¿Pequeño o grande?
A veces, grandes cosas que se hacen para dignificar la vida de los ciudadanos tienen una aparente pequeñez que impide, hasta que se las piensa con detenimiento, entenderlas y valorarlas. Ya lo he dicho, pero me importa repetirlo.
Casi finalizado el Plan de Emergencia setiembre próximo el Ministerio de Desarrollo Social ha dado detalles del programa de cooperativas sociales que dará trabajo a unas cinco mil personas. La idea es que gente sin empleo, y con escasas posibilidades de volver a la economía tradicional, resuelva su necesidad agrupándose en pequeñas unidades cooperativas para ofrecer producción o servicios. Aprobado cada proyecto tras una evaluación, se recibirá del Mides asesoramiento, respaldo para la obtención de los estatutos, control de funcionamiento y la conexión que sea necesaria con otras áreas estatales.
El cooperativismo no es una mera forma de salvar, en circunstancias dramáticas, a quienes están marginados económica o socialmente, es una solución integral porque también educa. De ahí que parezca importante sugerir que este programa sea más audaz: que no sólo espere los proyectos sino que los promueva, y que no sólo impulse cooperativas para la coyuntura sino que las aliente a alcanzar otros niveles de organización. No olvidemos que la cooperación fue una respuesta espontánea de la clase obrera contra los abusos del capitalismo. Las cooperativas no se hicieron ni se hacen para obtener ganancias; sí para que al trabajador no se le escabulla al otro día lo que recibió.
Puede haber, entonces, una oportunidad de ir más allá. De cortar grueso y profundo, aunque lleve tiempo.
Si el programa se queda en lo inmediato sus ideólogos correrán el riesgo de asemejarse al dueño de casa del cuento de Aniano, a quien, viéndolo un visitante soplarse las manos para calentárselas y soplar la sopa para enfriarla, le dijo airado: «No quiero tratos con gentes que tanto le soplan a lo frío como a lo caliente». *
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