Noche de Tablado
El esquinero tablado estaba de «bote a bote», como decía aquella vecina sentada en un banquito de los que regalaba La Platense si comprabas más de 5 litros de pintura. El Carnaval recién había empezado y los vecinos andaban ansiosos por ver a los conjuntos. Allá por inicios de los años 40, el que subía primero para ir haciendo boca era un tradicional «máscara suelta». Un digno exponente fue Mustafá que recitaba sus poemas criticones y finalizaba con una infaltable evocación a los viejos barrios y sus bohemios personajes.
Comenzó a ser muy popular El Boyero, que recitaba sus glosas y luego participó en conjuntos como Mascarada. Cuando llegaban Los Fígaros Armónicos, el parodismo era un arte exquisito. Salían de Justicia y Pagola y en sus ensayos nunca faltó Roque Santucci que los bancaba y presidía la «comisión de honor» de adherentes.
La gente se tambaleaba en los tablones de tanto reírse cuando llegaban Tomás Cortés y Francisco Marotta.
Eran los integrantes de «Llo kiero dormihir khon Mama», dúo cómico y geniales imitadores de esa leyenda del viejo Carnaval. Los pasodobles y fox-troz de Los Negros Melódicos daban cadencia y movimiento hasta a los farolitos de colores que colgaban del tablado.
La burla y sátira hacia «Adolfito, bigotito de cartón» como llamaban a Hitler Los Humoristas del Betún, hacía a todos reflexionar sobre el horror del nazismo. La voz del animador decía muy fuerte: «Llega la decana de las murgas, Los Amantes al Engrudo» y las batutas de Pocho Méndez y Bermejo dirigían un potente coro.
Una exquisitez eran los cuadros internacionales de Los Zorros Negros, dirigidos por el talentoso Angel Alonso donde alternaban en perfecta armonía canciones rusas y candombes con pastelitos, vino y tambor. Del querido Barrio Sur es Armando Silva, director de Los Parodistas Del Chocolate que interpretaron por esa época un éxito titulado «la banda rítmica de Antón Pirulero».
Llega con las letras de Víctor Soliño y la música de Pasavento el conjunto «Shangai de mis Sueños» con el gran tenor Samuel Puchet, acompañado por Ruben Rodríguez y el bajo Esteban Maciel. La pequeña Aída tocaba el violoncello junto a ellos y la platea quedaba silenciosa para luego estallar en aplausos reconociendo el talento musical.
Si querías reírte sin parar, ahí estaban Los Jardineros de Harlem, donde el letrista conocido como El Pardo del Barrio-Reo agudizaba su ingenio y picardía. Las carcajadas también acompañaban la actuación de «Andá ke te kure Lola» donde con tarantelas y congas se reían de las costumbres montevideanas.
Del corazón de la Unión habían llegado sus tradicionales murgas.
Los Nuevos Saltimbanquis con el Pocho Brecia y las letras de Homero Martínez y el Coco D’Andraya. Muy querida fue también la murguita de Don Timoteo con Juan Ayusto y el popular Pito Belardi al lado del inquieto Ruben Madera.
Si esa noche actuaba Morenada, todos quedaban deslumbrados con los bailes creados por Salvador Picó para la Negra Johnson y el coro dirigido por González Prado.
Entre el público se ubicaba Juan Angel Silva para mejor controlar a su amada comparsa. Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE. *
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