Brasil, Uruguay, y los límites del acercamiento posible
La llegada del presidente de Brasil a Uruguay ha estado precedida de desencuentros, cancelaciones de última hora, y anuncios contradictorios sobre la agenda y actividades que serán llevadas a cabo durante su estadía. Finalmente, se ha concretado el tan esperado encuentro entre los dos presidentes. Y no es casual que se haga antes de la llegada de Bush a nuestro país en una gira que incluye a algunos de los socios «naturales» de EEUU (Colombia y Perú, con los que se ha negociado un TLC), México (su socio más próximo), así como a Guatemala, Brasil y Uruguay. Sea cual fuere el tenor del encuentro entre Lula y Tabaré Vázquez, a nadie se le escapa que el tema de Estados Unidos estará en el centro de la conversación entre ambos.
¿Cuál es la importancia de la llegada de Lula al Uruguay en este contexto?
En primer lugar, este gesto debe ser interpretado en el marco de las tradicionales giras que realizan los presidentes recién electos, como inauguración de sus mandatos, a los países que privilegian en sus relaciones comerciales y políticas. Así, la venida de Lula a Uruguay, debe ser interpretada como la reafirmación de una política exterior que ha estado guiada por la primacía del diálogo «Sur-Sur» y por la defensa del Mercosur como un bloque que habilita a negociaciones más favorables con otros bloques (como la Unión Europea).
En esto radica el segundo motivo de la venida de Lula a Uruguay. Discutir con un país que ha resultado un poco «díscolo» dentro del Mercosur (o al menos fue calificado como el «enano rezongón» durante la presidencia de F. H. Cardoso), la posición del bloque y de cada país, ante EEUU. De más está aclarar que el Uruguay solicitó «permiso» ante el bloque para negociar unilateralmente con EEUU, y que Brasil no lo apoyó en esto.
En tercer lugar, está en cuestión la incorporación de otros miembros al bloque, como socios plenos. Para Brasil, el Mercosur es una base aún pequeña, y la incorporación de otros socios, como Bolivia, ha formado siempre parte de su estrategia con relación al proceso de integración. Esta negociación implica el reconocimiento de las asimetrías entre países, como paso insoslayable. En este sentido cabe recordar que en la XXXII Cumbre de Presidentes del Mercosur de enero pasado, se querían acordar condiciones especiales de comercio para los países menores, como bajas tributarias y más concesiones para los componentes de origen extrarregional. Brasil apoyaba estas iniciativas, pero el veto argentino impidió llevar adelante estos acuerdos.
En cuarto lugar, hay una nutrida agenda de objetivos que hacen al Mercosur: la construcción de un gasoducto entre Venezuela y Brasil, y entre Bolivia y Argentina, la puesta en marcha de un fondo de compensaciones a favor de Uruguay y Paraguay, la creación del Banco del Sur, entre otras.
En contrapartida, es notorio el malestar que existe en Uruguay en relación a Brasil, impulsado entre otras cosas, por la notoria negativa del mismo a interceder en el conflicto por las plantas de celulosa.
Sin embargo, no debe escapar a la percepción de quienes siguen el tema de las relaciones bilaterales de Brasil con Uruguay, que la disposición al diálogo de Brasil con Uruguay es consistente. Dado que no somos Chile, exactamente porque no estamos entre la cordillera y el mar sino entre Argentina y Brasil, no tenemos más remedio que entendernos con unos y otros. O, si prima el desentendimiento con uno de nuestros socios «naturales» (Argentina), debemos inevitablemente entendernos con el otro (Brasil). Cabe recordar, además, que Brasil es un socio comercial tan importante para nuestro país como lo es Estados Unidos. Más allá de los reclamos justos de los uruguayos con respecto al tratamiento que reciben en el bloque, lo cierto es que Brasil sigue siendo una referencia ineludible para Uruguay.
Pero además, tenemos una situación de relativo privilegio respecto a Brasil, que no la tienen muchos de los otros países que comparten fronteras y vínculos comerciales con él. En primer lugar, porque Brasil tiene un gobierno de izquierda, y los vínculos entre el PT y el FA son de larga data, y posiblemente los lazos partidarios más próximos que el FA como partido tiene con sus análogos en la región. En segundo lugar, porque para Brasil el Mercosur sigue siendo un referente político ineludible, y va a tratar de que funcione y se consolide.
Uruguay, para emplear una expresión brasilera, debe «tirar proveito» de esta iniciativa. El futuro de Brasil, y sus decisiones económicas y políticas gravitarán decisivamente sobre América Latina. Más acá o más allá de que Brasil quiera asumir los costos que implica tener un rol de liderazgo en la región, lo cierto es que el futuro de América Latina pasa en buena medida por el futuro brasileño. Es el único país de la región que tiene un proyecto de industrialización relativamente autónomo. De algún modo, Brasil también es un «tren» que está pasando frente a nosotros, y del que deberíamos tratar de engancharnos. Para buena parte de quienes apoyaron entusiastamente el Mercosur, la idea no era la de tener acceso a un mercado mayor, sino buscar mecanismos de complementación productiva con Brasil que ayudaran a impulsar nuestro propio proyecto de crecimiento. Más allá de la búsqueda de mercados para nuestros productos, lo cierto es que el Uruguay tiene que mejorar su infraestructura física y energética, su capacidad industrial, su mercado de capitales, y sus condiciones de inversión. Y en esto, Brasil puede desempeñar un rol importante. Esta estrategia fue seguida por muchos de los países pequeños en el mundo, que se «engancharon» regionalmente de economías mayores para potenciar su dinámica de crecimiento. Pero además, no debe escapársenos la idea de que el proyecto de integración «Sur-Sur» y la defensa del Mercosur, generan una gran oposición dentro de Brasil. Este proyecto está siendo básicamente liderado por el PT y sus aliados, y por Lula en particular. Posiciones a favor de que Brasil se «corte solo» y negocie de igual a igual en el club de los grandes, existieron en Brasil y siempre existirán. Y no son posiciones que lleven adelante sólo los partidos de oposición, sino fuertes fracciones empresariales para las que el Mercosur tiene más costos que beneficios. Si el Uruguay contribuye, en la medida de sus capacidades, a reforzar la posición «latinoamericanista» y «tercermundista» de la política exterior brasileña, habrá también colaborado a que el proyecto de Lula no fracase. *
(*) Politóloga. Universidad de la República* La contratapa de los lunes fue escrita desde 1999 por Hugo Cores, todos los lectores sienten la ausencia de su pluma. Hemos solicitado a Constanza Moreira como homenaje a Hugo y por el valor de su aporte, ocupar este espacio.
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