Fue en el sótano de un café
El mejor «Día de los inocentes» de la historia debió ser el de 1895, cuando en París nacía, con una función de los hermanos Lumiére, la primera proyección cinematográfica. Fue la primera exhibición de películas legendarias, y se realizó «en el sótano de un café, oscuro y largo. De ahí que toda las salas sean así. Esa fue la primera función en que la gente pagó una entrada para ver una película», rememora Jellinek.
Seis meses después, el 18 de julio de 1996, una exhibición de cinematógrafo con ese mismo grupo de películas se llevó a cabo en Montevideo. Por eso, el cine fue el primer medio globalizador del mundo: «Más allá del idioma, el lenguaje del cine es universal».
Luego, la TV tomó ese lenguaje y sus criterios, «pero se convirtió en un fenómeno más parecido a la radio que al cine». Jellinek pone como ejemplo que las noticias que ocurren en lugares distantes, como Moscú, nunca interesan en la misma medida que las que suceden en la esquina de casa. «Te suena el teléfono, te levantás para comer, ves para el costado por más televisores de plasma, mientras te rodean los nenes y el perro. En el cine se pueden hacer tres cosas: mirar, dormir, o irse. Produce otro efecto: estás como dormido mientras estás despierto. Por eso sobrevive: la experiencia de ver cine en una pantalla de cine es insustituible». *
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