MILLONES DE PERSONAS FESTEJAN A LO GRANDE

Carnavales no eran los de antes

Las fiestas de carnaval provienen de las civilizaciones romana y germana. La palabra podría tener su origen en el italiano «carne vale», que significa «adiós carne», en alusión a la abstinencia de carne y sexo durante la cuaresma cristiana. Ello explicaría las ansias de desenfreno -verdadera esencia del Carnaval- antes de la larga despedida de los placeres que representaba la cuaresma.

Otra explicación rastrea los orígenes del término en el latín «currus navalis», en referencia a un barco con ruedas que se paseaba en las fiestas de primavera en Grecia, el imperio romano, los países teutónicos y los pueblos celtas. Sobre este carro se trasladaba el dios respectivo y se bailaban danzas promiscuas, acompañadas por canciones satíricas y obscenas. No fue otra cosa que la primera de las carrozas carnavaleras.

 

En Venecia

El Carnaval de Venecia es uno de los más antiguos, y ha adquirido un sabor especial al estar enmarcado en una ciudad mágica y misteriosa. Algunos afirman que se remonta al siglo XI, cuando Venecia era un enclave comercial y triunfaba en el Mediterráneo, pero no fue hasta doscientos años más tarde cuando se lo declaró festividad pública.

En esta celebración se utilizan frecuentemente algunos acontecimientos históricos a modo de inspiración, como la derrota de los turcos por los venecianos en 1571, motivo de celebración por varias generaciones. Pero fue sólo en el siglo XVIII cuando el Carnaval de Venecia alcanzó su cúspide; era casi una obligación para los nobles europeos asistir a la fiesta.

Actualmente, muchos venecianos no disfrutan de la invasión de turistas que deciden formar parte de la fiesta, por lo que prefieren marcharse de la ciudad durante la temporada. Este año, y hasta el 24 de febrero, el tema central del Carnaval de la ciudad de las góndolas se denomina «Oriental Express: un viaje de máscaras a través de la ruta de la seda», en donde se pretende mostrar el espíritu de viajeros como Marco Polo.

 

Más cerca

En nuestro continente se destaca la fiesta de Rio de Janeiro, que cada año deslumbra con su brillo y color. Un poco más al Norte, en Barranquilla, Colombia, las celebraciones ­no muy conocidas en nuestro país­ son famosas por su colorido y alegría desbordantes. En la costa colombiana se mezclan las danzas africanas e indígenas, que confluyen en un espectro variado de estilos. Dentro del abigarrado espectáculo sobresalen la música, la picardía y la sátira.

El Carnaval de Barranquilla fue reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y es la fiesta más importante de la ciudad. Tiene su origen en las celebraciones españolas y se instauró hace más de un siglo, cuando Barranquilla no era más que una pequeña población.

Más lejos de Uruguay desde el punto de vista geográfico, pero más cerca en sus tradiciones se encuentra la española Cádiz. La ciudad andaluza es la abuela de nuestras murgas, y la estrecha relación entre ambos carnavales puede apreciarse, por ejemplo, en la existencia de una Araka la Kana gaditana (así, con «k»), que atestigua lo exitosas que han sido las giras de las murgas uruguayas.

Los orígenes de este Carnaval se remontan al siglo XVI, cuando la ciudad era uno de los puertos más importantes del imperio español. Allí llegaban personas de todas partes del mundo, incluyendo a la también marina Venecia, de donde se copiaron algunas tradiciones. La importante colonia de genoveses también aportó lo suyo.

Aunque algunos sectores intentaron varias veces suprimir esta fiesta popular ­entre ellos la Inquisición­ el Carnaval gaditano triunfó finalmente, hasta el punto de que no se suspendió ni siquiera ante el asedio del ejército de Napoleón, a comienzos del siglo XIX. Este año, los festejos se extenderán hasta el 25 de febrero.

 

Bien distinto

En la ciudad de Colonia, Alemania, los festejos son algo diferentes. Los disfraces hacen énfasis en lo ridículo y la sátira, más que en lo estético, como ocurre en el elegante carnaval veneciano o en el lujoso carioca. El frenesí de la fiesta provoca en sus asistentes una obsesión por el desenfreno; el objetivo es conseguir pareja y pasarla bien, tomar mucha cerveza y, en algunos casos, festejar hasta perder la conciencia. Nada ni nadie se toma en serio hasta luego del Miércoles de Ceniza. *

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