibilidades hay de conseguir la beca. También se toma en cuenta la participación del joven en alguna actividad social de su comunidad de origen.
Cuatro mil jóvenes, aproximadamente, vienen a estudiar a Montevideo cada año. Muchos no superan la etapa de adaptación y regresan, aunque no hay estadísticas al respecto.
Lavalleja es uno de los departamentos que cuenta con dos hogares en la capital, en los que viven 100 estudiantes. «Aquí ingresan jóvenes de bajos recursos y con buena escolaridad liceal. Para que renovemos la beca exigimos un 60% de las materias del año aprobadas. También se evalúa la convivencia entre los estudiantes y el relacionamiento con los funcionarios», explica el director del Departamento de Desarrollo Comunitario de Lavalleja, Darío Amaro Agriel.
Los hogares de ese departamento tienen todas la comodidades indispensables para un estudiante, como biblioteca y fotocopiadora. Pronto anexarán computadoras con conexión a internet. Por otra parte, reciben ayuda del Inda, que aporta alimentos secos.
Cinco funcionarios trabajan en los dos locales donde los jóvenes pueden residir por dos años consecutivos. «En algunos casos, cuando la situación económica lo amerita, el plazo se les renueva. Los estudiantes pagan dos unidades reajustables por mes y tenemos un alto porcentaje de recibidos», asegura Amaro.
Ventajas y desventajas
«Ser del interior ya es un problema», asegura Matías Palacios, un estudiante de Tacuarembó que vive en la capital desde hace un año y estudia en la Facultad de Ingeniería. «Es difícil adaptarse. Al estar lejos de la familia, la diferencia se siente». A pesar de ello, la capital le agrada. «Es una ciudad muy linda. Lo que más me gusta es la gran variedad que encontrás, en todo sentido. En el interior no es lo mismo», afirma convencido.
Manuel Rodríguez, estudiante de derecho oriundo de Rivera, está en la capital desde hace dos años pero, a diferencia de Matías, no le gusta Montevideo. «Ya me asaltaron dos veces. Lo único que me entusiasma es la rambla y la noche en la Ciudad Vieja», afirma. «La familia se extraña y la vida acá es muy cara. Vivo en un apartamento con tres amigos y apenas me da».
Manuel asiste a la facultad y trabaja esporádicamente, porque de lo contrario los tiempos no le permiten estudiar. «La carrera es muy cara. Tengo que sacar muchas fotocopias y comprar libros. Por suerte está la biblioteca, pero igual cuesta mucho», dice el estudiante.
Por su parte, Mauricio Perdomo, oriundo de Florida pero radicado hace siete años en Montevideo, opina: «El gran peligro del primer año de estadía en Montevideo es la distracción que la gran variedad de actividades capitalinas puede ocasionar al estudiante. El estar libre de los padres puede generar mucha diversión, pero también fracaso». Mauricio llegó para estudiar una carrera técnica, pero sus planes cambiaron a lo largo de los años.
En el caso de los universitarios, las distracciones pueden traer como consecuencia la pérdida de sus becas, si no se cumplen los porcentajes exigidos para renovarlas (60% de las materias aprobadas durante el año). Por ende, los estudios pueden interrumpirse del todo, o volverse muy costosos en tiempo y dinero.
«Tratamos siempre de facilitar la inserción en la capital, que para los jóvenes es muy difícil. Algunos se vuelven al interior, sobre todo porque no tienen plata o porque no se adaptan. Para eso tenemos asistentes sociales y educadores, porque venir a Montevideo es una situación de cambio profundo para los estudiantes», explica Evana Trobo.
«Para mí ha sido difícil. La diferencia entre Montevideo y el interior se nota. El estudiante de secundaria capitalino está mejor formado que nosotros para asistir a la facultad. Una compañera de Paysandú no aguantó el ritmo de la carrera y se volvió a su casa a estudiar otra cosa», cuenta el tacuaremboense Palacios.
Para Mauricio Perdomo, la diferencia de la vida en Montevideo se nota también en los pequeños detalles de la vida hogareña. La limpieza, la comida y otras labores diarias que pasan desapercibidas cuando se vive con los padres comienzan a resultar de enorme importancia.
Cosas de la vida
«Convivir con otras personas te ayuda. Venís a aprender cosas de la vida», relata Mauricio. «Hay diversidad de actividades para hacer: cine, teatro, carnaval, rambla, playa y muchas otras cosas interesantes. De Florida extraño las siestas y el ritmo de vida más tranquilo, el no tener que andar corriendo atrás de los ómnibus como acá, porque si no llegás tarde al trabajo o al estudio».
Para combatir la nostalgia de los jóvenes, la comuna de Lavalleja cuenta con especialistas, como psicólogos y asistentes sociales. «No son muchos los que retornan a Minas; no más de dos estudiantes desertan al año», asegura el jerarca municipal de ese departamento.
A pesar de ello, muchos encuentran difícil el permanecer en la mayor ciudad del país. «El año pasado estuve enfermo de la garganta un mes y medio, sin saber qué hacer y a merced de lo que fuera. Vivo en una pensión y la convivencia es difícil, pero igual aprendés a tratar con el resto de los compañeros. La experiencia te sirve para madurar y resolver problemas por ti mismo. Además, no es lo mismo estar en un apartamento o vivir con parientes. Cada una de estas posibilidades trae problemas y ventajas distintos», dice Palacios.
Mauricio vino con todas las ganas de estudiar la carrera de ingeniería tecnológica en el Instituto Tecnológico Superior, hace siete años, pero comenzó a trabajar y el horario lo complicó. «Con un trabajo de 9 horas es difícil estudiar», asegura.
Se quedó en Montevideo porque las oportunidades laborales son superiores a las de Florida y sólo años después retomó sus estudios en otra orientación. De su ciudad extraña a los amigos de la infancia, ya que siente que «las amistades estudiantiles no son tan profundas. Se pierde el rastro de los compañeros y mucho más si se deja de estudiar».
Matías y Manuel coinciden en que, a pesar de todo, Montevideo les ha mostrado el camino a seguir. Están más seguros de lo que quieren hacer de sus vidas y no piensan dejar de estudiar a pesar de las dificultades.
«Sin una profesión la vida se vuelve todavía más dura», sentencia convencido el joven riverense. *
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